Casi veinte años después de los ataques terroristas del 11 de septiembre y el comienzo de la intervención americana en Afganistán, Occidente no se puede permitir volver a la casilla de salida, abandonando el país en manos de los Talibanes después de haber fallecido un total de 3.595 soldados de la OTAN, con más de 1.148 soldados estadounidenses, más de 45.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas, más de 100000 civiles[1] y haber gastado 193 mil millones de dólares[2].

El 28 de febrero de 2020, el expresidente Donald Trump firmó los Acuerdos de Doha con los Talibanes con el objetivo de poner fin a las llamadas endless wars. EE. UU. se comprometió a retirar sus tropas de Afganistán con la condición de que los Talibanes rompiesen lazos con Al Qaeda y evitasen que el país se convirtiese en refugio de otros grupos terroristas. Además, se incluyó la puesta en marcha de conversaciones inter-afganas con el gobierno de Kabul[3], todo ello bajo la premisa del alto al fuego y el cese de la violencia de los Talibanes. No obstante, este acuerdo asimétrico se hizo sin la participación del gobierno afgano. Además, cabe pensar que habría sido más apropiado vincular la retirada de las tropas norteamericanas a la conclusión de las negociaciones inter-afganas, manteniendo vivos los incentivos para que los Talibanes negociasen de buena fe.

Tras varios intentos previos de negociación desde 2018, el 12 de septiembre de 2020 se consiguieron encauzar las conversaciones de paz inter-afganas entre los Talibanes y el gobierno de Kabul con el objetivo de crear una hoja de ruta para el futuro de Afganistán. Sin embargo, la deslegitimación talibán del gobierno local y la base jurídica sobre la que deben basarse las negociaciones -los Talibanes instan a la jurisprudencia musulmana sunita (Fiqh) de la escuela Hanafi-[4] son las principales dificultades de estas conversaciones. Una de las condiciones clave para la puesta en marcha de estas fue la concesión de libertad de soldados de ambas partes -5.000 milicianos Talibanes, muchos de ellos de altísima peligrosidad, y 1.000 integrantes de las fuerzas de seguridad afganas- [5]. No obstante, los Talibanes suspendieron las conversaciones en febrero 2021 hasta comprobar si la Administración de Biden mantendría el acuerdo firmado con Donald Trump.

En todo caso, el primer encuentro de ministros de la OTAN desde el cambio de presidencia de Estados Unidos, durante el 17 y 18 de febrero de 2020 se centró en el continuo aumento de grupos terroristas en la región, como Daesh, Al Qaeda y Talibanes. De hecho, como consecuencia del aumento de la presencia de Daesh en Iraq, así como los últimos ataques de milicias pro-iraníes contra posiciones occidentales en el país, la OTAN decidió ampliar su misión de formación apoyando al gobierno y a las fuerzas armadas iraquíes. Por el contrario, en lo que respecta a la situación de Afganistán, la OTAN se encuentra a la espera del pronunciamiento de Estados Unidos sobre su estrategia a seguir.

La Alianza Atlántica mantiene una posición ambivalente. Por un lado, asegura que la misión “Resolute Support”, con 12.000 efectivos procedentes de 36 países[6], 8.000 de ellos europeos, ha contribuido a mejorar la calidad de vida del país y ha sentado los cimientos de una posible estabilización política[7]. Por ello, Jens Stoltenberg, Secretario General de la OTAN, dijo que la Alianza hará todo lo posible por llegar a un acuerdo político afgano, promoviendo una revitalización del proceso de paz y evitando que las tropas occidentales se mantengan de forma indefinida en el territorio[8].

Por otro lado, la OTAN considera que la retirada debe estar supeditada a que se cumplan las condiciones adecuadas, siendo estas la reducción de la violencia de forma inminente y duradera, unas negociaciones inter-afganas de calidad con resultados, y un verdadero compromiso de los Talibanes sobre los temas acordados. Por eso, Jens Stoltenberg y muchos de los aliados consideran que es prematuro abandonar Afganistán en este momento[9], dado que las consecuencias podrían ser devastadoras para los afganos y los aliados occidentales.

