Este es el título del manifiesto que el pasado viernes, seis de diciembre, se leyó en Madrid tras la Marcha por el Clima. Una manifestación, respaldada por más de 850 organizaciones, que llenó las calles de nuestra ciudad de miles de personas. Pero, sobre todo, llenó las calles de esperanza y de determinación para reducir las emisiones contaminantes. Llenó las calles de esperanza y de determinación para poner en marcha el año que viene el Acuerdo de París de manera efectiva. Llenó las calles de esperanza y de determinación para mantener el aumento de temperatura del planeta por debajo de los 1,5 grados.

Podía haber sido una manifestación más, con miles de personas. Pero no, porque: por una parte, se ha producido una ruptura interna de muchos ciudadanos, la mayoría, con un modelo económico que lleva al desastre climático, social, económico y político; y por otra, ha surgido un compromiso ciudadano, que reivindica acciones contra la emergencia climática y herramientas para realizar un cambio de su modo de vida cotidiana.

Se puede afirmar, que este momento de crisis climática va a ser determinante en el proceso de transformación social que se está viviendo, pero que se vivirá más en profundidad durante los próximos años.

Algo importante ha ocurrido y, tras la manifestación y la cumbre, al menos en lo que concierne a la sociedad española, los negacionistas, ya sean del ámbito empresarial o político, lo van a tener no solo más difícil, que lo tendrán, sino que van a tener que dejar de arrastrar los pies y ponerse al frente de la realización de políticas eficaces ante la emergencia climática que vivimos, si quieren permanecer en sus puestos. ¿Por qué? Porque ni los ciudadanos, ni los accionistas, ni los inversores van a permitir que les dirijan personas que van contra de la supervivencia del planeta.

Los cambios históricos, como señala Piketty, se derivan de la interacción entre la lógica de los eventos políticos de corto plazo y las lógicas políticas e ideológicas de largo plazo. La evolución de las ideas no significa nada mientras no conduzca a ensayos institucionales y a demostraciones prácticas que deben superar el fragor de los acontecimientos, las luchas sociales, las insurrecciones y las crisis. Pues bien, eso es precisamente lo que ha ocurrido.

Las movilizaciones colectivas y los cambios políticos e ideológicos que se han venido produciendo durante los últimos años con la crisis y sus consecuencias, se visualizan hoy en la trasformación que están sufriendo y van a sufrir las prioridades en todas las sociedades. Los derechos humanos y las personas se van anteponiendo frente a la concentración de la riqueza en pocas manos. El camino no será fácil ni rápido, pero ya ha comenzado la transformación.

Y aquí, hay que felicitarse porque el gobierno de nuestro país sea protagonista en esta lucha contra la emergencia climática. España se está convirtiendo, de nuevo, en un referente, que hay que afianzar, para que ningún cambio de gobierno pueda volver a modificar el rumbo.

Es la hora. Hay que hacerlo y hay que exigirlo con nuestro voto y nuestro consumo.

Por último, es bueno recordar que decía el manifiesto:

EL MUNDO DESPERTÓ ANTE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA

El pasado septiembre salieron a la calle millones de personas demandando el derecho a un presente y futuro digno, sin dejar a nadie atrás. Miles de municipios acogieron manifestaciones impulsadas por una juventud movilizada por el clima que exigían que, frente a la emergencia climática, son necesarias medidas capaces de atacar un sistema que genera una creciente e inaceptable degradación social y ambiental.

Después de la renuncia de Brasil a presidir la COP25, acompañada de políticas anticlimáticas que han llevado a la mayor deforestación de la selva amazónica en los últimos años, las decisiones del gobierno chileno de Sebastián Piñera de cancelar la celebración dela COP25 en Chile –ignorando a los movimientos sociales chilenos y del resto de América Latina y su trabajo previo de meses– y del gobierno en funciones de Pedro Sánchez de acoger el evento, sitúan a Madrid como el altavoz de las personas que ya están sufriendo las consecuencias de la crisis climática y aquellas que las sufrirán en las próximas décadas. Condenamos de forma tajante y sin tapujos la violación de Derechos Humanos en Chile y exigimos su cese. La represión contra el pueblo chileno por parte de su gobierno es un ataque a la democracia y a la lucha por la justicia social y ambiental. Hacemos esta condena extensible al resto de zonas del mundo donde se están produciendo los mismos o parecidos procesos.

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado el pasado agosto, señala que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores es el único modo de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5°C. La comunidad científica alerta del deterioro de un gran número de ecosistemas, tanto terrestres como marinos, así como del punto de no retorno frente al cambio climático.

