Un disco recopilatorio con sus doce mejores canciones, más tres temas inéditos es indispensable en nuestra fonoteca particular. Hoy, sin duda, es una de las mejores voces del Jazz.

Diana Krall nació el 11 de noviembre de 1964 en Nanaimo, pequeña localidad de pescadores en la isla de Vancouver, en la provincia canadiense de la Columbia Británica. Se crió con su hermana Michelle en un ambiente musical: su abuela era cantante de jazz, y sus padres, Adella y Jim, tocaban el piano.

A los cuatro años, la pequeña Diana empezó a tomar clases de piano. Cada domingo la familia al completo se reunía para interpretar clásicos de Nat King Cole o Frank Sinatra. «Nos turnábamos -recuerda ella en entrevistas-; ni siquiera puedo recordar cuándo no estábamos tocando.» Su primera influencia musical consciente fueron las decenas de discos de Fats Waller que coleccionaba su padre, y que ella intentaba reproducir nota por nota.

De adolescente, Krall se unió a la banda de jazz de su escuela superior, y a los quince años logró su primer trabajo remunerado: tocaba el piano tres noches a la semana en un restaurante local. Por entonces, empezó a atraerle cada vez más el papel de cantante-pianista, a imitación de sus admiradas Roberta Flack o Nina Simone, aunque sólo se sentía del todo cómoda como instrumentista.