En las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre de 1992, en las que compitieron el veterano George H.W. Bush y el gobernador de Arkansas Bill Clinton, casi todo el mundo auguraba el triunfo del ex Director de la CIA y ex embajador en Moscú, George H.W. Bush, que aspiraba a su reelección después de un primer mandato jalonado por éxitos internacionales y un liderazgo consolidado.

De aquella campaña electoral se recuerda especialmente la frase clintoniana: “¡Es la economía, estúpido!”. El comentario ponía el acento en el asunto central que entonces suscitaba incertidumbres en la opinión pública.
Asunto que no fue suficientemente tenido en cuenta por el candidato republicano, y que al final determinó la derrota poco esperada de Bush padre.

Ahora también podríamos decir a ciertos líderes y partidos políticos poco sensibles a los datos sociales de la
realidad: “¡Es la opinión pública, estúpidos!”.

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