Los recientes informes sobre el estado de la biodiversidad del IPBES (Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos) señalan que alrededor de un millón de especies entre animales y plantas se encuentran al borde de la extinción como consecuencia de las actividades humanas. Asimismo, No responder con suficiente rapidez y contundencia a la emergencia climática, ecológica y social supondrá la muerte, el desplazamiento y el aumento de la pobreza extrema para millones de personas, además de la extinción de muchas especies e, incluso, de ecosistemas completos.

La realidad es que las emisiones siguen incrementándose a nivel global mientras que la falta de ambición de los estados condena al planeta a un calentamiento muy superior a 1,5ºC. El próximo año debería empezar a aplicarse el Acuerdo de París. Sin embargo, muchas de las cuestiones claves siguen bloqueadas o sin resolverse. La COP25, además de cerrar las normas sobre contabilidad y presentación de los compromisos, el conocido como libro de reglas, debería suponer un avance claro en la provisión de fondos suficientes e importantes mejoras en instrumentos como el Fondo Verde para el Clima o el Mecanismo de Varsovia para las pérdidas y daños, unas herramientas fundamentales para paliar las peores consecuencias que ya ha provocado y provocará la continua quema de combustibles fósiles.

Es inadmisible que tantos gobiernos, parlamentos, partidos políticos e instituciones públicas sigan entregados a las presiones de las grandes empresas, los bancos y los mercados financieros, en lugar de velar por el bien común, por las personas y el planeta que nos sostiene.

Afrontar la emergencia climática es incompatible con que los combustibles fósiles sigan recibiendo cientos de miles de millones de euros de ayudas públicas todos los años. Exigimos a los gobiernos participantes en la COP25 que reconozcan que la inacción climática actual e insuficiente ambición que reflejan los compromisos más ambiciosos de los países nos conducirán a un calentamiento global desastroso para la vida, que superaría los 3,5ºC.

Es irresponsable que a un año del inicio de la aplicación del Acuerdo de París siga sin existir ningún mecanismo capaz de forzar acciones y medidas que obliguen a que los compromisos nacionales se ajusten una ruta de descenso de las emisiones compatible con las indicaciones científicas.

La COP25 debe fijar la voluntad expresa de todos los países de elevar la ambición de sus compromisos antes de la COP26 de 2020. Ese compromiso de mayor ambición debe ser liderado por la Unión Europea y el G20, más ahora que acoge la celebración de la cumbre en su territorio, y el gobierno de España debe alinearse inequívocamente con ese llamamiento a una mayor ambición, que debe plasmar en objetivos y medidas más exigentes que los actuales en todas las políticas económicas, energéticas, de transporte, agrícolas, ganaderas, de conservación de los ecosistemas y de cooperación internacional.

Del mismo modo, la transición ecológica requiere de la participación de toda la ciudadanía en la toma de decisiones. El establecimiento de mecanismos reales y efectivos de propuesta ejecución y evaluación de las políticas climáticas debe permitir la plena participación de toda la ciudadanía. Un modelo de desarrollo capitalista y depredador basado en un crecimiento económico infinito es incompatible con los límites planetarios. Es precisa una transición hacia modelos ecosociales sostenibles, con menor consumo de materiales y energía, que no desborden los límites biofísicos del planeta. Apostar por un nuevo modelo energético desechando las falsas soluciones como la energía nuclear, la geoingeniería o los biocombustibles como el aceite de palma.

Conscientes de la emergencia ecológica en la que vivimos y de la temeraria inacción de los gobiernos mundiales, diversas organizaciones, plataformas y movimientos sociales, sindicales y ambientales de todo el estado español; nos unimos al llamamiento realizado por toda la comunidad internacional, y en especial de la juventud movilizada por el clima en Fridays for Future, de volver a salir a la calle exigiendo el próximo sábado 6 de diciembre medidas reales y ambiciosas a la comunidad internacional reunida en la COP25.

Una manifestación en solidaridad con las personas y los pueblos que sufren con especial virulencia la degradación ambiental y social que han supuesto las políticas neoliberales extendidas por el planeta. En Chile y por todo el mundo hay claros ejemplos de cómo se vulneran sistemáticamente derechos humanos y ambientales. En Chile la política extractivista, las zonas de sacrificio y la política hidráulica devastadora con regiones completas son ejemplos de lo que no es permisible. La denuncia de estos hechos debería tener su altavoz en la COP25 y una transición justa y equitativa.

Apenas queda tiempo para frenar la emergencia climática y necesitamos que se oiga la voz de todos los pueblos y personas, en Santiago de Chile y en Madrid, la voz de la juventud movilizada por el clima, de las poblaciones indígenas que sufren las causas y las consecuencias del cambio climático, de las mujeres que cumplen un rol fundamental en la lucha climática y la voz de toda la vida en el planeta.