Podríamos recordar que no es la primera vez que cuando el PSOE a nivel interno se mueve, despierta, se despereza, incluso ruge, entonces se produce un encuentro con unos votantes desencantados, apáticos, desilusionados y huérfanos.

El reencuentro se produce entre la militancia y los votantes. Esa es la costura real del PSOE.

Y no es la primera vez que ocurre. Cuando se realizaron las primeras primarias para elegir candidato a la Presidencia de Gobierno, se presentaron dos candidatos: Joaquín Almunia y José Borrell.

Entonces, el PSOE languidecía electoralmente y su militancia se encontraba en horas bajas, pues se había perdido y la todopoderosa figura de Felipe González, quien en un Comité Federal dijo “no sé si soy la solución o el problema”, dejaba huérfano a un partido que no había hecho la transición entre Felipe y la nada.

He de recordar que Almunia era el Secretario General porque así lo decidió Felipe, y para ser aceptado por las bases como candidato y salir refrendado ante los votantes, se le ocurrió la ¿feliz? idea de convocar unas primarias, a las que debía inicialmente presentarse él solo y ganarlas por goleada.

Pero, después de mucho cavilar, se presentó otro miembro de la Comisión Ejecutiva Federal, José Borrell, a quien tuve el honor de defender y representar entonces en aquella Ejecutiva de la que yo también era miembro.

Algunos pensaron que era mejor así, porque en una contienda donde estaba claro que ganaba el Secretario General Almunia, el hecho de competir contra Borrell le daría más crédito. Entonces, también había algún miembro aconsejando qué era lo mejor para el partido, como Cipriano Ciscar (secretario de organización), o José Luis Rodríguez Zapatero (después presidente de Gobierno), o la que hasta hace poco era la presidenta del partido Micaela Navarro o José Bono (que también está en muchas salsas), entre otros muchos nombres.

Fui la única miembro de aquella ejecutiva que tuve el valor de defender a Borrell porque creía firmemente que era lo mejor para el partido, para la militancia y para los votantes. Y acerté. Porque Borrell ganó por un 55% de los votos, la militancia se despertó y se entusiasmó llenando los actos de primarias como he vuelto a ver ahora con Pedro Sánchez, y los votantes volvieron de nuevo su mirada a un partido que resurgía y estaba vivo.

Nunca, estando sola en una decisión de tan alto nivel, me sentí tan acompañada cada vez que salía del habitáculo de Ferraz. Y es que el aire allí dentro, a puerta cerrada, a veces resulta demasiado endogámico.

Y recuerdo algunas cosas más: que en Andalucía ganó Almunia (gran peso y poder del aparato andaluz de entonces con Felipe a la cabeza) y en lugares como Euskadi, Cataluña o Comunidad Valenciana venció Borrell (pese a que el secretario de organización era el incombustible Ciscar, que ahora ya ha tenido palabras de mal recibimiento para su “paisano”, el nuevo portavoz José Luis Ábalos, quien entonces también apoyó a Borrell).

Eso significa que hay una estructura del PSOE que, desde hace tiempo, no ha entendido ni la evolución compleja de España, donde Andalucía es una parte grande, importante y esencial, pero no la única; y tampoco ha entendido a la militancia del PSOE que es más proclive a arriesgar, ser valientes y luchar por compromisos de izquierda, que resignarse a lo “oficialmente correcto”.

Si en aquel momento se hubieran celebrado elecciones generales, las encuestas (y el ambiente del votante socialista) indicaban que la remontada del PSOE podía ser histórica.

Como lo fue la segunda vez que se realizaron unas primarias y ganó, contra pronóstico del aparato una vez más, José Luis Rodríguez Zapatero. Quien llegó a ser Presidente de Gobierno con la ilusión de mucha gente y con aquella frase de “no nos falles”.

Pero, el primer intento de Borrell no llegó a ningún puerto, porque para eso la estructura orgánica con Císcar a la cabeza tenía demasiados tentáculos y fuerza como para que “ese engendro asambleario” viera la luz. El problema principal fue que él se presentó a candidato de Gobierno y no a Secretario General. Y la estructura del partido era mucha estructura.

La segunda vez, con José Luis Rodríguez Zapatero, fue diferente porque él ganó la Secretaria General, y luego se presentó a candidato al Gobierno. Él fue amo y dueño de sus aciertos y de sus errores. Él despertó la ilusión y él (junto con miembros de su equipo, siempre vinculados a la secretaría de organización, que acaban confundiendo el servicio al partido con el “patio de mi casa”) se cavó su propio declive.

Pero, esta tercera ocasión es diferente. La historia se parece en muchas ocasiones, pero no se repite.

Se mezclan tintes de ambas confrontaciones. En primer lugar, el ambiente, la ilusión y ser un “renegado” del aparato, han configurado la campaña de Pedro; en segundo lugar, ha ganado la Secretaría General (algo que Borrell nunca tuvo ocasión porque no se lo permitieron), como nunca nadie lo ha ganado: con un amplio margen de votos, de forma arrolladora.

¿Qué cosas nuevas se presentan ahora?

Primero, con estas primarias y su resultado, se ha cerrado definitivamente una etapa que pesaba mucho en el PSOE, y que es una de las piezas históricas más importantes y decisivas, pero que, hoy, se hace un punto y seguido. Se ha terminado la etapa Suresnes. El PSOE tiene historia, pero también un futuro por escribir sin lastres. De hecho, ver a Císcar protestar en el grupo parlamentario socialista es como rememorar personajes de hace 20 años (como poco).

Segundo, el PSOE tiene una oportunidad que no se hubiera imaginado hace un año. Si Pedro se hubiera sentado en el escaño en octubre como portavoz para discutir a Rajoy después de haberle dado el Gobierno, habría sido un personaje prescindible e inútil para la recuperación socialista.

Resulta sorprendente, pero nunca un error tan garrafal como el ocurrido en octubre ha propiciado una salida tan victoriosa para el partido.

Ha nacido un líder que nunca lo hubiera sido si no hubiera sido sacrificado, si no hubiera dimitido posteriormente, si no se hubiera atrevido a dar el paso, y si no hubiera recogido a personas que hasta ahora eran grandes desconocidas en su apoyo (algunos como Odón o Borrell o Tezanos son conocidos y “rebeldes”) pero otros como Susana Sumelzo, Adriana Lastra o el alcalde de Valladolid, se han convertido en nuevas figuras a seguir de cerca en los próximos años.

Hay muchos votantes que se sienten huérfanos deambulando entre el voto a Podemos, la abstención o la resignación, y que este nuevo paso reconforta y les hace concebir esperanzas.

Mucho me atrevo a pensar que, si el PSOE juega bien esta oportunidad, y tal y como se avecinan los casos de corrupción para Mariano Rajoy, existe la posibilidad de no terminar la legislatura.

Y, en tercer lugar, nunca nadie había tenido una aceptación militante tan grande como la de Pedro. Y eso hay que saber gestionarlo muy bien.

Se equivocarán quienes quieran poner palos en la rueda pensando que hay que hacer como con Borrell en el año 1998, e intentar desgastarlo y liquidarlo cuanto antes, porque han pasado 20 años de aquellas primeras primarias, y todas las veces consecutivas con un respaldo militante muy importante.

Y, por otra parte, Pedro Sánchez necesitará mucha agudeza y finura política para no caer en el “cesarismo”, y sí en la ejemplaridad de un líder democrático.

Lo mejor de todo este proceso es que, por fin: todo está por escribir.