El trumpismo es una de las mayores amenazas que se ciernen sobre el futuro de los españoles. Porque destruye las instituciones que fundamentan nuestros derechos y libertades. Porque convierte la democracia en un régimen deslegitimado y fallido. Porque socava las bases de la convivencia libre y en paz.

Y el trumpismo se ha instalado en España de la mano del PP y de Vox, de manera indistinguible ya.

El trumpismo no es una opción ideológica, puesto que no ofrece ideas para organizar el espacio público compartido. No es un programa político, puesto que no plantea propuestas alternativas ante los problemas y los retos vigentes.

Se trata tan solo de una estrategia para el obtener el poder, prescindiendo de cualquier escrúpulo moral o de principios, a costa de quebrar los consensos civilizatorios más básicos que ha costado siglos y muchos sacrificios construir.

Trump es estadounidense, pero el trumpismo ha llegado a España de la mano de Feijóo, Ayuso y Abascal.

La fórmula es tan simple como eficaz. Consiste primero en crispar al máximo el debate político y social, utilizando exageraciones, manipulaciones, mentiras y bulos. Negando los problemas verdaderos y los culpables auténticos. Señalando falsos culpables para amenazas imaginarias.

Después se busca la polarización extrema entre nosotros -los buenos- y ellos -los malos-, inflamando la emocionalidad negativa, atribuyendo a los “malos” todas las perversiones alimentadas con aquellos bulos y manipulaciones.

El populismo y la demagogia son la dinamita con la que desestabilizan y destruyen las instituciones democráticas, desde los gobiernos hasta los parlamentos o las televisiones públicas y privadas. Las normas solo se cumplen si les conviene. La lealtad debida entre administraciones se convierte en guerra abierta y estéril. Tribunas públicas y privadas se usan sólo para acabar con el enemigo. “Matadlos”, decían hace poco.

La fase final es la involución democrática y el totalitarismo. Las instituciones democráticas deslegitimadas se sustituyen por plataformas de poder autócrata. Los contrapoderes se sustituyen por poderes comprados, dóciles y afectos, en lo público y en lo privado. Se persigue a los opositores con falsas acusaciones, se ataca a los medios de comunicación críticos, se corrompe la economía en favor de la clientela propia…

Es lo que casi logran Trump en los Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil.

Es lo que buscan los trumpistas en España.

La campaña de PP y Vox ante la jornada del 28 de mayo ha sido una campaña trumpista de manual.

Las mentiras, descaradas. “ETA está viva”, mentira. “Habrá una suelta de terroristas”, mentira. “Sánchez prepara un pucherazo”, mentira. “La ley de vivienda protege a los allanadores delincuentes”, mentira… Y tantas otras.

Hay que derogar el trumpismo en España. El 23 de julio tenemos la oportunidad definitiva.

Combinando sentimiento y pensamiento, emoción y argumento, ilusión y racionalidad. Denunciando cada mentira y cada manipulación. Ofreciendo un programa de soluciones desde los valores mayoritarios de la igualdad, la libertad, la justicia social, el progreso, la democracia mejorada… Convocando a la esperanza antes que al odio.

Puede hacerse. Si vamos a votar todos los que así pensamos. Para derogar el trumpismo.