Progresiva desestabilización

El 22 de noviembre, fuera del plazo previsto para la clausura, y utilizando este como factor de presión para forzar acuerdos de compromiso, se cerraba la Cumbre del Clima de Naciones Unidas de Belém (Brasil) COP30, con una clara insatisfacción para una mayoría de los países presentes en la citada COP30.

No es la única insatisfacción de un fin de semana en la que un Presidente de EEUU, con objetivos de enriquecimiento familiar y desprecio a lo que no sea la fuerza militar y el negocio de los amigos, trata de imponer un acuerdo de rendición a Ucrania y a los países europeos. Busca favorecer sus intereses personales después de haber seguido el mismo proceso en Oriente Medio con intereses conjuntos con los sionistas genocidas que gobiernan en la actualidad el Estado de Israel.

Dinámica de uso de la fuerza, la coerción y el chantaje que Donald Trump no está dudando en ejercer en el creciente campo de amenazas militares a países iberoamericanos. O a los que osan contradecir sus imposiciones, poniendo en cuestión no solo toda la articulación global de leyes, acuerdos o principios sustentados históricamente a través de Naciones Unidas, sino a organismos multilaterales, como el G20, que han tratado de articular los intereses de la mayoría de la población mundial de acuerdo con esos principios o normas. Su boicot a la reunión del G20 en Sudáfrica es una buena muestra del enfrentamiento con cualquier atisbo de orden multilateral que no esté subordinado a sus intereses. Y el resultado, como en el caso de la COP30, de cambio climático, es similar: búsqueda de reducción del documento final a consideraciones formales y generales de escasa capacidad de avance en los objetivos que hasta ahora habían venido siendo su razón de ser. Pero se mantienen elementos básicos en los mismos que muestran la necesidad de un casi imposible agrupamiento mundial que frene la dinámica del imperio de la fuerza potenciada por Trump, Putin y Netanyahu.

Pero también en este clima de desestabilización global, el ascenso de la ultraderecha y su arrastre sobre la derecha están llevando, en la UE, al revisionismo en los objetivos y regulaciones ligadas a materias ambientales, digitales, que afectan a la inteligencia artificial generativa, y a las migraciones, poniendo en cuestión los principios y objetivos que habían venido presidiendo la construcción europea desde hace décadas.

Pero aún más lejos, la radicalización de la derecha europea y particularmente la española se proyecta sobre todas las áreas de la convivencia. La directiva “el que pueda hacer que haga” del derechista radical José María Aznar está inundando toda la vida de este país con la impresión inicial de que también ha configurado la sentencia del Tribunal Supremo sobre el Fiscal General del Estado, publicada anormalmente sin motivación para hacerla coincidir con el 20N, en lo que podría entenderse como una muestra de pervivencia del franquismo que tanto costó ir alejando de la supremacía política en este país. Pero que, ahora, las fuerzas vivas defensoras del autoritarismo que durante el franquismo han sido sustento de sus intereses tratan de recuperar por “todas y cualquiera de sus posibilidades de hacer”. Aunque ello desautorice para una gran parte de la sociedad a la “justicia” y alimente progresivamente a una ultraderecha precursora de una violencia –incluida la física o militar asociada a golpes de estado- que tanto costó contrarrestar.

Proceso que esperamos se vea contrarrestado democráticamente desde una creciente conciencia social informada que reaccione ante lo que no son los intereses de la mayoría de la población. Y al que intentamos colaborar desde la consideración de lo que ha sido la COP30 de la Cumbre de Cambio Climático celebrada en Belém, donde han quedado claros los intereses en juego y sus consecuencias, a los que, previamente a la misma, ya nos referíamos en el artículo publicado en esta Sección en septiembre de este año[1].

