A consecuencia del covid-19, la actividad en los centros médicos y clínicas de Reproducción Humana Asistida se ha paralizado, salvo consultas telemáticas a los pacientes y el trabajo de los embriólogos que deben mantener en perfecta conservación los gametos y embriones crioconservados. Entre el sector especializado y los usuarios de estas técnicas hay una notable preocupación por cómo discurrirán los acontecimientos tras la pandemia y si se volverá a la normalidad, particularmente, dando continuidad a los tratamientos iniciados que tuvieron que suspenderse y la de aquellos que estaban en las primas fases de planificación.

Las Técnicas de Reproducción Humana Asistida tratan de resolver la carencia que la esterilidad significa para parejas heterosexuales, mujeres solas o parejas homosexuales femeninas y masculinas (en este último caso recurren a la maternidad subrogada (prohibida por ley en nuestro país). La imposibilidad de tener descendencia biológica propia no pone en peligro la vida de quien la padece, ni atenta contra su integridad física, pero las derivaciones sí pueden resultar extremadamente perjudiciales para los afectados. Puede producir tal sentimiento de frustración y angustia que se lleve a procesos de minusvaloración personal y, en los casos más extremos, de perdida de sentido de la vida…. Frustración vinculada, según sugería David Kingsley, hace ya cuatro décadas, a que siempre y en toda sociedad conocida se espera de las parejas, específicamente de las mujeres que tengan familia.

Una cuestión delicada ha estado asociada a la intervención de los donantes como única alternativa para concebir (bien de semen o de óvulos). Conlleva que se traspasen los límites del grupo, haciéndolo más permeable, rompiendo con ello la idea de “comunidad de sangre” que le caracteriza. Con los donantes se introducen nuevos actores, el donante de semen o la donante de óvulos. Lo que sucede en la práctica es que la relación de sangre, que ha sido tradicionalmente el vínculo más fuerte de lo social, traspasa sus fronteras. Es como si se abriera este grupo cerrado grupo para dar entrada a otros participantes coyunturales que no llegarán a ser “miembros” del mismo, bajo argumentaciones del tipo de que puede debilitar los lazos familiares. De esta manera, la familia en sentido amplio y plural, como forma societaria pura, da paso, con la utilización de material genético de donantes, a una forma societaria en donde algunos de los participantes en la reproducción biológica quedan en el anonimato. Y salvo en casos estrictamente necesarios, como detallaremos a continuación, no se conocerá su identidad, pues su intervención se reduce a la finalidad terapéutica de ayudar a la naturaleza para combatir la esterilidad, pero no juega ningún papel en relación con el niño nacido fruto de su donación. Sin embargo, pese al anonimato, su presencia planea sobre el grupo/individuo, pues se entabla una relación que no se puede abandonar, incluso la normativa más estricta sobre la necesidad del anonimato recoge que en casos excepcionales (enfermedades de transmisión genética) hay que facilitar información sobre su identidad.

En esos términos lo recogía el Artículo 5.5. de la Ley 35/1988 sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida, una de las primeras dentro del contexto europeo, que decía lo siguiente “… Sólo excepcionalmente, en circunstancias extraordinarias que comporten un comprobado peligro para la vida del hijo, o cuando proceda con arreglo a las leyes procesales penales, podrá revelarse la identidad del donante, siempre que dicha revelación sea indispensable para evitar el peligro o para conseguir el fin legal propuesto. En tales casos se estará a lo dispuesto en el artículo 8.º, apartado 3. Dicha revelación tendrá carácter restringido y no implicará, en ningún caso, publicidad de la identidad del donante” implicando, en ningún caso, determinación legal de la filiación.   De igual modo la posterior Ley 14/2006 sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida que en su Artículo 5.5. sostenía que “La donación será anónima y deberá garantizarse la confidencialidad de los datos de identidad de los donantes por los bancos de gametos, así como, en su caso, por los registros de donantes y de actividad de los centros que se constituyan. Los hijos nacidos tienen derecho por sí o por sus representantes legales a obtener información general de los donantes que no incluya su identidad. Igual derecho corresponde a las receptoras de los gametos y de los preembriones”. Exigió que tanto los hospitales, clínicas y bancos de semen o de óvulos fueran obligados a conservar los datos de los donantes y de sus beneficiarios.

Salvaguardar el anonimato de los donantes es una forma de preservar la fuerza de los vínculos familiares. Asimismo, según sostienen sus defensores, ofrecer información sobre la identidad del donante originaría un inconveniente añadido, pues le podría ocasionar dificultades con su grupo de referencia y de orden personal. Por otro lado valoran que el vínculo legal del niño es con su familia institucional/social y, por tanto, sólo puede pertenecer a una familia; si así no fuera juzgan que los derechos de filiación se duplicarían (aunque como hemos visto la ley es clara al respecto), por ello, en el supuesto de que hubiera que proceder a la identificación del donante o la donante, el niño/a nunca ostentaría el derecho a reclamar la filiación.

En los últimos años hemos asistido a un debate sobre la eventualidad de modificar el anonimato de material reproductivo y, a tal efecto, el Comité de Bioética de España (CBE), en su reunión plenaria del pasado 15 de enero de 2020, acordó por unanimidad aprobar un Informe en el que se manifiesta a favor del derecho de los hijos nacidos de las Técnicas de Reproducción Humana Asistida a conocer sus orígenes biológicos. El documento lo evalúa desde, una dimensión científica, ética y legal y dice literalmente que “… está en consonancia con el debate a nivel europeo e, incluso, mundial sobre el derecho de los hijos nacidos de dichas técnicas a conocer su origen biológico”.  A la par justifica que la propuesta no tenga efectos retroactivos y pone sobre la mesa la obligatoriedad de crear un Registro Nacional a efectos de controlar el número de donaciones de una misma persona, con el objetivo de minimizar posibles casos de consanguinidad. Para el CBE este cambio supondría una mutación cultural en la práctica de la reproducción asistida y de las relaciones entre padres/madres biológicos- padres/madres sociales con los hijos e hijas nacidos de estas técnicas.

Por su parte la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) se ha posicionado también sobre el tema, mostrándose en contra de no respetar la regla del anonimato en las donaciones de gametos. El argumento fundamental en el que se apoyan es que, según datos del Registro Nacional de Actividad 2017 de la SEF, España se encuentra a la cabeza en la realización de tratamientos de reproducción asistida con donación de gametos y embriones. Plantean que cada vez hay una mayor demanda de tratamientos de mujeres sin pareja y parejas de mujeres homosexuales, que requieren de gametos o embriones donados, lo cual exige –según trazan- preservar el modelo actual del anonimato.

Concluyen que la mejor solución es que los padres/madres den a conocer a sus hijos/as cuál ha sido su origen, sin romper el anonimato de la donación, teniendo en cuenta que están previstas por la normativa española excepciones para salvaguardar la vida y salud de los hijos nacidos por medio de estas técnicas. Y que no estaría justificada una eliminación de la regla del anonimato, siendo la razón principal que manejan que conllevaría una reducción significativa de las donaciones que entienden repercutiría negativamente sobre la población que necesita gametos de donantes para tener descendencia.

Como vemos el debate es de hondo calado y en una sociedad madura como la nuestra la decisión final debería ser adoptada con el mayor grado de consenso entre los sectores y actores directamente implicados, junto con la participación de la ciudadanía en su conjunto. Veremos cómo se desenvuelven los acontecimientos tras este parón al que asistimos en el último mes y medio, que sin duda impactará en los tratamientos que se realicen y en la praxis diaria de estas técnicas.