Cuando se pregunta a los españoles si el líder de la oposición Pablo Casado, le inspira, personalmente, mucha confianza, bastante confianza, poca o ninguna confianza, un 85 por ciento responde que le inspira poca o ninguna confianza, un 9,3 por ciento que bastante confianza, y un 1,3 por ciento mucha confianza, según los datos del barómetro del CIS del mes de septiembre.

Junto a la anterior, cuando se pregunta a la población quien preferiría que fuese presidente del Gobierno en estos momentos de entre los principales líderes políticos, un 27,9 por ciento afirma que Pedro Sánchez; un 9,1 por ciento, Pablo Casado; un 8,9 por ciento, Inés Arrimadas; un 5,4 por ciento, Santiago Abascal; y 4,6 por ciento Pablo Iglesias.

Es decir, que, a día de hoy, a un 85 por ciento de españoles Pablo Casado le inspira poca o ninguna confianza, y solo un 9,3 por ciento de la población preferiría que fuera el presidente del Gobierno.

Tanto rechazo, por parte de los españoles, hacia su persona tendría que llevar al líder del PP a darse cuenta de que su estrategia de confrontación y deslealtad institucional con el gobierno de España no solo no es buena para el país, sino tampoco para él, a título individual.

Es momento de recordar a Pablo Casado la máxima de Cicerón, cuando en Filípicas XII.5 decía “Cuiusvis hominis est errare: nullius nisi insipientis, perseverare in errore” («Errar es humano, pero sólo el ignorante persevera en el error»). Y esperar, que realice un cambio de estrategia en el PP por el bien de España, de los españoles y de él mismo, como principal líder de la oposición. Si no quiere que se incrementen las críticas internas y las desautorizaciones externas de dirigentes de su partido que están gobernando la pandemia y demandan unidad frente a ella.

La gestión que está realizando el gobierno de España y que va a tener que realizar los próximos años, es esencial para el presente y futuro de los españoles. Por este motivo, el principal partido de la oposición, el PP, tiene que cambiar su estrategia de confrontación estéril y de deslealtad institucional, para dar paso a una colaboración con el gobierno de la nación, que tenga por finalidad mejorar la vida de los españoles.

Nadie está pidiendo al PP que cambie sus principios y sus propuestas políticas. Lo que se le está pidiendo es que colabore, desde sus planteamientos, en la aprobación de unos presupuestos generales del estado que son decisivos, y en el cumplimiento de la Constitución con las renovaciones de órganos constitucionales esenciales, que todavía no se han realizado por su bloqueo.

En las sociedades actuales, la gestión de los gobiernos se hace especialmente difícil cuando aumenta la crispación, la polarización y la desconfianza de los ciudadanos. Es por eso necesario, más que nunca, que se abandonen los oportunismos cortoplacistas, que un día sí y otro también realizan los partidos de la oposición, y se pongan de verdad a servir a los españoles.

En una democracia que funciona sobresalen dos reglas, como señalan Levitsky y Ziblatt: la tolerancia mutua y la contención institucional. La tolerancia mutua “aluce a la idea de que, siempre que nuestros adversarios acaten las reglas constitucionales, aceptaremos que tienen el mismo derecho a existir, competir por el poder y gobernar que nosotros”. La segunda, “consiste en evitar realizar acciones que, si bien respetan la ley escrita, vulneran a todas luces su espíritu”.

Vivimos tiempos donde estas dos normas están sufriendo mucho en todos los ámbitos, y especialmente en la política, debido a una creciente polarización excluyente, que ve enemigos donde hay adversarios; que intentan destruir a la persona que no piensa como uno, en lugar de dialogar, intentar convencerle de tus ideas, o de que tienen ideas distintas, pero hay que respetarse.

El ambiente se está haciendo tan irrespirable y destructivo, que de continuar así puede hacer naufragar la democracia como sistema. La situación es grave y debemos denunciar a quienes la practican, para que los ciudadanos destierren estos comportamientos, y a las personas que los realicen, de la vida pública.

Los españoles tienen claro que en España hay mucha crispación y tensión política. Así lo cree el 91 por ciento de población.

Los españoles tienen una gran preocupación por la crispación política, y así lo señala un 78,5 por ciento de los encuestados.

Los españoles creen que los partidos independentistas y el PP son los más responsables de la crispación y la tensión política. Y el líder del PP es el más responsable para un 17,5 por ciento, el mayor porcentaje, según los datos del barómetro del CIS del mes de octubre 2019.

Si a un 85 por ciento de españoles, Pablo Casado les inspira poca o ninguna confianza. Si solo un 9,3 por ciento de la población preferiría que fuera el presidente del Gobierno. Y si, además, un 87,8 por ciento de la población cree que debería hacerse algo para reducir la crispación política. Como se dice coloquialmente: blanco y en botella.

Ha llegado el momento de que el PP cambie de estrategia y vuelva a la lealtad institucional y a la unidad. Si no es por España, que lo haga por el mismo. Pero que lo haga.