Nos encontramos en la segunda década del siglo XXI, y las palabras de Harriet Martineau, una de las pioneras de la sociología, siguen tan vigentes como en el año 1838, cuando en su obra Cómo observar la moral y las costumbres afirmó que “por muy profundas que sean las diferencias de opinión sobre el camino a seguir para lograr la perfección social, todas las personas que tienen la mente puesta en esta cuestión están de acuerdo en el objetivo final. Todo el mundo coincide en que, si todos los miembros de la raza humana pudieran vivir como hermanos, la sociedad se encontraría en el estado evolutivo más avanzado que pueda concebirse.”

En un mundo tan cambiante como el actual, y bajo la premisa de conseguir la perfección social, es decir, la libertad, la fraternidad y la igualdad efectiva de y entre todos los seres humanos, sería oportuno conseguir de una vez por todas que la humanidad pueda vivir como hermanos ante tanta incertidumbre y sufrimiento reinante.

Una meta colosal, bella y posible, que para ser lograda requiere de la participación constante, efectiva y activa de todos los seres humanos. Y concretarse en pequeños y continuos cambios que nos permitan lograr el objetivo.

Cada vez más ciudadanos hablan del futuro y de los cambios sociales y económicos que se van a producir en esta nueva era tecnológica-digital. Pero ¿Habrá muchos cambios, pocos o ningún cambio?

Cuando se pregunta a la población en España, un 68,9 por ciento cree que habrá muchos/bastantes cambios de aquí a diez años. Un 1,8 por ciento que regular, ni muchos ni pocos. Y un 25,3 por ciento, consideran que pocos cambios, ningún cambio o casi ningún cambio, según la encuesta sobre Tendencias Sociales (II) realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Entre las personas que creen que habrá en general cambios sociales y económicos, es decir, entre la mayoría de la población, un 47,2 por ciento creen que serán muy positivos/positivos. Un 25,7 por ciento, afirman que serán negativos. Un 6,3 por ciento, muy negativos. Un 13 por ciento, indiferentes. Para un 3,3 por ciento, en parte positivos y en parte negativos. Y, por último, un 4,2 por ciento, no sabe, duda.

Estos datos, que muestran que la mayoría de la población cree que habrá cambios sociales y económicos los próximos diez años, y que además serán positivos, tienen que ser aprovechados para generar un nuevo contrato social donde no se deje a nadie atrás, al ser conscientes que formamos parte de un todo que es la humanidad en su conjunto.

Para ello, uno de los caminos a recorrer es el del blindaje de unos derechos mínimos, en la vida cotidiana de todas las personas, para que su dignidad y desarrollo personal estén garantizados, y todos tengamos las mismas oportunidades, gobierne quien gobierne y esté la economía como esté.

Lo anterior, supone plantear una estrategia política de cambio de modelo. Hay que ser conscientes que, frente al fracaso del modelo neoliberal, solo cabe más democracia como vía para conseguir más igualdad. Y esa igualdad, que aparece en los textos constitucionales, debe pasar a formar parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, pudiendo ser exigible ante los tribunales.

Sí, es posible blindar derechos y cambiar el modelo político, económico y social. ¿Con qué fin? Aumentar la igualdad y el bienestar de todos los ciudadanos.

Hace más de una década, ya lo escribí. La codicia, y una sociedad donde cada vez hay más desigualdades, no es la solución, porque traerá como consecuencia más desigualdad y ruptura social. Trae como consecuencia que unos pocos sean los que cada vez acaparen más la riqueza, mientras la miseria, la pobreza y el hambre cada día afectan a más personas.

Hay que blindar los derechos. Pero para que pueda ser realidad este deseo, es necesario que exista una mayoría ciudadana que apoye este cambio. La población tiene que movilizarse. Cuando no hay elecciones, la movilización será social, institucional y en la calle. Si, también en la calle, porque, frente a lo que piensa el PP, los ciudadanos tienen derecho a participar en los asuntos públicos, como así estable nuestra Constitución. Y cuando lleguen las elecciones, llenando las urnas de votos que defiendan este objetivo.

Estamos ya en año electoral, y una pregunta que cada español tendría que hacerse es si merece la pena luchar por una nueva sociedad del bienestar y la participación. Si es así, abandona el silencio, acaba con tu pasividad y se protagonista de tu vida y del cambio. Porque como piensa la mayoría de la población, habrá cambio social y económico, pero no está escrito cual será.