Entre los gritos de triunfo de la derecha y la decepción de algunas izquierdas (incluso Iglesias Turrión dice que abandona la política), el análisis de los resultados de las elecciones autonómicas madrileñas está saliendo de la frialdad que exigen las Ciencias Sociales para introducirse en el campo de las emociones políticas. Vamos a intentar examinar con frialdad algunos de los puntos más relevantes que explican estas elecciones.

En primer lugar, es muy preocupante el gran dominio de la derecha sobre la izquierda en toda la Comunidad. Que en las elecciones de 2021 los tres partidos de la izquierda alcancen sólo el 40’90 % del voto cuando hace dos años, en mayo de 2019, alcanzaron el 47’59 % del voto es, más allá de las pérdidas de los partidos concretos, un dato muy preocupante. Además de las notables pérdidas del PSOE (de las que luego hablaremos), lo cierto es que Mas Madrid sólo ha crecido 2’05 % y Unidas-Podemos solamente ha crecido un 1’61 %, lo que quiere decir, que un 6’69 % de los electores madrileños que en 2019 votó a la izquierda ahora se ha pasado a los partidos de la derecha. Es un número excesivo de votos que denota un movimiento sociológico profundo atribuible, a mi entender, a dos causas. Por un lado, estos antiguos votantes de la izquierda se están beneficiando de las políticas del Gobierno del Presidente Sánchez, políticas que han roto con la austeridad del Gobierno de Mariano Rajoy, pero tras retornar a una cierta prosperidad se han inclinado por la política de ruptura de las restricciones que ha propugnado el Gobierno autonómico de Madrid. Han preferido los riesgos del Covid-19, aunque provoquen contagios y muerte, a las restricciones sociales que aconsejaba el Gobierno de la Nación. Por eso se han lanzado en masa a votar a quien les va a permitir sentarse en una terraza y tomar una caña con boquerones en vinagre. Ha sido el triunfo de la irresponsabilidad sanitaria que ha cegado a mucho votante. En definitiva han preferido creer que Díaz Ayuso ofrecía libertad y Gabilondo limitaciones, cuando lo único que ofrecía Díaz Ayuso era libertad para contagiarse y libertad para enriquecer a la hostelería madrileña.

Así se explica que la derrota del PSOE no haya ido acompañada, como hemos visto, de un ascenso de Mas Madrid y de Unidas Podemos. El ascenso de estos dos partidos ha sido mínimo, porque en estas elecciones no se han criticado actuaciones de la izquierda (Mas Madrid ni siquiera gobierna), sino que se ha sometido, casi a referéndum, la gran mentira de Díaz Ayuso (Libertad versus Socialismo y Comunismo) y hay que reconocer que mucho antiguo elector ha entrado en esa trampa. Todo ello acompañado del gran fracaso de Ciudadanos, que nunca ha sido un partido de centro, sino un partido de derechas formado por un grupo de inexpertos que querían, nada menos, arrebatar su puesto al Partido Popular: ante el cantado fracaso muchos miles de votantes de derechas han preferido retornar al partido ganador y eso explica en parte el ascenso del Partido Popular

¿Supone este 6’69 % de pérdida de voto de la izquierda un retroceso definitivo para la izquierda? Antes de responder conviene recordar que la Comunidad de Madrid ha ido reforzando desde 1995 una opinión pública de derechas y ese reforzamiento ha dado lugar a una ideología conservadora que va calando, no sólo en los tradicionales barrios conservadores de Madrid, sino en  todos los Distritos de la ciudad y en los Municipios colindantes que eran el antiguo cinturón de izquierda. Son muchos años de expedir ideología conservadora para que no acabe calando en el ciudadano. Esa ideología está a disposición de los madrileños que la pueden asumir muy fácilmente y basta que Díaz Ayuso lance una campaña por la Libertad, que es la libertad de contagiarse mientras uno se toma el vermut, para que el madrileño vuelva sus ojos a esa heroína de la Libertad.

