Siguiendo la rabiosa actualidad en España, el tema de la emergencia climática aparece de manera constante en los medios de comunicación, discursos políticos y conversaciones diarias con motivo de la Cumbre COP25 que se celebra en Madrid del 2 al 13 diciembre 2019. Pero ¿cuál es su origen y cuál es su definición?

El origen documentado del concepto “emergencia climática”, data del 6 de diciembre 2016, cuando el consejo de la ciudad de Darebin (Victoria, Australia) aprobó por unanimidad declarar el estado de emergencia climática. Posteriormente, el 21 de agosto 2017, se aprobó el plan de emergencia climática.  

Dejando su origen y centrándonos en su definición canónica, la emergencia climática es un estado a través de una medida científica adoptada por entidades, ciudades y universidades como respuesta al cambio climático. Es, por tanto, una parte del cambio climático como acción propuesta por varios grupos medioambientales y ecologistas canalizados principalmente a través de la joven activista Greta Thunberg, en base a estudios científicos con datos contrastados.

Por otro lado, el cambio climático es una consecuencia del calentamiento global (aumento de la temperatura del planeta), provocado por el efecto invernadero y pérdida de biodiversidad. El efecto invernadero es, en términos simples, el fenómeno por el que la radiación solar recibida en la Tierra no puede volver al espacio. Y la pérdida de biodiversidad se refiere a la disminución o desaparición de la diversidad biológica de la fauna y flora del planeta. Por ello, si este calentamiento global se aproxima a una tasa anual de crecimiento del 1,5%, es cuando podemos hablar del término emergencia climática, como sucede en el momento actual.

¿Entonces, qué podemos hacer? ¿O más bien, qué debemos hacer ahora? ¿O, es demasiado tarde hacer algo? ¿O, aceptar la idea que el cambio climático siempre existía desde el origen del planeta y este es un cambio más, solo afectado “un poco” por el hombre? ¿O, asumir la idea del “vaso medio lleno o medio vacío”? ¿O, simplemente explicar las teorías, las prácticas, los optimismos/pesimismos que siempre aplicamos en tiempos de cualquier tipo de crisis?

Esta vez y según todos los indicios científicos, parece que la crisis climática es muy diferente a lo que hemos visto hasta ahora, vivido, sentido, respirado, saboreado como humano racional. Esta vez, no hay “peros”…. Esta vez, hemos fracasado a lo grande.

El actual cambio climático y el de las próximas décadas no va a afectar de manera igual en diferentes partes del mundo, sin embargo todos vamos a sufrirlo, de una y otra manera. Por eso,  debemos actuar todos los humanos de este planeta para que no se convierta en el fin de la humanidad y en un desastre del planeta que se llama Tierra. Realmente este “proyecto” de salvar planeta, o más bien salvarnos a nosotros mismos, es algo único en el que todas las 7,2 billones de personas de la Tierra debemos estar de acuerdo por una única causa, sin diferencias de razas, colores de ojos, lenguas, religiones, opiniones políticas, creencias ideológicas, nihilismo, consumismo, etc.

Debemos buscar más respuestas que preguntas sobre emergencia climática, y no solo preguntarnos quien es culpable y porque está ocurriendo. La palabra clave para este “proyecto común” es ACCIÓN, como un Plan Marshall aplicado al clima, que permita un planeta Tierra habitable para todos los seres vivos, desde los organismos más microscópicos del Amazonas hasta los osos polares en Canadá, pasando por los seres humanos, de manera sostenible y  respetando los ciclos de vida de la Tierra y su hábitat.

¿Entonces qué tipo de acciones podemos y/o debemos hacer? En primer lugar, acciones de mitigación: prohibición y reducción. La prohibición es más bien para las grandes industrias y empresas que con sus actividades han afectado al cambio climático. Por ejemplo la prohibición de venta de coches diésel o gasolina a partir de 2030, la prohibición de calderas de petróleo y gas, la prohibición de objetos de plástico de un solo uso, la prohibición de las nuevas prospecciones de hidrocarburos y del “fracking”, el cierre progresivo de las centrales nucleares al cumplir los 40 años de vida útil, etc. En resumidas cuentas, las palabras clave serían: “NO MÁS, y hasta una fecha concreta debemos TERMINAR DE USAR ciertas actividades”. Por reducción entendemos principalmente, acciones legislativas aplicables para que no aumenten más del 40% para 2030, los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O), metano (CH4), clorofluorcarbono (CFC), ozono (O3) y hexafloruro de azufre (SF6) con respecto a los valores de 1990. En este caso, las palabras clave serían: “MENOS Y MENOS”.

