El presente año 2018, que está a punto de acabarse, debía haber sido una continua conmemoración reivindicativa y de homenaje al pacifismo. Si siempre es momento de recordar la importancia de la paz, de esa paz perpetua que ya reclamaba Kant como ideal para una convivencia justa, este año se acumulaban aniversarios que podrían haber constituido los eslabones de una cadena solidaria, histórica, inundada de valores, recuerdos, memoria, pero sobre todo, de un espejo al que mirarse hoy, una crítica a nuestro presente y nuestro tiempo, a lo que estamos construyendo con esta loca y absurda espiral de confrontación, de insultos, de violencia, de extremismos.

Tenemos el suelo abonado de cerillas a punto de ser encendidas con un chispazo desgraciado, que iniciará el incendio. De momento, son conatos peligrosos, pero que se multiplican, y que cuando las desgracias sean irreversibles, ya no tendremos ni cordura ni tiempo para hacer marcha atrás.

Este año 2018 ha sido el centenario del nacimiento de Nelson Mandela, quien nos dijo que “nadie nace odiando”. También ha sido el 70 aniversario del fallecimiento de Gandhi, “no hay camino hacia la paz, la paz es el camino”, o el 50 aniversario del fallecimiento de Martin Luther King, un mes antes de mayo del 68, y que hasta el final mantuvo “su sueño”.

Así es como llegamos a diciembre para conmemorar, en voz muy bajita, el 70 aniversario de los Derechos Humanos. Una magnífica declaración universal, perfecta, que ha sido la guía que ha marcado el camino.

Esta semana, el instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia, con su director Javier de Lucas a la cabeza, ha realizado un congreso sobre este 70 aniversario. En él, ha participado Sami Naïr. Una lúcida, comprometida, reflexiva, reivindicativa y hondamente pesimista conferencia sobre la vigencia de los Derechos Humanos.

Como él reflexiona, no hay un MetaDerecho que permita regular la razón de Estado de los gobiernos y naciones que actúan y deciden desde el egoísmo más feroz. La universalidad legislativa no es posible mientras cada Estado mantenga su propia jurisdicción, y utilice el Derecho como arma arrojadiza.

Si Ulrich Beck decía que si la Unión Europea pidiera hoy el ingreso en la propia UE, no sería admitida, Sami Naïr recordaba que ha sido la propia Ángela Merkel quien ha reflexionado sobre que hoy no sería posible realizar la Declaración de Derechos Humanos.

Sin embargo, al mismo tiempo que llamaba a la reflexión sobre la crítica situación que vivimos, también advertía que los DDHH son una guía, un objetivo al que nunca se llega, que cuanto más se camina más se aleja, pero son la razón de nuestros pasos. Por eso, hay que unir las resistencias, defender esa Declaración como el primer día, exigir su cumplimiento y elevar la voz para que no quede en agua de borrajas, o lo que sería peor, pisoteada por algunos gobiernos, dirigentes, o grupos a los que les importa muy poco la dignidad de la vida humana.