Los de cierta edad hemos recordado estos días cuando en clase de historia nos hacían leer aquello de En picos, palas y azadones… ¡Almeida se ha convertido en émulo del Gran Capitán! Él pide tan solo 1.400 millones. No son como pedía Don Gonzalo para gastarlos en limosnas para que frailes y monjas rezasen, ni para guantes perfumados… ¡esperemos! Hay una cosa en común con el otro, ofrece cuentas absurdas y gastos desproporcionados. Aquel pretendía ridiculizar al Rey por pedirle cuentas, este tomar el pelo a todos los madrileños y españoles, tal vez, por no habérselas pedido como se debiera. Es a todos los españoles, pues el nacionalismo conservador considera, y nos quiere hacer creer, que lo que sucede en Madrid es lo único y lo más.

El alcalde madrileño como miembro del cuerpo de letrados del Estado no necesita explicación sobre lo que es un estrambote jurídico. Su petición lo es.

Lo dicho, y tal como lo ha dicho, no tiene por dónde agarrarse legalmente. Hay simplemente que leer lo que preceptúa el Capítulo V de la Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil. Esta parte de la normativa de protección civil, y la que la desarrolla reglamentariamente, está destinada a la recuperación. Contiene, entre otras cuestiones, los métodos para evaluar los daños producidos, y como si del perito del seguro se tratase, hay que ver bien el coche antes de decidir qué es lo que se paga y que no. En todo caso, solo los daños materiales producidos y aquellos que sea necesarios para restablecer la normalidad.  Con claridad meridiana lo determina el artículo 20, de dicha ley zanjando la cuestión:  Las medidas de recuperación se aplicarán en concepto de ayuda para contribuir al restablecimiento de la normalidad en las áreas afectadas, no teniendo, en ningún caso, carácter indemnizatorio.

¿Cuáles son los motivos para que aun cuando la emergencia estaba en plena efervescencia el alcalde suscitara el tema de las ayudas? El alcalde de Madrid, Almeida, debería haber estado en la resolución de los problemas de la ciudadanía.  No estar dando esa desproporcionada cifra, suscitando el ridículo colectivo; además de ir diciendo que la cantidad ha de ir destinada a sufragar el quebranto económico producido a comercios e industrias, sabiendo que este dinero y exenciones otorgados por el Gobierno de la Nación no pueden ser para sufragar el lucro cesante por los días de cierre obligado solo los daños materiales y morales. ¿Electoralismo? ¿Mala fe política? ¿Crear desazón en la ciudadanía? ¿Pre constituir pruebas para cuestionar al Gobierno?

De todo puede haber en el fondo de esta actitud de Almeida, nada casual. ¿Es una fase más en la estrategia de ahondar en la bronca política? La nieve también como objeto de la discordia.  En un país como el nuestro, de gatillo fácil, crear malestar y orfandad sobre lo público es sencillo de suscitar.

¿Los ciudadanos de Madrid no llegará un día en que se cansarán de que sus instituciones estén permanentemente en el problema y no en las soluciones?

Una segunda posibilidad es de consumo interno del PP.  A Diaz Ayuso conseguir protagonismo cada día le es más sencillo. Es capaz de convertir cualquier tema en categoría general del cuestionamiento gubernamental. En el Cuartel General de Génova esto se debe estar viviendo con cierta inquietud. Un protagonismo excesivo (exclusivo) de Ayuso empieza a poner en peligro la ya paupérrima imagen de liderazgo de Casado; su luz, como líder de la oposición, se difumina día a día caminando de la irrelevancia a la desaparición.

La última es la más plausible y la que nos debería hacer reaccionar. Es una burda manera de evitar que se le exijan responsabilidades por su nefasta gestión. Mientras se habla de aquello no se hace nada sobre esto.

Una ciudad que deja de funcionar tiene una responsabilidad directa e indelegable en las autoridades locales, en su alcalde.  La dimensión de la tempestad no es excusa. A los ciudadanos, en sociedades como la nuestra, lo que más les angustia es que su cotidianeidad quede traumáticamente rota por un hecho natural, si además se percibe que es por negligencia, ineptitud o incapacidad de sus responsables públicos, el malestar se convierte en serio cuestionamiento de la institución. “El Ayuntamiento no está para lo que tiene que estar con los impuestos que pagamos”.

