Después de la Segunda Guerra Mundial empezó a plantearse el tema de la ética de los medios de comunicación pues, tras la manipulación de la prensa por los regímenes fascistas, se comprendió que las conductas poco éticas de las personas también se pueden dar en la prensa al utilizar potentes medios de comunicación para ocultar y deformar la realidad. En este nuevo enfoque sobre los fines y los modos de actuación de la prensa tuvo cierta relevancia la llamada doctrina social de la Iglesia que en España y en algunos otros países europeos elaboró una teoría muy completa sobre los requisitos éticos del periodismo.

Viene a cuento esta reflexión porque, en las últimas semanas, han proliferado en los medios españoles de comunicación de la derecha (especialmente ABC y El Mundo) gran cantidad de noticias falsas y opiniones no fundadas en hechos ciertos que perseguían con el fin de desacreditar y (a ser posible) impedir que Pedro Sánchez sea investido como Presidente del Gobierno. Es decir, las fake newa al servicio del Partido Popular y de Casado que así intentan que no se forme un Gobierno socialista a ver si unas elecciones proporcionan al dirigente conservador suficientes escaños para intentar una investidura de la que ahora no dispone.

El problema no es sólo la desinformación y la manipulación de noticias que practican estos medios de comunicación sino la invención de problemas inexistentes y, en segundo lugar, la manipulación de la opinión pública en la que se introducen hechos falsos tomados por verdaderos.

Un caso particularmente grave que se ha dado en las últimas semanas consiste en diversos artículos y comentarios de la prensa conservadora a propósito del papel del Rey en la formación del Gobierno. Aunque hay más ejemplos, merece la pena recordar las columnas de Ignacio Camacho en ABC (por ejemplo, “el 99”, de 10 de diciembre de 2019) o también el comentario de Jaime Peñafiel en El Mundo (“MI semana”, de 14 de diciembre de 2019).

En el artículo citado, Camacho denuncia que se “achicando” el espacio del Monarca porque, entre otras quejas igualmente irrelevantes, el candidato Sánchez ningunea al Rey por pactar con Podemos “sin respetar el plazo y el protocolo establecidos”. Se ve que tiene ganas de crear un problema donde hay porque no hace falta ser experto en Derecho constitucional para entender que del artículo 99 se infiere que los eventuales candidatos a la Presidencia del Rey deben acudir a la consulta con éste con el máximo de información y, a ser posible, acuerdos con otros partidos que puedan votar la investidura. ¿Qué pretende Camacho? ¿Que Sánchez [u otro eventual candidato] no hable con nadie hasta que el Monarca le informe que le va a proponer como candidato? ¿No es mejor que el posible candidato informe al Rey que ya cuenta con el apoyo de los partidos X, Y y Z?

Similar desinformación proporciona Peñafiel en El Mundo con una entradilla de mal gusto (“Felipe, ¿cómplice de Sánchez?”) pues, cree que el Rey Felipe debería haberle dicho a Pedro Sánchez: “si sus apoyos son los que quieren acabar con la unidad de España no le voy a proponer”. Sin duda el periodista ignora que el Rey no es defensor de la Constitución (sólo lo es el Tribunal Constitucional) y que no siquiera es un Poder del Estado sino el titular de un órgano constitucional que está obligado a ejercer sus funciones representativas sin partidismos.

El Rey conoce muy bien sus funciones y no va a escuchar a quienes ignoran lo que establece la Constitución pero eso no es obstáculo para que pensemos que cierta prensa quiere crear problemas donde no los hay pues crear problemas es difundir en la opinión pública una interpretación equivocada y torticera del papel del Rey en el proceso de formación del Gobierno. Y también comporta crear problemas inexistentes cuando desde medios de comunicación muy representativos de la opinión pública conservadora se publican interpretaciones fantasiosas de las atribuciones regias con el fin de que este penetre en esa senda fantástica.

Afortunadamente, tanto el Rey como su Casa tienen una idea precisa del papel del Monarca parlamentaria y no se van a dejar llevar por esos cantos de sirena pero el hecho, en lo que se refiere a la responsabilidad de la prensa conservadora, es grave porque no es ético crear problemas donde no los había.