La izquierda ha sufrido un severo revés en las recientes elecciones autonómicas de Andalucía. Al mismo tiempo, ha aparecido con fuerza, por primera vez en un parlamento autonómico, la extrema derecha. Desde la izquierda, a la vez que lamentamos este resultado, debemos hacer un análisis certero para diagnosticar lo que ha pasado, aprender de los posibles errores cometidos, y vislumbrar qué se puede hacer para disminuir las posibilidades de que vuelva a suceder en los procesos electorales que se avecinan.

En la izquierda, y en números redondos, el PSOE pierde 400.000 votos y Adelante Andalucía (AA) pierde 300.000. En la derecha, el PP pierde 300.000, a la vez que Ciudadanos (Cs) gana 300.000 votos y VOX gana 400.000. La abstención crece en 300.000 personas. Para simplificar el análisis del flujo de votos, la izquierda -englobando en ella a PSOE y AA- pierde 700.000 votos, la derecha -englobando en ella a Cs y PP- queda a la par, y la extrema derecha gana 400.000.

Podemos plantear dos hipótesis: la de que los tres bloques sean cámaras estancas, y la de máxima permeabilidad entre bloques. En la primera, los 700.000 votos de la izquierda habrían ido íntegros a la abstención, y de la abstención habrían salido 400.000 votos de personas que no votaron en las pasadas elecciones, y que lo han hecho ahora al comprobar las posibilidades de la extrema derecha. En ese caso, los 300.000 votos perdidos por el PP habrían pasado íntegramente a Cs. Hay evidencias en muchos municipios, tales como Rota en Cádiz y algunos de la provincia de Málaga, de que este tipo de trasvase se ha producido en alguna medida.

En la segunda hipótesis, de los 700.000 votos perdidos por la izquierda, 300.000 habrían ido a engrosar la abstención y otros 400.000 habrían pasado necesariamente a los otros dos bloques. En el supuesto de que  300.000 votos de VOX procedieran del bloque PP+Cs, habría que concluir que 100.000 votos han ido directamente desde la izquierda a la extrema derecha. Hay algún indicio de que esto último ha sucedido en algunos municipios que votaron por Izquierda Unida en 2015 y ahora lo han hecho por VOX. Otra posibilidad es que esos 400.000 votos hayan pasado al bloque PP+CS y otros 400.000 hayan pasado desde este bloque a VOX. Hay numerosos municipios que han pasado de mayoría PSOE a mayoría Cs (Oeste de Cádiz), y de mayoría PSOE a PP (interior de Granada y Jaén, capital almeriense). Los indicios de trasvases de votos desde el PP a VOX son muy numerosos, sobre todo en la provincia de Almería.

Lo más probable es que haya sucedido una combinación en distintas proporciones de las tres hipótesis enunciadas. Lo único evidente es que ha habido un corrimiento muy apreciable hacia la derecha del voto de los andaluces, cuyos dos bloques de la derecha han ganado 400.000 votos a costa del bloque de la izquierda, y que suponen nada menos que el 11% de quienes han ejercido su derecho al voto. Es, por tanto, muy necesario analizar por qué se ha producido este importante trasvase de votos.

Sin ánimo de agotar el análisis, que requerirá del esfuerzo de muchas personas seguramente más cualificadas que quien escribe, hay dos o tres explicaciones y enseñanzas que comienzan a emerger. En primer lugar, no es suficiente explicación aludir al desgaste de los treinta y seis años de gobiernos socialistas ininterrumpidos. Si esa fuera la única causa, habría emergido en las encuestas que se hicieron antes de la campaña electoral, y ninguna de ellas previó una bajada tan acusada del PSOE, ni tampoco de AA. Hemos de atribuir por tanto a dicha campaña una parte del giro del voto.

En la campaña andaluza, las tres derechas han agitado exhaustivamente el tema del independentismo catalán y han insistido cada día en la supuesta complacencia del gobierno nacional con los independentistas, y en su supuesta situación de deudores de los mismos con el fin de seguir en el poder. Y a juzgar por los resultados, debemos concluir que han tenido bastante éxito en esa estrategia. Desde la izquierda no se ha combatido suficientemente este discurso, que utiliza un tema de Estado, y además muy sensible, y una falacia (la supuesta complacencia del PSOE), para instalar un factor emocional negativo en los votantes.

El siguiente tema que han agitado, especialmente desde el PP y VOX, es el de la inmigración. También aquí han manipulado los sentimientos de los electores apelando al miedo a una inexistente invasión de millones de africanos y propugnando una política de dureza contra ellos. Los resultados de VOX han sido superiores al 20% precisamente en los municipios donde hay más inmigración, lo que demuestra que esta estrategia ha calado. Aquí la izquierda tiene que repensar su discurso, porque apelar solo a los sentimientos humanitarios hacia los inmigrantes no es suficiente para tranquilizar a los ciudadanos. Estos necesitan primero conocer los datos con precisión (número de llegadas anuales, salidas, devoluciones etc.), y después saber cuál es la estrategia a largo plazo ante esta situación, que no es exclusiva de España y que requiere políticas coordinadas, al menos al nivel de la UE. La izquierda tiene que dar certidumbres para disipar el miedo, que aunque no sea racional, es una reacción instintiva ante el extranjero, que ha existido en todos los tiempos.

Una última reflexión, que en este caso explicaría parte de la abstención de los votantes de izquierda, es que el cainismo entre las distintas izquierdas no beneficia a ninguna de ellas y solo propicia la desmovilización. El discurso de la lideresa de AA ha insistido desde el primer día en que el PSOE de Susana Díaz no era la izquierda, sino algo mucho peor que la derecha (el llamado “susanismo”), y que en ningún caso propiciaría un gobierno del PSOE aunque los números lo hubieran permitido. Es decir, anunciaba un bloqueo, o una repetición de elecciones, en el caso en que la izquierda sumara y la derecha no.

Las últimas declaraciones auguran que en cambio las derechas sí van a sumar, porque tanto el PP como Cs, a diferencia de que hacen sus homólogos europeos, parecen tener estómago suficiente para pactar con una extrema derecha xenófoba, transfóbica, machista y anticonstitucional. El ansia por ocupar el poder parece ser más fuerte que los principios democráticos. Estaremos atentos a los acontecimientos, pero si se confirmaran estos augurios, se abriría un escenario muy preocupante para nuestra joven democracia.