En Europa vemos con estupor cómo la ultraderecha toma posiciones cuando aún no ha pasado un siglo de la Gran Depresión de los años 30 y de la posterior II Guerra Mundial.

Aquella época de fracasos económicos, de desafección política, de angustia y confusión social, provocó el surgimiento de los fascismos ofreciendo orden y seguridad, mensajes simplistas y excluyentes, búsqueda de culpables, y un surgimiento del odio.

Como recuerda Antonio Elorza, hace ahora un siglo, el 23 de marzo de 1919, era fundado el movimiento fascista los Fascios italianos de Combate, con Mussolini al frente.

Parecen repetirse ciertas circunstancias. La economía globalizada no funciona en Europa, está generando fracturas sociales, desigualdad, pérdida de la clase media, incertidumbre. Es la economía capitalista fomentada por una cultura neoliberal, que apuesta por una permanente desigualdad. Y paradójicamente, sus promotores, sus causantes, los que se han aprovechado de su doctrina, como el propio Trump, con engaños, evasión de impuestos, manipulación de mensajes, haciendo trampas económicas para enriquecerse, sin ninguna empatía social, son quienes ahora se convierten en abanderados de propuestas “fascistas”, excluyentes, de odio, para culpabilizar a los más desgraciados y vulnerables del fracaso del sistema.

Sorprendentemente, en Europa y aquí en España está pasando lo mismo.

El PP no se siente responsable de nada de lo ocurrido, ni con la burbuja inmobiliaria, ni con la corrupción institucionalizada de su partido, ni con los años de gobierno (hasta 20 años de ejercicio del nepotismo en Comunidades como Madrid y Valencia, que han sido saqueadas sin ningún pudor). Siguen defendiendo hundirnos en una espiral capitalista financiera que no encuentra hoy solución económica a sus crisis. Tampoco a ellos les preocupa, pero, después de ser parte responsable del incendio, pretenden avivar las llamas.

No entiendo la posición de Rivera y a dónde pretende conducir a Ciudadanos. Ya no es un partido liberal ni de centro, ya no es transversal, sino que se ha entregado completamente al PP por “obligación patriótica”. Una incomprensible estrategia electoral que en nada parece beneficiarles, puesto que solo les da oxígeno a un PP más preocupado en mirar a su derecha que en Ciudadanos.

Mientras, la novedad se sitúa en el extremo del tablero, en la ultraderecha. Quienes han sabido hacerse un hueco mediático con las propuestas más inverosímiles. Un votante indeciso me comentaba que quizás estaría bien votarles para que pusieran “orden”, pero que sus propuestas resultaban increíbles, seguro que las decían solamente para armar ruido, pero nadie ahora se replantea la homosexualidad, las armas o los toros. ¿Seguro?

De momento, y resulta un tanto angustioso, llenan sus listas de militares que se han significado a favor del franquismo. Que son los que representan a los “españoles de bien”, a los “patriotas”, a los que de verdad entienden a “España”. Una vez más, el sentido de patrimonialización, de posesión, de ser ellos y no los demás, se instala en un debate alejado de la esencia democrática.

Cuando se analiza por qué surgen estos fenómenos, los analistas lo achacan a la crisis económica, a la pérdida de la seguridad, a la incertidumbre frente al futuro, a la desconfianza con el sistema, a la ruptura del bienestar social, …. Y paradójicamente, la respuesta (que no la solución) proviene justamente de aquellos que rechazan la Democracia como sistema político social.