Si uno repasa las encuestas previas a las elecciones a la Comunidad de Madrid, ninguna preveía la bajada tan acusada del PSOE, ni el retroceso tan generalizado de la izquierda. El promedio de las encuestas más importantes, publicado por El País el 27 de abril, tan solo se aproximó a los resultados de Vox (9,2% frente al 9,1% realmente obtenido el día 4 de mayo), de Unidas Podemos (7,1 frente al 7,2) y de Ciudadanos (4,0 frente al 3,6). Subestimó bastante el del PP (41,0 frente al 44,7) y el de Más Madrid (14,1 frente al 17,0) y sobrestimó aún más el del PSOE (23,0 frente al 16,9). El equilibrio izquierda-derecha era, en 2019, del 47,6%-50,6% y ahora ha pasado a ser del 41,1%-57,4%, incluyendo en la derecha el voto perdido a Ciudadanos. Es decir, entre un 6% y un 7% de los votantes —casi en su totalidad del PSOE— ha cambiado de bando, desde la izquierda a la derecha, en 2021 con respecto a 2019. ¿Qué ha pasado?

El recurso fácil es decir que los ciudadanos se han equivocado y que se han dejado manipular. Dadas las peculiares características de la ganadora y de su gestión —ampliamente comentadas en este mismo espacio— puede resultar incomprensible el voto tan masivo hacia ella. Pero, los seres humanos no actuamos solo guiados por la razón, sino que somos también una mezcla de emociones, en la cual tienen su peso el miedo, el cansancio, el rechazo visceral a ciertas opciones y hasta el gusto por el espectáculo. La misión de la izquierda es contar con todo ello y saber hacer frente a la manipulación de las emociones que, elección tras elección, suele realizar la derecha.

Sin pretensión de ser exhaustivo, ni siquiera de tener la razón en todas las causas que apunto, aquí van un conjunto de reflexiones sobre lo que, en mi opinión, se ha hecho mal o no se ha hecho en estas elecciones por parte de la izquierda:

Desde el primer momento, Ayuso planteó una campaña emocional —comunismo o libertad— y la mayor parte de izquierda se dejó atrapar en ella tras el famoso debate de la SER —fascismo o democracia, dijimos—. Ha quedado claro que, en amplificar y exacerbar las emociones, la derecha es mucho más diestra.

El terreno en el que la izquierda puede convencer es el de la gestión —tanto en la faceta de críticas al adversario, como en la de propuestas propias— y este fue abandonado en la última semana de campaña.

La izquierda infravaloró y no combatió eficazmente la identificación hecha por Ayuso de la “libertad” con el deseo de muchos madrileños, tras las muchas restricciones impuestas por la pandemia, de volver a una vida social y económica sin ellas.

El fenómeno Ayuso —a mitad de camino entre una posición política extrema sin matices y el espectáculo mediático— no ha podido ser digerido por la izquierda. Esta debe aprender a enfrentarse eficazmente a las provocaciones populistas y al mismo tiempo impedir que estas ocupen toda la agenda. Los cuadros políticos necesitarían tal vez un entrenamiento específico sobre ello a cargo de expertos en comunicación.

La irrupción en la campaña de Pablo Iglesias y su discurso más propio de los años 30 del siglo XX ha centrifugado el voto de izquierda moderado hacia la derecha. El PSOE ha infravalorado el rechazo que despierta este dirigente en la zona central del espectro político.

El PSOE cambió varias veces de caballo durante la campaña. Comenzó tratando de atraerse el voto de Ciudadanos y terminó pidiendo a Iglesias “ganar juntos las elecciones”. Ese giro final expulsó a muchos votantes moderados.

La izquierda nunca debe eludir el debate fiscal, ni renunciar a hacer pedagogía en este terreno —como, sin complejos, está haciendo ahora mismo Joe Biden—. Sus votantes naturales pueden desencantarse si la ven acomodaticia con el discurso de la derecha.

Finalmente, quizás contribuya a entender lo que ha pasado ponerse en la piel de uno de esos votantes que han pasado a votar a la derecha. ¿Que opciones tenía?:

  1. Apoyar a Ciudadanos con la casi certeza de perder su voto
  2. Apoyar a Ángel Gabilondo y adquirir como regalo en el gobierno la presencia de Pablo Iglesias y su discurso guerracivilista
  3. Apoyar al PP a pesar de sentir un rechazo por el perfil de la candidata

Ha quedado claro que un gran número de ellos se ha decantado por la tercera alternativa, pero también es evidente que sus opciones eran todas malas.