Es cocina porque no cocina. Y si en el pasado se cocinaba con ingredientes desconocidos, y en el presente nadie muestra su pesadilla en la cocina, pues eso. La palabra transparencia se usa pero no se entiende. Y dado que en algún medio preguntaban qué es “cocinar” una encuesta, aquí se lo explico. Se llama cocinar una encuesta cuando no se indica cómo y en base a qué modificas lo que la gente ha afirmado. No expones el modelo de ajuste aplicado de forma que sea reproducible por los demás investigadores. Ahora, por ejemplo, preocupa la discrepancia entre la reducción de intención de voto al PSOE y su estimación al alza al contabilizar las personas que simpatizan con el partido (y cuya movilización electoral final es aún una incógnita). ¿Dónde estaban estos rasgares de vestiduras cuando, no hace tantos meses, el PSOE superaba en intención de voto al PP y no obstante la estimación daba muy por delante al PP? La diferencia es que entonces no se sabía qué se hacía (“cocina”) y ahora sí se sabe (transparencia). Y esa es la diferencia esencial. Antes a nadie le molestaba y ahora sí. Mundo raro. Cuando se explica lo que se hace, los efectos que tiene y es reproducible por los demás de forma que genere debate y reflexión colectiva entre los investigadores se llama “Ciencia”. Cuando pontificas y no se sabe cómo (afirmaciones genéricas),  ni la razón de la estimación, se llama “cocina”. La “cocina” se puede hacer con datos y sin datos. Total, nadie te ve. Lo cantaba Sanz y parafraseo “cuando nadie te ve, puedes ser o no ser”. Cuando muestras lo que se hace, ya solamente puedes “ser” una cosa. Un científico social que hace ciencia.

Algún medio incluso reproduce los resultados con el modelo de estimación de voto más simpatía corregida por recuerdo de voto. Y dice, “¡mira, son diferentes! Las dos cosas. Que ahora puede comparar y decidir qué le gusta más, y que hay transparencia contando qué operaciones se hacen. ¿Y dónde para esto? En una gran verdad: “Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens” (Schiller). (Venga ya. La respuesta está, como siempre, en internet. Y que me perdone Dylan).

El modelo de imputación por simpatía es el menos intrusivo. Presume lo más básico sobre escenarios futuros de movilización. La corrección por recuerdo de voto (Modelo del Lago Constanza) vinculado a la teoría de la espiral del silencio (Noelle-Newmann) es un modelo que frena los cambios de forma muy significativa. Se desarrolló para modelar el sistema alemán antes de la reunificación. Dos partidos importantes y uno bisagra, con una estabilidad electoral impresionante (he visto como operaba el modelo en aquel tiempo) antes de la reunificación. Dejó de funcionar después de esta[1] (aunque no soy dado a la autocita) y ajustaron mucho mejor los modelos dinámicos que los estáticos. Ahora en España muchos que no se sabe de qué (hablan) insisten en aplicar un modelo inapropiado a una situación más volátil y cambiante. Ya les vale corregir recuperando la estructura del recuerdo de voto. Cuando el PP era el primero en intención de voto y el orden parecido en los demás partidos, tenía un “sigamos a ver”. Pero, vamos ya, con el orden trastocado de forma significativa (en términos estadísticos) en la intención de voto. ¿En serio que la mejor opción es construir la estimación partiendo de y reconstruyendo desde el resultado de 2016?

Esto es ciencia (los que la hacen) y todo es debatible. En mi experiencia y conocimiento les digo que no. Hay que reformular los sistemas de imputación, filtrado y ponderación para que sean más sensibles (expresen mejor) las dinámicas de los procesos actuales. No hay problema (aunque cacareos seguro), todas las operaciones serán explicadas en detalle para que sean reproducibles y debatibles. Y sí, más de uno y una, que no sabe por dónde les llega la metodología pero sí el dinero, continuarán con “han cambiado (o no han cambiado) y anda, han cambiado otra vez (o no han cambiado otra vez)”. En versión “cocina” nunca se sabe si cambian o continúan igual. Hay una cita atribuida a Einstein que dice más o menos “Cuando mueres, ya no sientes ni padeces nada. No percibes el dolor que causas a tu alrededor. Lo mismo pasa con los idiotas”. “Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens” (Schiller).

En todo caso, poca duda hay del disparate actual. Ciudadanos busca en la derecha más derecha su estrella polar. Y en parte ahí está la explicación de lo desaforado. Cuando te mueves hacia los extremos ganas en intensidad y decaes en cantidad. Sube el grito y baja el contenido. En esas dinámicas te siguen tus seguidores y los exaltados, pero espantas a los moderados. Y para exaltados ya está VOX en el catálogo. Lo peor es el deterioro de la democracia.

Según los datos del CIS, la mayoría de españoles creen que el Parlamento (es decir los políticos) está otra vez a por uvas. En sus cosas de políticos. Como antes de ocupar la Puerta del Sol. ¿En qué están muchos políticos? Que sí que sí, que a la tarara le gusta el vino, que no que no que solo bebe para olvidar, que sí que sí que bebe para cantar. Es decir, por vicio o por viejos hábitos o por prescripción facultativa (quizás demoscópica) vuelven a las andadas. Todo incentivado por el dicho popular: se han juntado el hambre con las ganas de comer. El hambre de noticias y escándalo de los medios con las ganas de comer micrófono de muchos políticos. ¿No hay temas que deberían empezar y terminar en los tribunales? “Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens” (Schiller).

En el fondo de la cuestión está la reflexión. Recuerdo al cómico disfrazado de Spiderman y su frase, “no es por no ir, pero ir para nada es tontería”. Pues eso. Supongo que en la derecha conocen y saben de los problemas reales de los ciudadanos (paro, desesperanza de los jóvenes, dependencia, violencia de género, pensiones, etc.). Pero, atender esos problemas es para nada. Es tontería. No sabrían qué hacer o decir para buscar soluciones. Menudo lío. Mejor fuerte y a la moral, puñalada por allí y trapera por allá (que en Cataluña también cuecen habas a toneladas).

Y más profundo aún está la relación entre la política y los poderes económicos. En democracia la relación siempre es complicada. Para el poder económico la política es una de dos cosas (usando a Propp y su Morfología del Cuento): una ayudante facilitadora o un obstáculo. Y por ello, medios de comunicación mediante (objeto mágico), en ocasiones están más por el ruido, ante la posible amenaza a sus nueces. No se pueden buscar soluciones a los problemas de la sociedad española sin entrar en las cuestiones de la creación, distribución y redistribución de la riqueza en España. Ya apareció la “bicha”. El conflicto de interés esencial. La pregunta clave es: ¿Qué interés y compromiso tienen los poderes económicos con la estabilidad social y la calidad de la democracia en España? No lo sé, como tampoco sé “Who let the dogs out” y no los recoge. Los azuza y enfurece aún más. “Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens” (Schiller).

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[1] Alaminos, A. Forecasting Elections with High Volatility. Italian Journal of Applied Statistics. 2015, 25(2): 165-184. http://hdl.handle.net/10045/51768