Esa ideología conformada a lo largo de veintiséis años, hace que muchos madrileños olviden las listas de espera, el retroceso de la enseñanza pública, los muertos en las residencias de mayores, el escándalo del Hospital Isabel Zendal, el intento de privatizar en las empresas la dispensación de las vacunas, etc. La derecha y el poder económico sabían muy bien lo que hacían cuando robaron la Presidencia de la Comunidad a Rafael Simancas.

Por concluir esta primera reflexión, tengamos en cuenta que gracias al Gobierno de derechas en la Comunidad de Madrid se da una plena hegemonía ideológica de la derecha, hegemonía que se acrecienta en una campaña electoral en la que los candidatos conservadores venden mercancías averiadas (la Libertad) que compran electores ya muy trabajados por la ideología conservadora. Es, como escribí recientemente en esta misma sección, un trumpismo castizo que cala como caló en Estados Unidos. Por eso la izquierda tiene que pensar en recuperar la hegemonía ideológica, con un trabajo muy intenso de difusión de los valores tradicionales de la izquierda… sin asustar a tanto votante de extracción popular al que han hecho creer que es rico.

La segunda reflexión es la dificultad que está teniendo el PSOE para difundir su mensaje y su imagen en Madrid. Nos asombramos de que Mas Madrid haya rebasado ligeramente en votos al PSOE, pero eso ya pasó en el Ayuntamiento de Madrid en 2017. En realidad, de cara a las elecciones de 2023 habrá que preparar una candidatura muy potente que empiece a hacer campaña casi desde 2021. Y para eso es importante una labor parlamentaria de oposición que compita en dureza y en visibilidad con Mas Madrid a lo largo de los dos años que faltan. Y a partir de ahora, preparar el candidato para 2023, esté o no en la Asamblea.

Como Díaz Ayuso, cual nuevo Torra, basará toda su política en hacer oposición salvaje al Gobierno del Presidente Sánchez, será necesario hacer una pinza para que desde el Gobierno de la Nación y desde el PSOE madrileño se pueda desvelar ante el ciudadano la política vacía y poco favorable a los intereses de la mayoría de los madrileños del Gobierno autonómico. Es un problema de hegemonía ideológica, porque el antiguo criterio de la clase social ha saltado en pedazos en muchas sociedades, antes en Estados Unidos con Trump y ahora en la Comunidad de Madrid con Díaz Ayuso. Es todavía una incógnita saber si Vox obligará a Díaz Ayuso a implicarse en políticas de extrema derecha y si esa implicación será profunda o superficial, pero a poco que el Gobierno autonómico haga guiños a Vox el PSOE tiene un campo donde transmitir un mensaje firme a los madrileños.

La tercera reflexión es el extraño papel de Unidas Podemos y de Iglesias Turrión. A ver si va a dar la razón a cierta prensa de derechas que ya hace una semana especuló que toda su salida del Gobierno estaba motivada por un futuro contrato del grupo de Roures. Lo cierto es que la presencia de Iglesias Turrión no ha dado serenidad a una campaña ya muy tensionada por el Partido Popular y por Vox y un ejemplo de ello (y no es el único) es como reventó el debate de la SER. Ante los provocadores (y lo era Monasterio) no se huye con alharacas de dignidad, sino que uno se les enfrenta.

La cuarta y última reflexión es el hundimiento de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid. Esperemos que sea el comienzo de una partido sin sustancia ni ideología que sirvió de plataforma a electores de escasa formación política a los que se atrajo por una aparente modernidad y un falso centrismo. Ciudadanos ha sido un constante apoyo al Partido Popular (salvo brevemente en el Gobierno andaluz de Susana Díaz) que desperdició su éxito electoral en Cataluña y que llegó a explicar en la última campaña electoral madrileña que querían seguir gobernando con la misma Díaz Ayuso que les había expulsado con malas maneras del Gobierno. Esperemos que sea el comienzo del final de un partido vacío que no encuadraba a sus partidarios, sino que los confundía.

En definitiva, en términos de Gobierno, aquella operación que comenzó en la Región de Murcia ha tenido sólo dos efectos inmediatos. Que el Ayuntamiento de Murcia haya vuelto a la izquierda y que Ciudadanos haya sido expulsado (doblemente, por Díaz Ayuso y por los electores) del Gobierno regional de Madrid.