En las últimas semanas se han producido reuniones importantes en lo relativo al futuro de la salud de nuestro planeta y por tanto de nuestro país. En primer lugar, a nivel internacional se celebraba la COP 27 en Egipto, siendo esta la 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y algunos días después, se ha celebrado la 16.ª edición del Congreso Nacional de Medio Ambiente -CONAMA-. Dos acontecimientos que deberían servir para avanzar hacia un modelo de sociedad más sostenible.

Ambos eventos han ocupado portadas de medios de comunicación, sin embargo, la realidad nos traslada que la ciudadanía sigue siendo escéptica respecto de la emergencia climática. No somos conscientes del daño que estamos haciendo al planeta y al futuro de las generaciones venideras.

El cambio climático está ahí, es uno de los principales riesgos a los que nos enfrentamos, sus consecuencias las estamos viviendo no en países lejanos al nuestro, sino en nuestro día a día. Olas de calor severas y noches tropicales, inundaciones, sequias, más virus y parásitos, mayor riesgo de incendios y mayor intensidad y frecuencia de los mismos, aumento de la contaminación del aire, reducción en la disponibilidad de agua y por tanto en la producción de electricidad por energía hidroeléctrica y nuclear. Nos dirigimos hacia un calentamiento global que está poniendo fin a la vida tal como la conocemos hasta ahora.

La primera COP se realizó en 1995 en Berlín, ya entonces se reconocía la amenaza del cambio climático. La evidencia científica y los datos existentes desde hace muchos años así lo constatan, y nos alertan de sus efectos y también nos brindan las herramientas y el conocimiento sobre cómo abordarlo y minimizar sus consecuencias. Son 27 años hablando de la necesidad de disminuir las emisiones de los gases que provocan el calentamiento global. Pero desgraciadamente también son 27 años de incremento del cambio climático y sus resultados.

Parece que nuestro país es uno de los más preocupados por la emergencia climática. Sin embargo, cuando hablas con familiares, vecinos, amigos, …, en definitiva, la ciudadanía sobre el significado de la COP, o simplemente qué es la COP y cuáles han sido los compromisos y los resultados alcanzados te das cuenta de la ignorancia y la ceguera que existe. Son muchas las personas que aún se niegan a actuar, a veces conscientemente, como el Gobierno de la Comunidad de Madrid con conocimiento, y otras inconscientemente, con los perjuicios que supone de cara a mitigar las consecuencias que tiene para todos.

Hay una falta de sensibilización ante el significado del cambio climático y como está afectando al medio ambiente, a la economía y a la salud. No es posible que únicamente cuando hay cumbres, congresos, o días internacionales aparezca el debate en medios de comunicación, este tema debe ocupar el lugar que merece.

La salud de nuestro planeta, y la vida, depende de lo que cada uno de nosotros hagamos. Pero los grandes generadores de contaminación, los países productores de petróleo, no tienen interés para que la población sea consciente de lo que está sucediendo y, de esta manera, seguir con la mala praxis para el planeta, pero eso sí, el gran beneficio económico para sus bolsillos. Los lobbies (grupos de presión) energéticos e industriales no permiten que el mensaje alcance a la sociedad, se mezclan una variedad de intereses a menudo contradictorios.

La COP-27 ha concluido con un resultado no satisfactorio. No se han alcanzado compromisos sobre el abandono gradual de los combustibles fósiles. El acuerdo al que se ha llegado, ha sido el apoyo financiero a los “países más vulnerables” para compensar pérdidas y daños provocados por catástrofes naturales derivadas del cambio climático, buena noticia, pero insuficiente.

Ayuda económica para países que están ya en situación de desertización, sequía, inundaciones, hambre y desnutrición, mientras los países más desarrollados seguiremos contaminando y externalizando el riesgo a terceros países.

Respecto del CONAMA, lleva celebrándose desde 1992, pero es aún más desconocido que la COP, y siendo necesario sigue sin llegar a la ciudadanía, especialmente a las personas jóvenes, estudiantes, jóvenes trabajadores y trabajadoras, al futuro de nuestro país. Que pese a ser una generación mucho más concienciada con el cambio climático, necesita aprender y aportar sus propias ideas.

España tiene un enorme potencial para ser la vanguardia de una transición energética innovadora, de nuevos yacimientos de empleo verde, la posibilidad de  impulsar y producir una transformación que pueda mitigar el cambio climático. Se echa en falta mayor educación y comunicación ambiental, fundamentales para divulgar y sensibilizar a la población y necesarias para lograr la transición ecológica.

Mayor compromiso y difusión a través de los medios de comunicación, no sólo cuando se producen desastres medioambientales, sino también cuando hay avances científicos. Se ha de producir una aceptación social, es posible otra manera de organizar ambientalmente los municipios, ciudades, regiones. La sociedad ha de comprometerse en la mejora de la salud del planeta ya que sin justicia ambiental no hay equidad social.

Trasformar el modelo económico y social a corto plazo y en el futuro, necesita la implicación de la sociedad, y de las Administraciones como ocurre con el Gobierno de nuestro país, pero también es necesaria la de las Comunidades Autónomas y de los municipios, el papel de lo local es imprescindible. Se precisa del apoyo de políticas públicas decididas que potencien las oportunidades que va a suponer esta transición ecológica, en coordinación con la iniciativa privada, de manera que se produzca un cambio hacia un modelo económico más ecológico generador de empleo decente.

Teniendo en cuenta que la transición ha de ser justa, haciendo un diagnóstico previo y valorando los riesgos, la manera de evitarlos y cómo prevenirlos y convertirlos en oportunidades, es imprescindible llevar a cabo una actividad económica que genere empleo y que sea compatible con la reducción de los impactos negativos de la transición ecológica y la descarbonización.

Movilidad sostenible, economía circular, nuevas fuentes de energía, agua, gestión de residuos, actividades relacionadas con la naturaleza, redes y ciudades inteligentes, y, en general, actividades para la mitigación del cambio climático que potencien un empleo decente, digno y de continuidad, dirigido principalmente a los colectivos más desfavorecidos: empleo juvenil y el de las mujeres, mediante formación, recualificación, subvenciones, asistencia técnica, inversiones, han de ser habituales y conocidos por la ciudadanía.

Construir un sistema económico sostenible y proteger adecuadamente los derechos de todas las personas, especialmente de las más vulnerables, es un importante reto para lograr la justicia social y conseguir un trabajo decente, digno, donde realmente haya unas mejoras de condiciones de seguridad y salud de los trabajadores y trabajadoras, en definitiva, un mayor estado del bienestar. Con mayor conocimiento y compromiso social avanzaremos.