Autor: Manuel Muela

LA EXCUSA DE LA MAYORÍA SILENCIOSA

Cada vez es más frecuente oír a los portavoces oficiales desdeñar las manifestaciones y protestas, contraponiendo a las mismas la actitud de la mayoría silenciosa. Es curioso cómo nos adentramos en el túnel del tiempo, si es que alguna vez hemos salido de él, reviviendo conceptos caducos y escasamente democráticos, para eludir la inepcia y el autoritarismo que hacen presa de la política española. Un concepto ideado por Nixon en los años 70, que tuvo acogida aquí, en las postrimerías del régimen de Franco, para justificar el inmovilismo y devaluar las iniciativas de cambios que, como siempre, surgían de las zonas más ilustradas o combativas de la sociedad. Ahora, también estamos en las postrimerías de otro régimen, y con motivo de los hechos de Cataluña, que no hay que separar de otras inquietudes y peticiones que se expresan en el conjunto de la nación, se recurre a lo mismo, signo inequívoco de rigidez y de carencia de un proyecto de Estado para el siglo XXI.

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LA DIADA Y EL PORVENIR DE ESPAÑA

Ni el anuncio de las mejoras macroeconómicas ni los esfuerzos por aparentar normalidad en la gobernación del país pueden encubrir el asunto de la independencia de dos regiones importantes de España. Tiene tal trascendencia, que oscurece todo lo demás, incluida la propia crisis económico-financiera que, probablemente, ha sido uno de los catalizadores de las apelaciones a la independencia. Creo que ésta crisis española y la debilidad extrema de un Estado sin proyecto han alentado las iniciativas nacionalistas, como la que acabamos de vivir en la Diada de Cataluña. ¿Oportunismo, mezquindad o afirmación nacional? Puede que un poco de todo haya contribuido a elaborar el cóctel con el que se nos obsequia en las postrimerías del verano de 2013, un año después de conmemorar sin demasiado entusiasmo el bicentenario de la Constitución de Cádiz, que constituyó la nación española sobre los principios de la libertad. Pero no se trata de hacer un ejercicio de melancolía; creo que lo que procede es acercarse a nuestra realidad política e institucional, para calibrar las posibilidades de encauzar el desafío, teniendo en cuenta además que estamos en Europa, continente con larga experiencia de nacionalismos y de construcción de Estados hasta ayer.

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LA AGONÍA INTERMINABLE DE NUESTRO SISTEMA FINANCIERO

La visita de la troika y los vaivenes especulativos de la Bolsa alrededor de la mayor de las entidades nacionalizadas, junto con la secuela de daños a preferentistas y pequeños accionistas, obligan a reflexionar sobre el estado agónico de nuestro sistema crediticio, cuando nos acercamos al sexto aniversario del estallido económico. Alguien dirá que por qué el sector crediticio iba a estar en situación diferente a la del resto del país. Y es verdad, pero solo en parte, porque si se hubieran puesto un poco de energía y de clarividencia en ordenar los problemas de las Cajas y Bancos españoles, el conjunto de la economía nacional no se habría desangrado hasta casi un punto de no retorno. El sabor amargo del tiempo perdido se acentúa al comprobar que seguimos instalados en las políticas ‘dèja Vu’ que pensábamos arrumbadas, visto su fracaso. El cuadro actual viene definido por la continuación de las exigencias de aumento de capital o provisiones sobre un sector en el que una parte de sus componentes dedican los esfuerzos y las reservas que les quedan a disimular sus males y otra parte significativa tiene un dueño, el Estado, que hace una utilización vergonzante de su propiedad sin decir ni media palabra sobre cómo la va a gestionar. Los unos y los otros, Estado incluido, engordan las cuentas de resultados de auditores, bancos de inversión, consultores, bufetes etc., que son los únicos que van consiguiendo un buen pasar. Todo menos preocuparse del negocio.

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HAY QUE HUIR DEL EURO

El entusiasmo, por no decir el entreguismo, de los sucesivos Gobiernos españoles con las políticas nacidas en Maastricht en 1992 y con todo lo relativo a la moneda única, se ha transformado en desgobierno y miseria, secuestrando el presente y el futuro en paz y prosperidad de varias naciones europeas y de España en particular, que es lo que nos interesa. A estas alturas ya sabemos cuál es el origen de gran parte de los problemas que vivimos y también constatamos que todos los mitos e iconografía construidos alrededor de la Unión Monetaria han caído. Todo aquello que se pensaba que no sucedería, sucede, y los arreglos o soluciones que se anuncian, no llegan. El discurso imperante es el de más castigo y resignación durante la espera, mientras los gobernantes se dedican a experimentar políticas depresivas, abusando de la paciencia y de la confianza de sus ciudadanos.

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CHIPRE Y LA EUROPA ALEMANA

Las decisiones adoptadas por el Eurogrupo sobre Chipre, impulsadas por Alemania y sus satélites, suponen un paso cualitativo adelante en los criterios sobre los que se sustentan las mal llamadas políticas de rescate: se quiebra la seguridad jurídica de los ahorradores y depositantes y se amenaza la estabilidad del propio Estado de Derecho. Desconozco el alcance de lo acordado, pero sí parece claro que los que todavía albergan esperanzas en el proyecto de la unificación europea tienen motivos para inquietarse. Porque, efectivamente, se han dado pasos en la dirección unificadora, pero no en el sentido que idearon los padres fundadores, De Gasperi, Monnet, Schuman y Adenauer, sino en otro, más tosco y prosaico, muy ligado a la historia de la Europa Continental: el intento de hegemonía y dominio por parte de una potencia sobre las demás, primero fue España, luego Francia y, desde finales del siglo XIX, Alemania.