Preparativos de la COP30 y Claves de la Agenda Prevista

Como señalábamos en el citado artículo, la presentación de los Compromisos de las Partes (NDC, por sus siglas en inglés) sobre Cambio Climático para 2035, deberían haberse producido por parte de los distintos países -o Partes- que asumieron la Agenda de París en la COP20 de 2015, antes de marzo de este año. Pero solo la cuarta parte de los obligados lo había hecho antes de septiembre, mostrando el alejamiento que se está produciendo de los compromisos de la Agenda de París de 2015, no solo por parte de EEUU, ante el negacionismo del cambio climático de su Presidente, sino también, de forma generalizada, en países dependientes o ligados a la producción de combustibles fósiles que, como ya veíamos en el artículo de 8 de octubre, tienen unos compromisos de inversión vigentes en 2025 que, como señalaba el Informe GAP2025[2], multiplican por cuatro la producción de petróleo y por tres la de gas, para 2050, respecto a la que sería consecuente con el logro de los objetivos del Acuerdo de París de 2015.

Cara a la COP30 de Brasil, ya señalábamos en el artículo del 8 de octubre que el Secretario de Naciones Unidas pretendía que ésta concluyera con un plan de respuesta global creíble que permitiera revertir las tendencias de calentamiento actuales. Al inicio de la COP30 estaban sobre la mesa:

  • Impulsar la transición hacia la energía limpia, reduciendo la producción de combustibles fósiles, y redirigir los subsidios a los combustibles fósiles hacia una transición justa.
  • Hacer recortes drásticos en las emisiones de metano en esta década, reduciendo su fuerte incidencia en el calentamiento global.
  • Poner fin a la destrucción de los bosques tropicales que son los mayores sumideros de carbono de la naturaleza.
  • Financiación para Programas de reducción de emisiones en los Sistemas alimentarios y de la agricultura, que se asocian a un tercio de las emisiones globales de GEI.
  • Impulso al Financiamiento de la Adaptación y Mitigación superando el escaso gasto actual en adaptación frente a las crecientes consecuencias de los fenómenos extremos.
  • Incidir en la corrección y ayuda ante las brechas financieras que impiden las inversiones en adaptación y resiliencia para los países en desarrollo.
  • Potenciar los avances en las tecnologías para reducir las emisiones del acero, el cemento y el transporte pesado y ponerlas en práctica urgentemente.
  • Corregir las tendencias que se detectan en los nuevos NDC respecto al excesivo papel de los sumideros de carbono (pese a su todavía discutible viabilidad técnico-económica) como vía para reducir el saldo neto de las crecientes emisiones que se asumen en el país respectivo.
  • Corregir la tendencia a que cada vez más países recurran a la compra de compensaciones internacionales a través del Artículo 6 del Acuerdo de París para compensar mayores emisiones de GEI, pese a que el Acuerdo de París exige que ese Artículo 6 se utilice únicamente para aumentar la descarbonización, no para viabilizar mayores emisiones.

Claroscuros de los Resultados de la COP30

En la COP30 de Belém han estado presentes 195 países, pero solo el 60% del total de los países/Partes firmantes han presentado sus compromisos políticos de actuaciones y medidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de las NDC exigidas por el Acuerdo de París. Éstas implicarían una reducción de las emisiones de GEI de 12%, en 2035, respecto a los niveles de 2019, muy por debajo del 55% necesario para mantener el calentamiento por debajo de 1,5ºC; y menos del 35% necesario para que dicho calentamiento no supere los 2ºC.

La consecuencia es que es inevitable la continuación del calentamiento global que la ONU ahora situaría -si se cumplen los NDC presentados- en una media de 2,5ºC para fin de siglo, pero con una altísima variabilidad en su margen de incertidumbre. Es más, la ausencia de mayores compromisos en las políticas reales y, en particular, el nefasto ejemplo de EEUU, que es el máximo responsable histórico de la actual concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, da como resultado que las previsiones tendenciales en el incremento medio del calentamiento, ya para el año 2030, pueda situarse por encima de los 2ºC.

