En el epistolario que mantuvieron Miguel de Unamuno y Joan Maragall, sostiene este último «podemos olvidarlo en algún momento, en algún rincón de ella, pero basta volver en algún momento los ojos de lugar de extraño encanto para encontrarnos en presencia de esta gran realidad española que nos gobierna a todos: espaciosa y triste, sí espaciosa por lo desmotivada, y triste con una descomunal tristeza».

Lo cierto es que más de 4.000 municipios españoles sufren despoblación, y 1.840 localidades estarían consideradas en riesgo de desaparición. Y es que hay, sin duda, una España urbana y europea, diferenciada de otras muchas otras realidades del resto de Europa, y otra interior, despoblada, que se ha venido en llamar España vacía.

La auditoría  que el Consejo de Cuentas de Castilla y León acaba de culminar se refiere a esta última. A veces subyace, al afrontar esta realidad, lo que mantuviera hace ya algunos años el profesor Julio Valdeón: “La población de la cuenca del Duero a mediados del siglo VIII, si no inexistente, era muy reducida y en buena medida marginal”. Y es que el saldo migratorio y demográfico constituye una pérdida en Castilla y León de 151.613 personas en el periodo 2008-2018.

Durante esta década, la población española se incrementó en un 14,3%, mientras disminuyó  un 2% en Castilla y León. Provincias como Zamora (-11,5%), Ávila (-7,9%) y León (-7,7%) encabezan este fatídico ranking.

En este mismo periodo solo ocho entidades locales con población superior a los 20.000 habitantes incrementaron su población en Castilla y León, siendo prácticamente inapreciable en cinco de ellos. Por el contrario, 24 de ellas disminuyeron en muchos casos de manera contundente su número de habitantes (se incluyen las Diputaciones Provinciales).

Tierras donde los objetivos marcados en la Agenda Digital Europea para 2020 se hacen imposible cumplir salvo en núcleos urbanos. Sin cobertura en las redes de alta velocidad y donde el teletrabajo o el comercio electrónico suponen una quimera.

El PIB de la comunidad autónoma en relación con España desciende casi 1 punto, que se correlaciona justamente con el peso poblacional respecto al conjunto del país.

Baste decir que el saldo vegetativo entre 2008 y 2018 ha sido de -106.828 personas, y que en el saldo migratorio, si se estima en función de la formación, se constata que entre 2016 y 2018, por cada persona que viene a esta Comunidad con una titulación superior, se han ido dos.

Es urgente la toma de medidas y la implementación de políticas piloto concretas, el avance del estatuto básico para pequeños municipios que aborden el problema de envejecimiento de la población, tanto de España en general, como de Castilla y León en particular. Entre 2002 y 2019 la edad media pasó en el primer caso de 39,5 a 42 años, y en Castilla y León de 43 a 47.

Hemos conocido con expectación la última versión del reglamento del fondo FEDER para el periodo de 2021 a 2027, aprobado por la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo, que podría ser aprobado en enero, y que al parecer serían los segundos fondos en importancia para España después de los de la PAC.

En esta línea cobra gran importancia el buen uso de los fondos de recuperación europeos. De los 140.000 millones que le corresponden a España, 600 millones tienen como objetivo la modernización de las administraciones públicas. El Ministerio de Política Territorial y Función Pública gestionará el 5% para proyectos digitales, el 38% lo gestionarán las administraciones locales y el resto de las comunidades autónomas. Debe suponer, desde una planificación compartida, una actuación encaminada a hacer frente al reto poblacional y a la modernización de las estructuras administrativas del Estado.

Hemos constatado que los datos confirman que los movimientos poblacionales se sustentan de forma prioritaria en la búsqueda de empleo ligado a la actividad económica. Confiemos en que el planteamiento global del problema, el establecimiento de sinergias pluri-institucionales, contribuyan para siempre a desterrar aquella dolorosa sentencia de Machado: “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora”.

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Emilio Melero Marcos es profesor de Filosofía