Cuando todavía España está recomponiendo, a duras penas, los platos rotos que dejó el banquete de la hija de Aznar, y tenemos atragantada aquella tarta de corrupción institucionalizada, vemos nuevamente reaparecer al Jefe.

De la mano de Pablo Casado, el PP cierra una etapa de forma contundente.

Me sorprenden varias cosas. La primera que parece que algunos líderes del PP no han aprendido nada de su pasado reciente, es más, se vuelven a reagrupar dispuestos a volver. Son aquellos que todavía hoy están sentándose en el banquillo, los que pasaron del comedor de la boda a los tribunales de justicia, con el intermedio de la burbuja inmobiliaria y la corrupción a todo tren.

En segundo lugar, que Aznar vea en el delfín “la continuidad histórica del proyecto del PP”. Entonces, ¿qué fue Rajoy? ¿Un grano, un accidente, una equivocación? No imaginábamos que se iba a olvidar tan rápidamente a M. Rajoy y su séquito de incondicionales, que hoy parece que nunca existieron para Mr. Aznar.

En tercer lugar, vuelve el Aznar “más mejorado” que nunca. Satisfecho consigo mismo, sin reconocer errores, sacando pecho como si en nada de lo ocurrido él tuviera algo que ver, con una propuesta bajo el brazo “refundar el partido sin complejos ni temores”. Y seguro que sin hacer limpieza. Volvamos pues a los años locos donde Bárcenas era el tesorero del partido, donde Camps dirigía la Comunitat Valenciana convirtiéndola en un barrizal de corrupción, donde Madrid dejó de herencia a todos sus presidentes autonómicos del PP imputados, donde casi todos los asistentes a aquella famosa boda que se sentaban en el consejo de ministros de Aznar, están sentados en los banquillos de la justicia.

¿Es eso lo que plantea Aznar? ¿Son esos los pasos del joven lobezno de Casado? ¿No sabe el PP ser un partido de centro-derecha asentado sobre la honestidad y la modernidad?

Efectivamente, Aznar es un hombre sin complejos, sin dudas, con una simpleza de planteamientos que desmontan al pensamiento racional y dubitativo. Quizás una parte del PP se frote las manos, pensando en sus propias oportunidades, pero esta no es la derecha liberal que necesita el futuro de España y de Europa para salir de su crisis; esto solo alimentará la difícil convivencia social.