Negras perspectivas que inciden sobre muchos de los países en desarrollo que –aunque no son los únicos- están soportando las graves consecuencias de sequías, monzones, huracanes o incendios cada vez más relacionados en su intensidad y frecuencia con el calentamiento registrado. Países que reclaman ayudas para la descarbonización y la adaptación a las consecuencias de este calentamiento global, atendiendo a cuál ha sido la historia y situación de las emisiones de GEI del que se ha derivado el mismo.

A espera de la publicación del documento final por parte de la Oficina de Naciones Unidas en Ginebra, cabe señalar los avances que, de forma optimista, presentaba el Secretario Ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, el sábado 22 de noviembre de 2025[3]. En concreto, destacaba que, en un marco de aguas políticas turbulentas en el que la negación, la división y la geopolítica han asestado algunos golpes duros a la cooperación internacional, “la COP30 demostró que la cooperación climática está viva y coleando, manteniendo a la humanidad en la lucha por un planeta habitable, con la firme resolución de mantener los 1,5°C a nuestro alcance.”

Igualmente, ratifica que la lucha por el clima continua, contraatacando para defender el papel de la unidad, la ciencia y el sentido común económico. “En medio de los fuertes vientos políticos en contra, 194 países se mantuvieron firmes en solidaridad, sólidos como una roca en su apoyo a la cooperación climática.”

Calificando a la COP30 de Belém como la COP de la Implementación por la trascendencia de los mecanismos puestos en marcha en los acuerdos adoptados, destaca también:

  • Avances en un nuevo acuerdo sobre la transición justa, que señala que la construcción de la resiliencia climática y la economía limpia también debe ser justa, y que cada nación y cada persona debe poder compartir sus vastos beneficios.
  • El acuerdo de triplicar la financiación para la adaptación, garantizando que más países reciban el apoyo que necesitan, viabilizando la Hoja de Ruta de Adaptación de Bakú, que aprueba y establece el trabajo para el período 2026-2028. Lo que a su vez implica que los países desarrollados aumenten su financiación climática compensando que los países en desarrollo que menos contribuyeron a provocar la crisis son los que más la sufren. Se impulsa el Financiamiento de la Adaptación y Mitigación superando el escaso gasto actual en adaptación (unos 26.000 millones de dólares/año) frente a las crecientes consecuencias de los fenómenos extremos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estimaba que el mundo necesitará aproximadamente 310.000 millones de dólares anuales para adaptarse a los crecientes impactos climáticos.
  • Señala que la transición global hacia bajas emisiones de gases de efecto invernadero y la resiliencia climática es irreversible; y que va a ser la tendencia del futuro porque los flujos de inversión en energías renovables ahora duplican a los de los combustibles fósiles.
  • Muchos países querían avanzar más rápido en materia de combustibles fósiles, financiación y respuesta a los crecientes desastres climáticos. Pero pide no ignorar el avance que esta COP ha significado que deja claro que la transición de los combustibles fósiles a las energías renovables y a la resiliencia es imparable.
  • Muestra que la Agenda de Acción de la COP30 acerca sus actuaciones a la economía real, para obtener resultados concretos con mayor rapidez y extender los beneficios a miles de millones de personas más, proponiendo un billón de dólares para redes limpias.
  • Se ha aprobado avanzar en una transición justa que prioriza a las personas y la equidad en la lucha contra el cambio climático, fortaleciendo la cooperación internacional, la asistencia técnica, el desarrollo de capacidades y el intercambio de conocimientos. Se abordan de forma justa y equitativa preocupaciones cotidianas apostando por una nueva economía que sustituya a la vieja economía contaminante que se está quedando sin futuro, aunque la desinformación intenta mantenerla viva. Así, a medida que las presiones climáticas elevan los precios, las economías se desestabilizan y las comunidades se ven sometidas a presión esa desinformación culpa a todo menos a la causa real.
  • Se acuerda que cientos de millones de hectáreas de bosques, tierras y océanos sean protegidos o restaurados y que más de 400 millones de personas puedan ser más resilientes. El establecimiento del Fondo Bosque Tropical para Siempre, con un importe previsto de 4.000 millones de dólares anuales permitirá que las naciones elegibles para mantener sus bosques tropicales pongan fin a la destrucción de los mayores sumideros de carbono de la naturaleza, lo que podría generar una quinta parte de las reducciones de emisiones necesarias para 2030.
  • Potenciar los avances y transferencia de tecnologías para reducir las emisiones del acero, el cemento y el transporte pesado y ponerlas en práctica urgentemente.
  • Se acuerda establecer un “diálogo” sobre comercio global, tras las críticas de China al impuesto al balance de carbono en las importaciones puesto en marcha por la Unión Europea.

