El componente emocional siempre ha formado parte de la política en general y de las campañas electorales muy en particular. De hecho, algunos consideramos que se trata de un factor imprescindible. La política organiza la convivencia a partir de principios y de modelos de sociedad diversos, que cada día entran en conversación y en contraste. ¿Cómo no ha de haber emoción en la política?

Ahora bien, las campañas se pervierten y la política se degrada cuando todo es emoción, cuando solo es emoción y cuando, además, la emoción que se prende es siempre negativa. Y esto es lo que la derecha política y mediática llevan practicando en Madrid desde hace años.

La campaña de la derecha y la ultraderecha en Madrid, que tratan de irradiar a toda España, consiste exclusivamente en odiar. Cuando se acercan las elecciones, movilizan a sus electores odiando. Cuando hay riesgo de dispersión del voto, aglutinan a sus electores odiando. Cuando la mala gestión les sitúa en un bache de descrédito, reactivan a sus electores odiando.

¿Qué odian? La panoplia es simple, limitada, y se resume hoy en torno a la figura de Pedro Sánchez. ¿Porque Pedro Sánchez posea caracteres que le hagan objeto especial de odio? No. De hecho, antes odiaron a Felipe González y a José Luis Rodríguez Zapatero con idéntica fruición y entusiasmo.

Odian el socialismo y el comunismo. Odian a los izquierdistas y a los progres. Odian las mezclas y los mestizajes. Odian las coaliciones y a los coaligados. Odian a las feministas y a los ecologistas. Odian a los gays y los trans. Odian las otras familias y los otros amores. Odian a los inmigrantes y a los transeúntes. Odian las otras lenguas y los otros colores. Odian las otras banderas y las otras identidades. Odian las otras formas de rezar y de creer y de no creer. Y odian, y odian, y odian…

“La gente no quiere estar informada. Quieren sentirse informados”. “No les digas lo que tienen que pensar. Diles lo que tienen que sentir”. Son frases de Roger Ailes, el gurú de la Fox estadounidense que tanto contribuyó a los éxitos electorales de Donald Trump. Un flojeras aficionado al lado de algunas de las plumas, de las voces y de los rostros habituales en la derecha mediática española.

Cuando la emoción negativa lo inunda todo, apenas queda espacio para la política alternativa, la que intenta cultivar la racionalidad de los diagnósticos y las soluciones, la que despierta la emoción positiva de mejorar la vida de la gente y afrontar los grandes desafíos del futuro.

De hoy al 28 de mayo, en consecuencia, entre el fragor de los insultos y las diatribas de los odiadores, apenas se escucharán las propuestas de los candidatos que hablarán de fortalecer la sanidad pública, y de promover las buenos empleos, y de procurar viviendas dignas, y de dotar de equipamientos y servicios a todos los barrios…

Sin embargo, estas voces menos vociferantes de racionalidad, de solución y de esperanza, serán las que acaben abriéndose paso en la atención y en la voluntad de los electores.

Porque el odio solo conduce a más odio.

Y porque la nuestra es una sociedad cada día más harta de odios y odiadores.