El acuerdo entre el PSOE y ERC por el cual se hizo posible la investidura de Pedro Sánchez plantea la creación de “una mesa bilateral de diálogo, negociación y acuerdo para la resolución del conflicto político. Se pretende explorar y abordar la apertura de una nueva etapa basada en el diálogo efectivo, abierto y sincero y apostar por el reconocimiento y entendimiento institucional”.

Muchas son las dimensiones de análisis de este proceso que ha culminado con la formulación de este acuerdo y cuyas consecuencias creo que van a ser de una enorme trascendencia en esta nueva etapa política que se abre con la investidura de Pedro Sánchez y la constitución del nuevo Gobierno, el pasado 14 de enero. En esta ocasión me quiero referir a la que me parece potencialmente más relevante: el hecho de haber elegido el camino del diálogo.

El diálogo es para mí, la clave, de esta nueva etapa política. El diálogo tiene un enorme potencial si realmente se usa como lo que es: una herramienta que permite acercar posturas al escuchar y entender al contrario. Pero, sobre todo, el diálogo es un valor consustancial de la democracia.

Desde este punto de vista, creo que es de gran importancia que trabajemos para poner en valor que se haya acordado dialogar. Ya veremos a dónde conduce el camino emprendido. Pero, de entrada, el acuerdo de dialogar en una mesa bilateral ya nos ha traído un Gobierno legítimo, acabando con el bloqueo que hemos vivido durante tantos meses.

Puede decirse que ha vuelto la política. Y con la política, ya se ha resuelto un bloqueo que abre una nueva etapa política que debemos aspirar que sirva para avanzar en la resolución de algunos problemas estratégicos y para el abordaje eficaz de varios desafíos que condicionan nuestro bienestar futuro.

Este diálogo debería servir al menos también para desinflamar la complicada situación política generada con el conflicto político y territorial entre Cataluña y el resto de España. Desinflamar es un objetivo político prioritario. Y desinflamar será un proceso complejo que requiere un esfuerzo de reconocimiento mutuo y dar pasos que permitan generar empatía y confianza.

Conseguir desinflamar la política en Cataluña es un objetivo que puede permear en la propia sociedad y ayudar a abordar otros objetivos políticos que pueden terminar en el medio plazo, normalizando las cosas y haciendo factibles otros escenarios.

Lo que sucede es que en esta tarea loable y titánica la derecha y la ultraderecha españolas no van a arrimar el hombro pues, cada partido con sus protagonistas, ha decidido no dejar de usar el problema político y territorial con Cataluña para crispar a la sociedad y tener ahí una base de potencial apoyo electoral en una importante cantidad de ciudadanos.

Por eso, toca mantener el rumbo, explorar el camino del diálogo, generar las condiciones para aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que permitan desarrollar el programa social del nuevo Gobierno de coalición e impulsar una agenda legislativa que permita poner en pie nuevos derechos como el de la eutanasia y desarrollar las reformas necesarias en aspectos como la legislación laboral, el impulso a las medidas de la economía verde y tantas otras necesarias y comprometidas en la investidura. Una tarea titánica sin duda y difícil, pero imprescindible en este tiempo que nos ha tocado vivir en la política española.

Es por eso que se requiere poner en valor la decisión de transitar esta etapa desde el diálogo político y es de esperar que se alcen la voces necesarias desde cualquier ámbito social y político que crea en la importancia del diálogo como instrumento democrático para resolver los problemas de calado que afectan a nuestra sociedad.

Lo esencial es haber decidido dialogar; creo que se deberán valorar con detalle los eventuales acuerdos y algunos de ellos pueden requerir una consulta a la ciudadanía. Sería así una consulta sobre un eventual acuerdo, algo de enorme importancia. Esa eventual consulta se deberá hacer con pleno respeto a la legalidad. Este es el contenido esencial del acuerdo entre PSOE y ERC que ya ha producido su primer fruto al desbloquear la investidura y permitir la formación de Gobierno.

Es más que probable que el diálogo sobre Cataluña sólo lo veamos entre las fuerzas políticas del PSOE y del PSC con ERC y, en lo institucional, entre el Gobierno de España y la Generalitat mientras que en Madrid habrá un diálogo de sordos por la actitud de los partidos de la derecha y ultraderecha. Pero la importancia de poner en valor el diálogo para desinflamar es algo que afecta también a los periodistas y a los medios de comunicación, aunque el proceso no sea desarrollado en toda su plenitud ni con la celeridad deseable.

Para generar el caldo de cultivo adecuado he tenido el privilegio de impulsar, con otros y formar parte activa de un encuentro en Madrid, dos días después de la toma de posesión del nuevo Gobierno, que reunió a puerta cerrada a una veintena de periodistas de medios catalanes, ente los que había explícitos partidarios de la independencia y otra veintena de periodistas de Madrid, Galicia, Andalucía y País Vasco.

Pude observar una importante coincidencia en el hecho de que hay que fomentar el diálogo en todos los ámbitos de la sociedad y, dado el carácter del encuentro, entre periodistas de uno y otro lado, pues se constataron importantes áreas de desconocimiento entre la sociedad catalana y la del resto de España.

Y hablamos de la importancia de desinflamar y de cómo a ello puede contribuir el rigor del trabajo periodístico, el uso prudente de las palabras o también, poner en valor la importancia de dialogar y ponerse en el lugar de quien piensa de otra forma. Me llamó la atención una amplia coincidencia en la necesidad de acabar con determinados excesos verbales y periodísticos sobre Cataluña que han podido contribuir al aumento del independentismo.

De hecho, hubo un periodista de Madrid, que siendo un declarado no independentista afirmó que si respecto de su región de origen se hubieran publicado determinadas cosas que se han publicado refiriéndose a Cataluña, seguramente él se habría convertido en independentista. Pues eso. ¡A dialogar!