Complementariamente debemos señalar declaraciones reiteradas por países asistentes que destacan que no cabe duda que se han conseguido avances en la lucha contra el cambio climático, con un Acuerdo que supone seguir apostando por el multilateralismo y por la solidaridad. Aunque es un Acuerdo que, al tener que adoptarse por unanimidad, dista mucho de ser satisfactorio en los compromisos buscados y, en particular, en la reducción de emisiones de GEI, situando la mitigación prevista lejos de la necesaria para los objetivos deseados.

Y aunque puede considerarse un éxito que la energía forme parte de los debates y las energías renovables hayan mostrado una ampliación imparable –incluso en EEUU o los petroestados- en el mix energético global, con más del 90% de la potencia instalada en 2024 en el mundo, lo cierto es que los combustibles fósiles siguen incrementando su producción, consumo y emisiones. Y que ha sido imposible que el Acuerdo incorpore la mención asumida en la COP28, de Dubái de que es necesario avanzar en el abandono de los combustibles fósiles, ya que la radical oposición de los “petroestados”, reforzados por la actual posición de EEUU han obligado a que estos no se citen en el Acuerdo, admitiéndose solo la referencia a la reducción de emisiones de GEI, en genérico.

Lo que crea un precedente que empieza a tener continuación en otros foros multinacionales como el propio G20 celebrado en paralelo en Sudáfrica, donde la presidenta de la Comisión Europea dijo que no se trata de luchar contra los combustibles fósiles, sino contra las emisiones de los combustibles fósiles, revertiendo una política que parecía clara desde el Pacto Verde Europeo de 2019.

Reflexiones finales

Hay áreas de acuerdo incluidas en los documentos que recogen las correspondientes decisiones de la COP30[4], que, pese a su indudable importancia, no se consideran relevantes para los objetivos de este artículo y no han sido consideradas en el mismo. Pero, en todo caso, frente al tradicional optimismo oficial, necesariamente hay que señalar que, aunque la continuidad de las COP se muestre como un logro fundamental, el resultado no deja de ser ambivalente. Fundamentalmente porque los resultados en la colaboración conjunta en una mitigación imprescindible para evitar el gravísimo incremento de los efectos meteorológicos extremos quedan muy por debajo de lo deseable y necesario.

La no participación de EEUU por decisión de su Presidente Donald Trump, que ha sacado a su país del Acuerdo de París es un grave precedente que va mucho más allá de sus implicaciones sobre EEUU, y que ya está teniendo consecuencias sobre el papel de este país en las negociaciones sobre energía, combustibles y emisiones, afectando a las políticas climáticas y medioambientales de los países amigos o dependientes del mismo. Así, en octubre de este año 2025, la representación de EEUU amenazó a los negociadores para bloquear la propuesta de un impuesto al carbono para el transporte marítimo.

En este marco, donde está claro que el incremento de las temperaturas tiene una clara incidencia económica negativa, como recogíamos en el artículo antes citado, de 8 de octubre, de esta Sección, tenemos que esperar que se superará la última estimación allí realizada de estos costes[5] si no se realizan esfuerzos sustanciales de mitigación y adaptación. Y recordar, que en esa estimación se preveía una reducción del PIB per cápita de hasta el 20% para España. y del 24% en el PIB per cápita global para 2100, si se alcanzan los 4ºC de calentamiento. Y que las nuevas estimaciones tienden a incrementar el valor de las pérdidas asociadas a cada nivel de calentamiento.