Sin duda, después de dos décadas de presencia occidental en el país combatiendo a los Talibanes, adiestrando al ejército afgano y apoyando la reconciliación, Afganistán todavía tiene un largo camino que recorrer en todos los sectores, sobre todo en lo relativo a la estabilidad política y a la seguridad. Por eso, tomar una buena decisión sobre el futuro de las tropas occidentales en Afganistán es determinante. Debemos evitar escenarios similares a los de 2014, cuando en Irak Daesh se hizo con el control de una buena parte del país como consecuencia del fin de la misión americana y en Afganistán, cuando tras 13 años de presencia militar tanto la OTAN como EE. UU. retiraron sus tropas y este Estado pasó por su año más sangriento como consecuencia del empoderamiento talibán.

Dado el existente vacío de poder en ciertas zonas rurales, el apoyo al gobierno afgano se ha visto drásticamente reducido y, por tanto, la población local se ha resignado y se ha acabado dando un aumento en el sentimiento de aceptación social hacia los talibanes. Esto se debe a que, en su juego político, los adeptos a esta rama del fundamentalismo islámico tratan de convencer a la población de la incapacidad del gobierno central, al mismo tiempo que instala sus propios servicios administrativos en las zonas bajo su control[10], cubriendo así las necesidades de una población desamparada por el gobierno.

Al mismo tiempo, los Talibanes llevan meses asediando y aterrorizando ciudades estratégicas, como Kandahar, Helmand, Uruzgán, Kunduz y Baghlan. “Los ataques son casi cotidianos contra las fuerzas gubernamentales […] y su voluntad es controlar todo el país una vez las tropas americanas se retiren de nuestro territorio”, dice el vicepresidente afgano, Amrullah Saleh[11]. Igualmente, el ministro de Interior, Massoud Andarabl, manifestó ante su parlamento que “los Talibanes están preparando una guerra para el año 2021 [y] han recibido la orden de quedarse en Afganistán para preparar la ofensiva [de primavera]” [12]. En Kabul, abundan los atentados con bombas lapa contra periodistas, políticos, y activistas sociales.

Es evidente que, con la retirada de las tropas extranjeras, el país volvería a sumergirse en una guerra civil en la que los Talibanes llevan las de ganar, además del consiguiente colapso económico que esta situación generaría. Además, como consecuencia de la guerra y la hambruna, los grupos terroristas de Al Qaeda, los Talibanes e ISISK (franquicia de Estado Islámico en el subcontinente indio, también conocido como provincia de Khorasan) ganarían más influencia y aumentarían su reclutamiento; en especial los Talibanes, fomentando un mayor clima de violencia, muertes e incertidumbre, junto con la aplicación directa de una versión extremista de la ley islámica, la Sharía, que afecta directamente a las mujeres y niñas.

De la misma manera, la retirada de las tropas occidentales constituye asumir la derrota frente a los Talibanes y otros grupos terroristas, siendo estos una amenaza para la seguridad de la región, pero también para la seguridad de Europa y de EE. UU.

Por todo ello, hay expectación sobre las posibles alternativas a la retirada de tropas americanas en Afganistán. A primera vista parecía que la Administración Biden podría suponer un cambio de rumbo a la previa política exterior de la Administración Trump. Sin embargo, el 27 de febrero de 2021, el jefe de la diplomacia estadounidense, Anthony Blinken, envió una carta al presidente afgano, Ashraf Ghani, conminando de manera poco diplomática al gobierno y a los Talibanes a que acordasen un gobierno interino y un proceso de revisión de la Constitución. De paso, Blinken ha insinuado que el gobierno afgano, es en gran parte el responsable del bloqueo del diálogo de paz con los talibanes. En todo caso, los Talibanes se han mostrado escépticos sobre la propuesta del gobierno interno sobre los desafíos del país.

