Con ocasión de la Diada, el Presidente Torra ha dirigido una alocución en la que solicitó que el Rey Felipe VI y el Presidente Sánchez se disculpen de manera solemne ante el pueblo catalán por la ejecución del Presidente Companys. Si se tratara de otros políticos podría pensarse que ha hablado así por ignorancia, pero el Presidente Torra, autor incluso de alguna bibliografía de agit-prop secesionista, no puede desconocer cómo se produjo la ejecución del Presidente de la Generalidad republicana. Torra ha de saber que no es posible pedir disculpas porque ni Felipe VI ni Pedro Sánchez, a título personal, ni ambos como titulares de dos órganos constitucionales, han de pedir disculpas de nada. Pero la intervención de Torra denota, en primer lugar, una idea falaz inventada por el nacionalismo catalán de todos los colores y de todos los grados, a saber, que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Cataluña. Y, en segundo lugar, las palabras de Torra tienden a ocultar una realidad un poco más dura y menos idílica de lo que sostienen los independentistas catalanes, esto es, que hubo muchos catalanes que colaboraron con los rebeldes y con la subsiguiente dictadura franquista y que muchos catalanes aplaudieron el fusilamiento de Companys y la persecución de los catalanes republicanos. Empecemos por el primer punto.

La Guerra Civil española, iniciada el 17 de julio de 1936, no fue una guerra  de España contra Cataluña. Fue una guerra iniciada por militares monárquicos contra el régimen democrático vigente en España. Cuando los rebeldes llegaron al límite provincial de Lérida derogaron el Estatuto de Autonomía de 1932, pero por motivos simbólicos y propagandísticos, pues cuando el Ejército sublevado entraba en cualquier parte de España aplicaba la legislación de la nueva dictadura y derogada de facto el régimen republicano. Es decir, los catalanes sufrieron la misma represión que desde el 17 de julio habían sufrido los gallegos, los navarros, los ciudadanos de toda Castilla la Vieja, o parte de los andaluces y de los vascos. No sufrieron más ni menos que otros españoles y tras los catalanes experimentaron la represión los valencianos, los murcianos y los habitantes de Castilla la Nueva. Y si Barcelona fue bombardeada también lo fue Madrid, Guernica, Almería y Valencia. Ho es cierto que fuera una guerra contra Cataluña, sino una guerra contra la democracia española. Es más, no se vio a la burguesía barcelonesa enfrentarse  a los militares sublevados el 18 de julio. Quienes abortaron la sublevación en Barcelona fueron los xarnegos encuadrados en la CNT y la Guardia Civil, cuyos miembros eran mayoritariamente de fuera de Cataluña.

Por otra parte, una parte de la burguesía catalana participó en el Golpe de Estado y apoyó con entusiasmo la dictadura de Franco. En primer lugar, el dirigente de la Lliga, Cambó, que no sólo apoyó la sublevación sino que puso a su más estrecho colaborador, el Ministro de la Monarquía Juan Ventrosa Calvell, al servicio de los rebeldes. Cambó no se limitó a poner a disposición de Salamanca a Ventosa Calvell, sino que financió el primer servicio de espionaje de los rebeldes en Francia, el Servicio de Información de la Frontera del Norte de España (SIFNE), que dirigió otro antiguo Diputado de la Lliga y exMinistro de la Monarquía, José Bertrán y Musitu. Si vemos las conexiones familiares de Cambó, de Ventosa Calvell y de Bertrán y Musitu con la oligarquía catalana, no parece que esta clase social estuviera al margen del Golpe de Estado. Todavía durante la guerra, los jóvenes burgueses catalanes que huyeron de Cataluña hacia la zona rebelde se incorporaron al Tercio de Nuestra Señora de Montserrat que encuadró a los requetés. Por cierto que el Tercio de Montserrat formó parte del Ejército que ocupó Cataluña, de modo que una unidad militar formada por catalanes ocupo su tierra como un país vencido. Los catalanes incorporados al Ejército rebelde pertenecían a lo más granado de la burguesía y de la nobleza catalana y entre ellos estaba, por ejemplo, el gran historiador  Martín de Riquer que resultó mutilado. ¿Pedirá Torra que se disculpen por el fusilamiento de Companys los descendientes de Cambó, Ventosa, Calvell, Bertrán y Musitu, Martín de Riquer y los novecientos catalanes, que formaron la unidad?

Y al acabar la Guerra Civil y asentarse el nuevo Estado, Franco no tuvo que enviar a Cataluña procónsules foráneos para gobernar aquellas provincias. Con el Ejército de ocupación entró en Cataluña el empresario Miguel Mateu Pla que a continuación fue designado Alcalde de Barcelona hasta 1945. Y la Diputación Provincial de Barcelona fue presidida por el falangista Antonio María Simarro Puig, y lo mismo podemos decir de todos los Ayuntamientos catalanes y de las otras tres Diputaciones Provinciales: una densa red de Concejales catalanes fue designada para hacerse cargo de toda la Administración Local. ¿Pedirá Torra que se disculpen por la ejecución de Companys los descendientes de los miles de Concejales y Alcaldes que ocuparon la Administración local catalana durante la dictadura?