Sensibilidad y buen gusto son las características que describen a la perfección esta película de Zhang Yimou. Sin duda, referencia obligada para aquellos que aman la esencia del cine. Que no es otra que contar historias, a veces épicas pero también corrientes y comunes. Situaciones que todos hemos podido vivir, como en esta ocasión, el amor adolescente.

“Amor bajo el espino blanco” es un relato de amor trágico que escrito con lentitud y aplomo oriental, lleno de planos embelesadores y muy detallistas con los que se logra describir el enamoramiento de unos adolescentes con la complicidad de las miradas, de los gestos mínimos y de las dudas que se abren paso en la clandestinidad de su amor. Desde la inocencia y su mimo el director, con la ayuda magnífica de la pareja protagonista, logra rendirnos ante esta poesía audiovisual en estado puro.

En la China de la Revolución Cultural de los años 70, Jing (Zhou Dongyu) es una de tantas estudiantes enviadas al campo para su reeducación. En una pequeña aldea conocerá a Sun (Shawn Dou), y entre ambos surgirán casi inmediatamente atracciones que deberán reprimir forzosamente.

Es una adaptación de la novela de Ai Mi “Hawthorn tree forever” basada en un hecho real que supuso un enorme éxito de ventas en su país de origen.

El primer amor, siempre, es el más raro de todos y a veces el más satisfactorio. Y si encima se produce en un entorno forzosamente deprimente, con una nación fragmentada alrededor del origen de clase y sometidos al totalitarismo de un régimen autoritario. Todo, incluso el amor se hace más difícil. Pero a pesar, de ello, Yimou retrata un montón de sentimientos ingenuos y absolutamente limpios de egoísmos y perversiones. Para ello, opta por una narrativa sencilla y directa, dejándose llevar por la química que desprende su pareja principal, inocente y candorosa hasta lo imprevisible.

Con una impecable fotografía y una correcta banda sonora, logra una puesta en escena sobria pero de gran valor artístico.