Además, los americanos proponen pedir a la ONU que convoque a los ministros de Exteriores y enviados especiales de Rusia, China, Pakistán, Irán, India y Estados Unidos, pero sin contar con la Unión Europea, para discutir un enfoque unificado en aras a conseguir la pacificación en Afganistán, y se solicita a Turquía la organización de la reunión. Según la carta, si el gobierno afgano finalmente no apoyara esta iniciativa, después de haberse negado públicamente a formar un gobierno de transición que incluya a los talibanes, Estados Unidos finalmente decidiría retirar sus tropas. En todo caso, Blinken reconoció antes sus colegas de la OTAN el 23 de marzo de 2021 que desde el punto de vista logístico, la retirada de las fuerzas americanas no puede tener lugar en ningún caso antes del 1 de mayo del mismo año.

Ciertamente, no es asumible ni para EE. UU. ni para Europa librar una batalla interminable en Afganistán. Por eso, no se debe abandonar el suelo afgano, pero sí plantear nuevos enfoques que nos permitan trabajar con el gobierno, reforzar y adiestrar al ejército y empoderar a las poblaciones locales con herramientas como consejos tribales.  Es el gobierno de Kabul el único que puede vencer en primera persona este enorme desafío, con el apoyo de Occidente.

También cabría reforzar la dimensión OTAN de la ecuación.

[1] Reality Check, Guerra de Afghanistán: ¿qué le ha costado el conflicto a Estados Unidos?, BBC News, 28 febrero 2020, disponible en línea:  https://www.bbc.com/news/world-47391821

[2] FY 2019 quarter 4 Cost of war Update as of September 30, 2019, Pentagon, disponible en línea: https://fas.org/man/eprint/cow/fy2019q4.pdf

[3] “Documento de Acuerdo de Paz EE. UU.-talibanes”, Washington Post, 26 febrero 2020, disponible en línea: https://www.washingtonpost.com/context/u-s-taliban-peace-deal/7aab0f58-dd5c-430d-9557-

[4] Farzem, R. ¿Cuál es el estado actual de las negociaciones de paz entre el gobierno afgano y los talibanes?, Agencia Anadolu, octubre 2020, disponible en línea: https://www.aa.com.tr/es/análisis/-cuál-es-el-estado-actual-de-las-negociaciones-de-paz-entre-el-gobierno-afgano-y-los-talibanes/1991495

[5] Espinosa. A. EE. UU. firma un acuerdo con los talibanes para sacar sus tropas de Afganistán antes de 14 meses, El Pais, marzo 2020, disponible en línea: https://elpais.com/internacional/2020/02/29/actualidad/1582982465_086664.html

[6] OTAN/NATO, NATO and Afghanistan, 13 octubre 2020, disponible en línea: https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_8189.htm#:%7E:text=As%20of%20August%202020%2C%20RSM,and%20Laghman%20in%20the%20east

[7] De Miguel, B., La OTAN ampliará sus efectivos en Irak e intenta evitar que EE. UU. desencadena la retirada de Afganistán, El País, 18 febrero 2021, disponible en línea: https://elpais.com/internacional/2021-02-18/la-otan-ampliara-sus-efectivos-en-irak-e-intenta-evitar-que-ee-uu-desencadene-la-retirada-de-afganistan.html

[8] Follouru, J. (Íbid)

[9] De Miguel, B., La OTAN ampliará sus efectivos en Irak e intenta evitar que EE. UU. desencadena la retirada de Afganistán, El País, 18 febrero 2021, disponible en línea: https://elpais.com/internacional/2021-02-18/la-otan-ampliara-sus-efectivos-en-irak-e-intenta-evitar-que-ee-uu-desencadene-la-retirada-de-afganistan.html

[10] Gibbons-Neff, T & Shah, T; Afganistán al borde del abismo: los talibanes rodean las ciudades, The New York times, 16 febrero 2021, disponible en línea: https://www.nytimes.com/es/2021/02/16/espanol/talibanes-afganistan.html

[11] Foullourd, J. Le processus de paix afghana en danger, Le Monde, 8 enero 2021, disponible en línea: https://www.lemonde.fr/international/article/2021/01/06/le-processus-de-paix-afghan-en-danger-face-a-la-pression-des-talibans_6065370_3210.html

[12] Foullourd, J. Le processus de paix afghana en danger, Le Monde, 8 enero 2021, disponible en línea: