La democracia es un sistema político frágil, que debe ser conservado por los dirigentes y los representantes políticos, pero especialmente por todos los ciudadanos. Por ese motivo, hay que pasar de una retórica pasiva de defensa de la democracia a una acción permanente y activa, del conjunto de la sociedad, que descubra, detecte, denuncie, acuse y combata los síntomas, las palabras, las actuaciones y los ademanes antidemocráticos o autoritarios.

¿Por qué hacerlo? Porque proteger la democracia, de populismos o desviaciones autoritarias, es el deber de todo ciudadano y de la sociedad en su conjunto, independientemente de su origen, raza, sexo, religión o ideología. Y es un deber, que tiene que ir más allá del enfado, el temor o la indignación pasiva, porque si no ocurren cosas como en Hungría, Polonia, EEUU o Brasil.

Juan Linz, en su obra La quiebra de las democracias, señala que la actitud de los políticos puede fortalecer, debilitar o hacer caer las democracias. Y señala algunas pautas para identificar políticos antidemocráticos. Entre ellas, aparece la negación de la legitimidad de los oponentes políticos, y el rechazo de las reglas o normas democráticas, ya sea de palabra o mediante acciones.

Precisamente, lo que está haciendo Pablo Casado y el Partido Popular.  Sí,  y hay que decirlo alto y claro. Hay que denunciar los ademanes antidemocráticos del líder de la oposición, Pablo Casado, y del Partido Popular, para que abandonen ese camino peligro.

  • ¿Niega Pablo Casado y el PP, la legitimidad del Gobierno de Pedro Sánchez? Sus palabras y hechos confirman que sí.
  • ¿Rechaza Pablo Casado y el PP las normas democráticas, es decir, la Constitución, que tanto dice defender, cuando llaman “okupa de la Moncloa”, a Pedro Sánchez, que llegó a la Presidencia del gobierno tras utilizar un mecanismo constitucional, como es la moción de censura, y obtener los votos necesarios en el Parlamento? Sus palabras y hechos confirman que sí.
  • ¿Lanza constantemente Casado y el PP la idea de que los del PSOE traicionan a España y no son verdaderos españoles, copiando sin matices el discurso de Trump con los demócratas americanos? Sus palabras y sus hechos confirman que sí.

Pablo Casado, como anteriormente Aznar, ha decidido que vale todo, sea verdad o mentira, para acabar con el adversario político que para él y el PP ahora son enemigos. Esta estrategia de crispación y de polarización, que va a continuar subiendo, es muy preocupante para la democracia en España.

Es muy alarmante, y hay que denunciarlo, que el líder de la oposición, Pablo Casado, haya acusado al presidente del gobierno, Pedro Sánchez de ser “partícipe  y responsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España”.

Además, aumenta todavía más la gravedad, el hecho de que estas palabras, que nunca debió pronunciar, las haya realizado en un debate en el Parlamento, donde está representada la soberanía nacional del pueblo español. Y después, no las haya rectificado, sino que las reafirme en otro acto político.

Una democracia, son sus normas, y por encima de ellas no está nadie, como bien están aprendiendo los independentistas. Copiar a Trump, como está haciendo Pablo Casado y el PP, no le va a salir gratis ni a él, ni a la sociedad española. Aunque crean que con ello, van a conseguir un puñado de votos.

Tratar al adversario político como un enemigo al que machacar; concebir la política como una guerra donde todo vale y no se hacen prisioneros, ya sea dentro o fuera de las propias filas; crispar la sociedad hasta polarizarla en extremos; amenazar al “nuevo enemigo” constantemente con los tribunales; inventar historias falsas que se encargan de distribuir sus corsarios mediáticos a cambio de poder y dinero, debilita gravemente la convivencia y la democracia en España.

La polarización extrema que el PP nos trae para los próximos años  es percibida ya por los ciudadanos. Esperemos que las urnas no la validen, porque la historia nos recuerda y enseña que por ese camino se puede acabar con la democracia e incrementar todavía más la desigualdad.