En una democracia que funciona sobresalen dos reglas, como señalan Levitsky y Ziblatt: la tolerancia mutua y la contención institucional. La tolerancia mutua, “aluce a la idea de que, siempre que nuestros adversarios acaten las reglas constitucionales, aceptaremos que tienen el mismo derecho a existir, competir por el poder y gobernar que nosotros”. La segunda, “consiste en evitar realizar acciones que, si bien respetan la ley escrita, vulneran a todas luces su espíritu”.

Vivimos tiempos donde estas dos normas están sufriendo mucho en todos los ámbitos, y especialmente en la política, debido a una creciente polarización excluyente, que ve enemigos donde hay adversarios; que intentan destruir a la persona que no piensa como uno, en lugar de dialogar, intentar convencerle de tus ideas, o de que tienen ideas distintas pero hay que respetarse.

El ambiente se está haciendo tan irrespirable y tan destructivo, que de continuar así puede hacer naufragar la democracia como sistema. Algo que ya ha ocurrido en otros momentos históricos. La situación es grave, y debemos denunciar a quienes la practican, para que los ciudadanos destierren estos comportamientos, y a las personas que los realicen, de la vida pública.

En este sentido, hace unos días, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, insultaba gravemente al presidente Zapatero, diciendo: “¿Usted sabe que estoy midiendo grados de imbecilidad? Que tiene que ver con cuántas aclaraciones necesita la gente para entender lo que se dice. Definitivamente, el señor Zapatero está en el grado más alto de imbecilidad actualmente. Ha necesitado siete explicaciones para entender. Y vamos a ver si luego de esta lo entiende…Lo único que vemos del señor Zapatero son favores al régimen de Maduro”.

Semejante ofensa retrata al personaje. Pero es necesario conocer lo que ha pasado, observar la secuencia de los hechos, para ver qué consecuencias deben tener estas palabras.

  • ¿Quién es este señor? El tal Luis Almagro es un uruguayo que fue ministro de Exteriores durante el gobierno Mujica (2010-2015). Aunque no debido salir muy bien, porque el MPP, partido de Mujica dentro del Frente Amplio le tiene abierto un expediente y le considera autoexcluido del movimiento por su actuación como Secretario General de la OEA.
  • Como Secretario General de OEA NO DESCARTA la intervención militar en Venezuela. El tal Almagro, en su visita a la ciudad colombiana de Cúcuta, la más próxima a Venezuela, señaló que «en cuanto a la intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro, no debemos descartar ninguna opción». Tras acusar al Gobierno de Venezuela de perpetrar crímenes de lesa humanidad.
  • El presidente Zapatero critica las declaraciones: «Resulta insólito que alguien que dirige un organismo internacional desconozca las reglas básicas de la Carta de las Naciones Unidas y de la legislación que regula el uso de la fuerza, que solo puede ser autorizado por el Consejo Seguridad de la ONU en una serie de supuestos».
  • Almagro insulta a Zapatero.
  • Almagro se ve obligado a rectificar sus declaraciones belicistas ante la avalancha de críticas. Once de los catorce países que forman el Grupo de Lima, grupo enfrentado al gobierno de Venezuela, acuerdan un documento donde muestran su “preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar en Venezuela”.
  • El gobierno Uruguayo desautoriza a Almagro y no apoyará su reelección en la OEA. En palabras del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, “El Gobierno no comparte para nada sus dichos. Si se plantea una reelección para el cargo de secretario general de la OEA, el gobierno uruguayo no va a apoyar su reelección. Los dichos de Almagro se alejan mucho de las líneas políticas del Frente Amplio».
  • El expresidente de Uruguay, José Mujica, también interviene y afirma que “el principio de no intervención no es negociable” y acusa a Almagro de olvidarse de otras crisis políticas y humanitarias de la zona.
  • El Gobierno español presenta una protesta ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por los insultos. En palabras del ministro español de exteriores, Josep Borrell,  «vamos a presentar una protesta por vía diplomática y un comunicado del Ministerio. No se puede aceptar que se llame al señor Zapatero el sumum de la imbecilidad, ese no es un lenguaje aceptable. Se puede discrepar legítimamente de los criterios políticos, pero no se puede llegar a esos niveles de descalificación personal y lo haremos saber por vía diplomática».

Este tipo de comportamiento, que encontramos con demasiada frecuencia en todas las democracias consolidadas, debe ser desterrado. ¿Cómo? Exigiendo responsabilidades  a quienes se comportan así. Es decir, el señor Almagro, tendría que haber dimitido ya o ser expulsado del cargo de secretario general de la OEA.

¿Cómo? Desterrando el cainísmo, y recuperando y potenciando la tolerancia mutua y la contención institucional. Será bueno para la democracia. Será bueno para la igualdad. Y será bueno para los ciudadanos y la convivencia.