Otras acciones, serían medidas de adaptación, esto es, ajustes a la emergencia climática en sectores vulnerables como la pesca y la agricultura, y aplicar nuevas medidas para prohibir eliminar, reducir y disminuir. Como ejemplos podríamos mencionar los siguientes: garantizar que las infraestructuras que deben protegernos de los desastres naturales causadas por el cambio climático sean más resistentes, promover el uso de los seguros contra catástrofes tanto naturales como antropogénicas, fomentar universidades a distancia, etc. Aquí, las palabras clave serían: “NO HAY OTRA OPCIÓN”.

Las siguientes actividades serían acciones punitivas basadas en el principio “quien contamina, paga”: por ejemplo, en Alemania el precio de la gasolina y el gasóleo se incrementará en unos tres céntimos por litro y, en una segunda fase, en 2026, de nueve a 15 céntimos por litro. Asimismo, en Alemania el impuesto sobre el tráfico aéreo se incrementará un 5% en el 1 de enero de 2020. En Irlanda en el 2002 se ha introducido por primera vez un impuesto sobre el uso de bolsas de plástico, obteniendo una reducción de 90% el uso de bolsas de plástico, etc. Las palabras clave, en este sentido, serían: “SI SIGUES IGUAL, PAGAS”.

Otras acciones que se pueden implementar, serían acciones de financiación,  “subvencionando” a  personas, instituciones, empresas e industrias que contaminan menos y producen actividades sostenibles, tales como ejercen en Alemania con la bajada del IVA de los billetes de tren de larga distancia del 19% al 7%; o el Gobierno Finlandés introduciendo el sistema de reembolso de depósitos de botellas de plástico, con importes de depósito que oscilaron entre 0,10 y 0,40 euros por contenedor, las tasas de devolución de los envases de un solo uso alcanzando un máximo del 95 % en 2015. De hecho, este sistema en Finlandia se aplica también para las botellas de vidrio. Por su parte,  la UE tiene diferentes programas de subvenciones para la conservación de hábitats naturales, fauna silvestre y flora de interés europeo, con 633 millones de euros para el periodo 2018-2020. Las palabras clave serían, en esta ocasión: “GRACIAS POR HACER, AQUÍ TIENES LA RECOMPENSA”.

Y por último,  acciones comportamentales que debemos realizar cada persona a nivel individual, sin ninguna penalización o subvención, simplemente por razones de supervivencia del mismo ser humano y su hábitat. En  efecto,  los siguientes ejemplos no sólo corresponden con una lista de actividades, sino como inercias para crear rutinas diarias: emplear las 3R (reducir, reciclar, reusar), compra de proximidad de productos alimentarios locales, ser minimalista en todo, ser vegetarianos, ser voluntarios en actividades de protección y conservación de  la Tierra, montar en bicicleta, tomar una ducha rápida y no un baño tranquilo, concienciar a los jóvenes de la importancia de cuidar nuestro entorno, beber  agua del grifo o filtrada y  no embotellada, no encender la calefacción central y ponerse un jersey en caso de poco frío, y otras miles de simples actividades que se nos puedan ocurrir. Las palabras claves se resumirían en: “HAZ: ES TU VIDA”.

En suma, hemos pasado de una alerta (posibilidad), a una alarma (alta probabilidad), llegando a una emergencia climática (carácter inminente), donde la intervención del Estado debe liderar las acciones de choque contra el cambio climático, desde las tesis progresistas para una era poscarbono. Un Green New Deal que potencie una economía y sociedad “verde”, sostenible para todos y todas las personas del planeta. En otras palabras, un plan de vida: “YO y MI PLANETA, NOSOTROS Y NUESTRO PLANETA”.