Los indultos concedidos por el Consejo de Ministros son (o deben ser) cosa del pasado. Las intervenciones del Presidente Sánchez en el Teatro del Liceo de Barcelona y en la comparecencia institucional subsiguiente a la reunión del Consejo de Ministros han dejado bien centrado el tema. Será misión del PSOE en todas las Provincias difundir entre los ciudadanos los argumentos que justificaban la concesión de los indultos. Pero en este artículo no voy a volver sobre una cuestión que ya han tratado muchas personas en la prensa, sino que pretendo avanzar algunas consideraciones que se compendian en una pregunta que evoca una conocida obra de Lenin: ¿Qué hacer?

Porque el Gobierno ha indultado a los autores del delito de sedición al considerar que debe cambiar el clima político de Cataluña, clima político caracterizado por un elevadísimo número de votantes de los partidos independentistas, votantes que consideran una afrenta la reclusión de los condenados en una prisión. Con la excarcelación de los condenados esa tensión se rebajará, pero es el momento de preguntarse por la actuación política a seguir. En este punto yo distinguiría entre la acción del Gobierno del Presidente Sánchez y la acción del PSC, partido que representa el socialismo democrático en Cataluña, y esa distinción nos lleva a la idea de que el Gobierno de la Nación y el PSOE han de desplegar su propia política catalana. ¿En qué consistiría la política catalana del Gobierno de la Nación y el PSOE?

El Gobierno de la Nación y el PSOE tienen un objetivo primordial que es asegurar el mejor encaje de Cataluña con el resto de España, y para ello hace falta fijarse objetivos destinados a debilitar el independentismo representado por determinados partidos secesionistas y por una ideología que ha ido calando en toda Cataluña.

En primer lugar, parece necesario recuperar la hegemonía de las posiciones no independentistas. Tarea difícil, porque todos los medios de comunicación catalanes (salvo La Vanguardia y El Periódico) están impregnados de secesionismo y de desprecio a España. Será necesario ganar esa batalla ideológica que costará mucho tiempo, pero no es imposible si el Estado regula el pluralismo de los medios de comunicación.

En segundo lugar, es necesario plantearse los objetivos a negociar con el Gobierno catalán. Objetivos que no coinciden con el margen de actuación política del Gobierno, que no puede comprometerse con un referéndum de independencia, ni tampoco con la amnistía. Hará falta mucha claridad de los fines de la política española en Cataluña para ofrecer cambios que no rompan la Constitución.

En tercer lugar, es necesario trabajar para recrear el catalanismo, anegado por la huida independentista de Convergència Democràtica de Catalunya. Es fundamental que los empresarios y la sociedad civil no independentista ayuden a crear un partido catalanista no secesionista. Y es igualmente necesario crear un gran frente ideológico con el catalanismo renacido, la fracción más sensata de los Comunes y el PSC para atraer, primero, a la mitad no secesionista de los catalanes y, después, reducir la influencia de esos secesionistas. Ello comporta organizar una franja muy extensa del pensamiento no secesionista y ahí tiene un protagonismo esencial el PSC.

En cuarto lugar, hay que desmontar la operación desestabilizadora del Partido Popular. Hay que trabajar en la opinión pública nacional para que se entienda: a) que la situación política de Cataluña estuvo provocada por la inacción del Gobierno de Rajoy; b) la actitud de las derechas que prefieren que aumente el secesionismo si con ello se debilita al Gobierno del Presidente Sánchez; c) que las actitudes extremas contra Cataluña refuerzan el secesionismo.

En quinto y último lugar, el PSC ha de avanzar en el camino que le hizo triunfar en las últimas elecciones, esto es, ofrecer un programa alternativo de recuperación del Estado social, desmantelado en Cataluña por los Gobiernos independentistas. Hace falta que los catalanes vean en el PSC el partido que devolverá el bienestar despilfarrado por los que invirtieron en identidad y no servicios.

Estas ideas se resumen en una que es primordial: arrebatar la hegemonía al independentismo y formar un gran frente catalanista que haga disminuir la confrontación.