Aunque vivamos, mundialmente, en una aparente confusión caótica del gobierno de los asuntos públicos por causa de la pandemia, salvo para una minoría ultramontana, todos hemos llegado a pensar que la crisis no es culpa de las instituciones políticas; comprobamos que los gestores políticos, intentan resolver el más grave suceso de nuestras vidas con mayor o menor fortuna y acierto. Eso tendrá su tiempo de reflexión.

El temporal es consecuencia inevitable de la Naturaleza, sin duda. La desmedida cantidad de nieve caída lo mismo, el caos producido sí tiene responsables.  Que la tercera capital europea se paralice durante más de una semana, por muy enorme que sea la tempestad, es un gravísimo problema de previsión y una supina incapacidad de gestión.

El Temporal Invernal ha provocado una crisis urbana que merece la pena que sea estudiada en profundidad. Las grandes redes de carreteras, esta vez, han soportado el inusual temporal. No hemos tenido noticia de personas atrapadas con riesgos para la vida humana y se ha ido restableciendo la normalidad de manera efectiva. El que algunos medios, junto al dueto de políticos madrileños, dieran la vara sobre el Aeropuerto madrileño es producto de una cierta ignorancia y, una vez más, el deseo de convertir todo en acusación, de cómo estos fenómenos afectan a transporte aéreo. Por ejemplo, en enero 2014, algo más de 1.300 vuelos fueron cancelados y otros muchos retrasados con motivo de un temporal de nieve en EEUU; un año después en otro temporal en el mismo mes fueron 2.000 vuelos, allí nieva un poquito más que aquí.

Evidentemente lo mismo que Barajas no está preparado para un temporal de nieve, una Comunidad como Madrid o un municipio como el capitalino tampoco. Ahora bien, las competencias y responsabilidades municipales son las que son y entre ellas son competencias propias de los ayuntamientos la seguridad en lugares públicos; la ordenación del tráfico de vehículos y personas en las vías urbanas; y la protección civil, entre otras muchas concurrentes con el suceso como los servicios de limpieza viaria, y dentro de ella, la retirada de restos de árboles en la vía pública y mantener limpios los imbornales de las calles.

Con la información ofrecida por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y por la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior los días 7 y 8 de enero que confirmaba las previsiones de temporal de máxima intensidad que desde final de año se estaban emitiendo, debería haber llevado a una actuación de las autoridades autonómicas y municipales excepcionales. El acierto en la gestión de crisis es la capacidad de previsión y el rápido restablecimiento de la normalidad, después solo queda marcharse.

Las Autoridades Nacionales tienen la obligación de poner a disposición de las locales y autonómicas los medios a su disposición para minimizar las consecuencias. Las Fuerzas Armadas disponen de la UME, con medios humanos, mecánicos y técnicos con capacidad sobrada para intervenir en operaciones para hacer frente a las situaciones creadas estos días, pudiendo dejar expeditas de nieve, hielo, y restos de árboles, las arterias de comunicación esenciales, y los accesos a los centros neurálgicos como hospitales. No hubiera requerido más que la preceptiva solicitud y la planificación para actuar pues medios en la Comunidad de Madrid hay sobrados.

Estamos viviendo tiempos difíciles y este deseado nuevo año ha venido acompañado por un ataque de la naturaleza, una prueba más para nuestra paciencia ciudadana y un motivo más para la unión y solidaridad. Vale. Pero, ya está bien de que surjan espontáneos grandes capitanes y capitanes intrépidos. Nos valen gestores públicos que ejerzan y asuman su responsabilidad, no que hagan cuentas, sino que den cuenta de por qué han dejado que Madrid sea una ciudad muy esperpéntica por la inoperancia gestora de sus políticos. Todavía es tiempo de exigir esa responsabilidad, no esperemos al siguiente caos.