Göran Therborn en su libro del año 2015 La desigualdad mata sostenía que la desigualdad social es uno de los grandes problemas y retos de nuestros días, que conlleva enormes sufrimientos humanos y una crisis de civilización. Diferenciaba entre tres tipos de desigualdad: la desigualdad vital, la desigualdad existencial y la desigualdad de recursos, estrechamente relacionadas entre sí.

En esta ocasión nos vamos a centrar en la desigualdad vital que se asocia con las diferentes oportunidades de los seres humanos. Es, en definitiva, fruto del propio desenvolvimiento social, y puede visualizarse a través de las tasas de mortalidad, la esperanza media de vida, la expectativa de salud (años hipotéticos de vida sin enfermedades de gravedad), así como con indicadores de salud infantil (peso al nacer, desarrollo corporal a determinada edad) y con datos referidos en las encuestas sobre el hambre y la desigualdad.

Respecto a la salud infantil, en el informe de la OCDE Health at a Glance 2015 se consignaba que España había experimentado un considerable aumento del número de bebés con bajo peso al nacer, siendo uno de los países de la OCDE con un mayor aumento en los últimos años. Los datos no dejan lugar a dudas, si en la década de los noventa del pasado siglo un 4,5% de los niños nacieron con bajo peso (según la Organización Mundial de Salud un peso inferior a los 2.500 gramos es bajo peso al nacimiento), en 2013 se disparó al 7,8% (en los países medios y de bajos ingresos el 20% de los niños, concretándose en 23 millones de infantes).

Entre los factores de riesgo reseñar hábitos insanos como el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol, pero también una mala alimentación y bajos niveles socioeconómicos y educativos de las madres. Es sintomático al respecto que en Estados Unidos, por ejemplo, haya diferencias en la proporción de bajo peso al nacer entre los grupos raciales, de hecho la tasa de bajo peso entre los bebés negros duplica a la de los  blancos (13% frente al 7% en 2013).

En lo que a nuestro país se refiere, a principios de marzo pasado se hizo público un estudio del antropólogo Carlos Varea de la Universidad Autónoma, la epidemióloga Sol Suarez del Instituto Karolinska de Suecia y del antropólogo Barry Bogin de la Universidad de Loughborough del Reino Unido (que aparecerá en un próximo número de la revista Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral) en donde constataron que la crisis económica ha aumentado  en más de un 18% el porcentaje de recién nacidos con bajo peso al nacer de madres “amas de casa”, etiqueta bajo la cual se sitúan las mujeres desempleadas y con peores cualificaciones.

El precitado estudio ha analizado 1,8 millones de partos simples que tuvieron lugar en España entre los años 2007 y 2017, constatándose varias tendencias: la primera que la crisis económica ha producido una sobrerrepresentación de madres con buena posición económica, a diferencia de las mujeres socieconómicamente más vulnerables. No en vano mujeres con trabajos de alta cualificación pasaron del 21% de las madres en 2007 al 32% en 2013, contrastando con las “amas de casa” que pasaron del 20% al 14,5% para los años de referencia.

La segunda tendencia es la elevación de la edad en la que las mujeres tienen su primer hijo, en 2007 el 31% superaba los 35 años y el 44% en 2015. La tercera es la reducción de la fertilidad desde el año 2008, fenómeno al que están singularmente contribuyendo las mujeres españolas más desfavorecidas económicamente y las residentes extranjeras.

Por último, tal como indicábamos anteriormente, mientras en 2007 el 5,7% de los bebés de madres con trabajos cualificados tuvieron bajo peso, un 6,2% en 2015, en el caso de las “amas de casa” un 7,6% y un 9%, respectivamente. Lo anterior contabiliza un incremento en su conjunto del 18%.

Si fijamos la atención en el nivel de estudios de las madres observamos que el porcentaje de niños con bajo peso al nacer pasó entre los años 2007 y 2015 del 3,5% al 6,1% en mujeres con estudios universitarios y en el caso de las mujeres con estudios primarios se elevó del 8,9% al 9,6%.

En esta misma línea un artículo publicado recientemente en la revista European Journal of Public Health bajo el título Trends in small-for-gestational age before and after the economic crisis in Spain  (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29444220) confirma la tendencia al bajo peso en España de los recién nacidos en el periodo temporal 2009-2013, con un aumento del 4%. Es llamativo que mientras en 2008 el 9% de los nacimientos, objeto de estudio en este trabajo, eran pequeños para su edad gestacional, en 2009 el porcentaje ascendiera al 13%, estabilizándose la cifra desde esa fecha.

Se aprecia, por tanto, que la desigualdad social se manifiesta desde el mismo momento de la concepción, viéndose comprometida la viabilidad del nasciturus, pero también su desarrollo neuronal, sensorial, cognitivo y mental (con posibles discapacidades intelectuales y retrasos físicos, de aprendizaje, comunicación, etc), además de predisponerle a lo largo de su vida a  tener un mayor riesgo de padecer patologías como la diabetes, enfermedades cardiovasculares, alta presión arterial, síndrome metabólico, obesidad…

El bajo peso al nacimiento estimo es una de las manifestaciones más cruel de los efectos de la desigualdad social, pues siguiendo a Therborn “la desigualdad es una violación de la dignidad humana, una negación de la posibilidad de desarrollo de las capacidades humanas, que… (pasando a un nivel propositivo)… requiere un enfoque empírico mucho más amplio y un enfoque teórico mucho más profundo de los existentes actualmente”.

¿Desde qué esferas abordar la problemática de la desigualdad social y evitar que los que todavía están por nacer se libren de un futuro negro y oscuro? Desde el ámbito de las ideas, desde el debate que se establezca de esta problemática en las  instituciones sociales potenciadoras de la igualdad y desde la arena política, con el objetivo claro de dar fin a la ya considerada como la era de las desigualdades, una desigualdad que parafraseando el título del libro de Therborn: MATA.