En el artículo del 8 de octubre también se recogía la evolución de los costes registrados (no los previstos) como consecuencia de fenómenos catastróficos, realizada por la multinacional del seguro AON[6] donde se reflejaba una dinámica de costes asociados a catástrofes naturales y ambientales que se está incrementando exponencialmente. En la misma dirección, el Índice de Riesgo Climático Global de Germanwatch[7], señalaba que, entre 1995 y 2024, se produjeron más de 9.700 fenómenos meteorológicos extremos asociados al calentamiento global (olas de calor, huracanes e inundaciones) que causaron más de 832.000 muertes y 4,5 billones de dólares de pérdidas. España se sitúa, junto a EEUU y Brasil, dentro de los países del G20 que sufrieron las mayores pérdidas en 2024 como consecuencia, sobre todo, de la DANA del 29 de octubre de 2024.

Pero España también figura entre los diez países más afectados por estos costes entre 1993 y 2022, con un Índice de Riesgos Climáticos que exige una particular consideración en las políticas de adaptación y resiliencia del país. De hecho, en España, atendiendo al trabajo del Germanwatch, las olas de calor de 2003 y 2022 se cobraron un alto número de víctimas mortales y causaron extensos daños como consecuencia de las sequías y los incendios forestales. La sequía de 1999 y las inundaciones de 2019 también causaron grandes destrozos. Como consecuencia, en el mapa mundial del Riesgo Climático, España, junto a Italia y Grecia, en el sur de la UE, ocupa una posición gravemente destacada.

Todo lo cual deja clara la urgente necesidad, en países como España, de incentivar una política urgente de adaptación y resiliencia socioeconómica sobre fenómenos extremos asociados al calentamiento global y cambio climático asociado. Y ello sin olvidar que toda política global de mitigación que se derive de las COP sobre Cambio Climático ayudará a reducir los desastrosos efectos esperables si dicha mitigación no logra frenar la actual dinámica de calentamiento global.

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[1] Antonio Serrano, Oct 8, 2025, Políticas de la Tierra, “A peor” https://fundacionsistema.com/a-peor/

[2]SEI, Climate Analytics, & IISD. (2025). The Production Gap Report 2025. Stockholm Environment Institute, Climate Analytics, and International Institute for Sustainable Development. http://productiongap.org/2025report

[3] https://www.unfccc.int/news/simon-stiell-closing-speech-cop30-showed-that-climate-cooperation-is-alive-and-kicking-keeping?_gl=1*qtpo9t*_ga*OTA3NDk1NDU4LjE3NjIyMzExNzQ.*_ga_7ZZWT14N79*czE3NjM5NzI1NjckbzEwJGcxJHQxNzYzOTczNjg4JGoyMiRsMCRoMA..

[4] Un detalle del Paquete Político planteado en la COP30 y de los documentos que recogen las correspondientes decisiones puede verse en https://unfccc.int/cop30/belem-political-package  Las 29 decisiones aprobadas por consenso recogen acuerdos sobre los temas citados en el discurso de Simon Stiell que inciden en el compromiso colectivo con una acción acelerada y un régimen climático más conectado con la vida de las personas, destacando la necesidad de una financiación para la adaptación, el comercio, la tecnología, la transición justa y el género.

[5]Kamiar Mohaddes, Mehdi Raissi (2024) “Rising temperatures, melting incomes: Country-specific macroeconomic effects of climate scenarios” PLOS Climate September 24, 2025 https://journals.plos.org/climate/article?id=10.1371/journal.pclm.0000621

[6] AON (2024) Climate and Catastrophe Insight. https://www.aon.com/en/insights/reports/climate-and-catastrophe-report

[7] El Informe destaca que las olas de calor (33%) y las tormentas (33%) causaron la mayor cantidad de muertes. Las inundaciones incidieron sobre casi la mitad de los afectados. Las tormentas provocaron las mayores pérdidas económicas (58%). https://www.germanwatch.org/sites/default/files/2025-02/Climate%20Risk%20Index%202025%20Summary%20ES.pdf