Este es el último artículo que aparecerá en esta revista digital antes del domingo 1 de octubre. Sobre ese día sabemos que no habrá un referéndum, pero no sabemos hasta qué grado los independentistas lo considerarán como celebrado (y además, con votación mayoritaria a favor del “Sí”). Al día de hoy tampoco sabemos cómo actuarán los Mozos de Escuadra y tampoco sabemos si, al amparo de un incierto éxito referendario, declararán la independencia de Cataluña el 2 o el 3 de octubre. Por no saber, tampoco sabemos si el Gobierno que preside Rajoy llegará a dar la cara y tomará alguna medida o seguirá escondiéndose detrás del Poder Judicial.

Se ha escrito tanto (yo mismo he escrito tanto) que creo que hoy basta con ofrecer al lector un breve compendio de la situación, que voy a presentar en diez puntos.

PRIMERO. Estamos ante un golpe de Estado. Estamos ante un golpe de Estado no militar, no violento (por ahora), que pretende sustituir la legalidad del Estado español por otra legalidad que emana de una legitimidad que ha creado artificialmente una minoría de catalanes. Si triunfara, el Estado democrático español, tal como lo conocemos, habría dejado de existir.

SEGUNDO. Estamos ante un autogolpe. Además de ser un golpe de Estado, es un golpe de Estado que han dado las mismas autoridades autonómicas catalanas. El Gobierno y la mayoría del Parlamento ostentan esa condición en virtud de la Constitución y del Estatuto de Autonomía pero al ocupar esa posición han dado un golpe para crear una nueva legalidad (véase Javier García Fernández: “El autogolpe independentista”, El País, 31 de agosto de 2017).

TERCERO. El Estado está legitimado para hacer frente al golpe de Estado. Los golpistas se quejan cada vez que el Estado da un tímido paso represivo y hablan incluso de estado de excepción. ¿Qué esperaban? Pero debemos decir que toda medida del Estado democrático para evitar la toma de una parte del territorio por una minoría rebelde es legítima. Sin equidistancias, sin peticiones a la mesura, porque, ¿qué mesura tienen los independentistas? ¿Es mesurado el Presidente Puigdemont, el Vicepresidente Junqueras, la Presidenta Forcadell? ¿Fueron mesurados los Grupos Parlamentarios de Junts pel Sí y de las CUP cuando impusieron dictatorialmente la aprobación de los inconstitucionales proyectos de ley del Referéndum de Autodeterminación y de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República? Repiten los equidistantes que la intervención del Juez en algunas sedes administrativas, con puntuales detenciones, ha hecho independentistas a quienes no lo eran pero, en primer lugar, la violencia que todo el mundo ha visto no prevenía de la Guardia Civil, que estuvo cercada. Y en segundo lugar, una medida mesurada como los registros en busca de las piezas del delito sólo puede repugnar a quien está mentalizado a favor del golpe de Estado. Habrá habido personas que se alegren de que, al final, haya una intervención represiva del Estado frente a muchos meses de provocaciones.

CUARTO. Ante la ruptura del Estado democrático no caben equidistancias. Podemos y sus aliados, en toda España, y Catalunya en Comú aparentan una posición equidistante. Pero no nos equivoquemos, son cómplices del golpe de Estado. Iglesias, Colau, Carmena trabajan a favor del golpe de Estado que rompería España. Que cada cual, incluido el Ministerio Fiscal, saque sus consecuencias y analice la conducta de Podemos y sus aliados.

QUINTO. Si el día 1 de octubre hay violencia, se deberá a los golpistas, no a quienes tienen que defender la legalidad democrática. Tanto Iglesias Turrión como el Consejero de Interior de Cataluña (y conspicuo independentista Forn) están anunciando que el día 1 de octubre habrá violencia y se adelantan a culpar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La violencia proviene de los delincuentes, no de quienes protegen la legalidad, como hemos visto en el cerco a las sedes administrativas la semana pasada.

SEXTO. ¿Hará algo el Gobierno de Rajoy? Tiene razón el Presidente Felipe González (y con él, otras muchas personas) al señalar que el Gobierno no se puede escudar en el Poder Judicial, sino que tiene que ponerse en primera fila frente al golpismo. Igual que se equivocó en noviembre de 2014, muchas personas temen que quizá vuelva a equivocarse y que hubiera sido necesario que el Estado adoptara medidas dirigidas a impedir desde el comienzo que se dieran pasos que pueden ser irreversibles (véase Javier García Fernández: “Responsabilidades por el referéndum”, El País, 12 de julio de 2017). Incluso hay quien tiene la sensación de que el pontevedrés Rajoy empieza a parecerse al coruñés Casares Quiroga, de quien se decía que al comentarle que los militares se habían levantado respondió “Pues yo me voy a acostar”. ¿Se irá a acostar Rajoy el día 1 de octubre?

SÉPTIMO. ¿Si es necesario, será tarde para aplicar el artículo 155 de la Constitución? Mucha gente cree que las previsiones del artículo 155 de la Constitución aseguran un procedimiento democrático, mesurado y participativo que hubiera dado un mensaje inequívoco a los golpistas. La duda es si, después del día 1 de octubre, no será necesario aplicarlo. A mi juicio, si el Parlamento proclama la independencia en presencia de Puigdemont y de su Gobierno, no sólo será necesario aplicar ese precepto constitucional sino, quizá, declarar el estado de excepción. Y en esa tesitura, ¿pueden seguir actuando con normalidad los partidos que han propiciado el golpe de Estado? Y que alguien se atreva a decir que esas medidas crean independentistas. Lo que crea independentistas es la pasividad del Estado que transmite el mensaje de que ni protege a sus ciudadanos.

OCTAVO. Frente al golpismo, hay que recuperar la hegemonía de quienes no quieren romper la unidad española. Si los independentistas han crecido tanto en Cataluña es por errores tácticos de Maragall, Montilla y Rajoy, por la labor estratégica de los Gobiernos de Pujol que a través de la compra de los medios de comunicación privados, de los medios públicos y de la enseñanza han creado una falsa conciencia nacional levantada en mentiras históricas y en deformaciones de la realidad actual. Para vencer al independentismo a medio plazo (si ellos no vencen antes) hay que dar la vuelta a la hegemonía que han impuesto a la sociedad. ¿Sabrán hacerlo de consuno el PP, PSOE-PSC y Ciudadanos?

NOVENO. Como Companys cayó prisionero de los anarquistas, Puigdemont está prisionero de las CUP. La flaqueza e ingenuidad de Companys hizo un daño enorme al régimen republicano. Puigdemont y los partidos de Junts pel Sí están prisioneros de los anarquistas de las CUP. ¿Se levantará la sociedad catalana ante esa nueva dictadura? La burguesía catalana que apoyó a Franco y a su régimen desde el primer día del golpe de Estado, ¿seguirá apoyando a los prisioneros de un partido antisistema?

 DÉCIMO. Es inevitable la reforma constitucional. Con urgencia hay que ofrecer un nuevo modelo territorial, modelo que quizá tenga que acentuar el bilateralismo de Cataluña. A medio plazo no servirá, porque en España ninguna Comunidad Autónoma quiere quedarse atrás, pero al menos calmará a quienes se creen especiales (otro mito que muchos han comprado) y hasta permitirá convocar un referéndum, que no será de autodeterminación.