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RESCATE BANCARIO: LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO

El quinquenio de la crisis española ha transcurrido con pesares para todos y ha inundado de pesimismo el ánimo de millones de españoles que desconocían la dimensión del drama político y económico, gestado durante los últimos quince años. Y uno de los actores de ese drama ha sido nuestro sistema financiero, convertido en agente esforzado de la burbuja crediticia y especulativa inflada con la moneda única, el euro. Su estallido ha dejado maltrechos a los Bancos y Cajas de Ahorros, facilitando la excusa para la desaparición de éstas, hasta el punto de haber solicitado un rescate específico, cuyas consecuencias vamos conociendo de la mano del Comisario Almunia, siempre presto a “defender” los intereses españoles. Se veía venir desde que se firmó el ominoso MOU, pero cabía la esperanza de que las autoridades españolas, y especialmente el jefe del Gobierno, pudieran enmendar su contenido, a la vista de los incumplimientos sobre la Unión Bancaria, que fue la zanahoria para pedir el rescate. No ha sido así y los españoles tenemos que cargar con una losa añadida que se nos impone, no para crear riqueza y seguridad, sino para liquidar una parte significativa, alrededor del 30%, del sistema financiero. Se ha producido un gran silencio, roto por algunos comentarios aislados, indicativos de la pesadumbre del país y del encefalograma plano de las instituciones, con el propio Parlamento a la cabeza. El Estado no puede seguir eludiendo sus responsabilidades como gestor de los recursos públicos comprometidos.

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OTOÑO DE SEÑUELOS: GALICIA, PAÍS VASCO…Y CATALUÑA

Durante décadas, la política española ha venido girando alrededor de los asuntos que preocupaban al establishment, convertido en oligarquía, con escasas concesiones a lo que preocupaba a la gente. Y eso funcionaba, porque había pan y circo abundante por mor de la burbuja especulativa. Pero, al desaparecer dramáticamente ese escenario virtual, los oligarcas, y quienes les jalean, tienen que rizar el rizo de su impostura y empiezan a inundarnos con señuelos para desviar la atención de la realidad. Después de las idas y venidas de las reformas, que no son tales, sino recortes de derechos a los débiles, se hace necesario distraer la atención con lo que les gusta, lo suyo: sus congresos, sus convenciones y, por supuesto, las elecciones con listas cerradas y bloqueadas para mantener la endogamia. Este otoño tocan las del País Vasco y Galicia y, aunque no estaban en el guión, las de Cataluña, cargadas de afanes independentistas. Un prólogo del nefando rescate de España.

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¿RESCATE O CAMBIO DE POLÍTICAS?

El ya famoso rescate de España se parece, cada vez más, al cuento de la buena pipa, aunque en la confusión sí es posible vislumbrar las posiciones domésticas y exteriores, para acercarnos a la realidad acelerada que vivimos: en nuestro país existe un grupo poderoso de gentes en el que se puede incluir al ministro de Economía que, sin disimulo, son fervientes partidarios de ir al rescate, o por lo menos lo han sido hasta que los vientos europeos, alemanes, indican un cambio de rumbo. La materialización de los acuerdos del Consejo Europeo del pasado mes de junio, que daban alas a los partidarios del rescate, están siendo puestos en duda por algunos socios de la UE: La última reunión del Eurogrupo en Chipre lo ha puesto de manifiesto. A ello se suma la declaración de Alemania, Austria y Finlandia sobre la capitalización bancaria y su supervisión única.

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AGONÍA BANCARIA, BANCO MALO Y DEJACIÓN PÚBLICA

Hace cinco años, en agosto de 2007, que empezaron los problemas y, entre ellos, aunque no fueron reconocidos, los del sistema financiero español. En este tiempo hemos asistido a su degradación progresiva, que hoy podemos calificar de agónica. Alguien dirá que por qué el sector crediticio iba a estar en situación diferente a la del resto del país. Y es verdad, pero solo en parte, porque si se hubiera puesto un poco de energía y de clarividencia en ordenar los problemas de las Cajas y Bancos españoles, el conjunto de la economía nacional no se habría desangrado hasta casi un punto de no retorno. El sabor amargo del tiempo perdido se acentúa al comprobar que seguimos instalados en las políticas ‘dèjavu’ que pensábamos arrumbadas visto su fracaso.

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DESPUÉS DEL RESCATE, ¿CUÁL ES EL PROYECTO?

Ya se ha producido el acuerdo sobre el rescate o ayuda financiera a España, que garantizamos todos los españoles, para tratar de resolver los problemas que aquejan a nuestro sistema crediticio. Algunos sostuvimos hace tiempo que tales problemas no podían ser atendidos con los recursos nacionales y era aconsejable recurrir a los mecanismos de apoyo de la Unión Monetaria Europea o del FMI. La verdad es que poca gente compartía tal opinión, empezando por los propios gobernantes, los anteriores y los actuales, que, hasta unos minutos antes del acuerdo, presumían de la capacidad financiera de España. Sin que tenga mayor trascendencia, este recordatorio nos indica que todavía seguimos instalados en la improvisación y que aún no se ha calibrado la trascendencia del paso que se acaba de dar, más allá de las proclamas públicas de los dirigentes políticos, del poder y de la oposición, plagadas de bastantes lugares comunes. Sin conocer los detalles del empréstito aprobado, que, en principio, hay que verlo de forma positiva, la pregunta que cabe hacerse es: ¿qué piensa hacer el Estado con la inversión de esos ingentes recursos en el sistema financiero español? La respuesta, cuando llegue, nos permitirá dar opiniones más ajustadas.

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