Tras la presentación de la moción de censura contra el Gobierno que preside Mariano Rajoy, parece que la imaginación se ha disparado para dar interpretaciones exóticas de lo que es el instrumento de la moción de censura. Especialmente Ciudadanos y, en menor medida, Podemos, están lanzando curiosas iniciativas sobre mociones “instrumentales” que servirían para desembocar rápidamente en elecciones. Nada nuevo en la experiencia constitucional, porque en la legislatura 1993-1996, Julio Anguita, que actuaba de mamporrero de José María Aznar, presentó una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados donde solicitaba del Presidente del Gobierno la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones.

De acuerdo con el artículo 113 de la Constitución, la moción de censura sirve para romper la relación de confianza anudada entre el Congreso de los Diputados (que votó la investidura) y el Presidente del Gobierno (que recibió la investidura). Aunque la Constitución habla de exigir la responsabilidad política del Gobierno, en realidad a quien se pide esa responsabilidad política es al Presidente tanto porque el Gobierno es un ente subordinado al Presidente como por el hecho de que el Congreso de los Diputados ha otorgado su confianza al Presidente, sin tener en cuenta al Gobierno (que normalmente ni conoce al votar la investidura). Con la moción de censura se pretende romper esa relación de confianza, por entender el Congreso que el Presidente ya no es digno de la misma.

Con ese punto de partida, la propuesta de un candidato alternativo es relativamente secundaria. La Constitución imitó a la Ley Fundamental de Bonn y optó por dar carácter “constructivo” a la moción de censura, con el fin de dificultarla pues la exigencia de un candidato alternativo es un obstáculo, a veces insalvable, a la moción de censura. En Alemania se introdujo para ahuyentar el temor de las crisis gubernamentales de los años en la República de Weimar y en España pareció un buen procedimiento para evitar mayorías destructivas, que luego no serían capaces de construir una mayoría de Gobierno. Por eso es lícito plantear una moción de censura si el Gobierno o su Presidente han dado pie a la ruptura de la relación fiduciaria con el Parlamento con una conducta reprobable, como es, por ejemplo, la sentencia del caso Gürtel. Basta que tenga atisbos de prosperar y no sea una operación imposible, como intentó Podemos hace un año.

La moción de censura presentada por el PSOE prosperará o no prosperará, pero logrará dos objetivos. Por una parte, dejar en evidencia la inmersión en la corrupción del partido que apoya al Gobierno y que alcanza a su Presidente como dirigente de ese partido. En segundo lugar, sirve para situar a cada partido en su lugar, especialmente los partidos cuyo voto es determinante como Ciudadanos, Podemos y PNV. Cada cual aparecerá ante la opinión pública como apoyo del Gobierno de Gürtel o como apoyo a una renovación gubernamental.

Por eso, plantear mociones de censura “instrumentales”, como propone Ciudadanos y parece dispuesto a comprar Podemos es una aventura poco acorde con la Constitución, que persigue la sustitución de un Gobierno por otro, no la convocatoria de elecciones que es una facultad del Presidente del Gobierno al que se pretende suplantar con una loción de censura espuria.

Finalmente, una consideración que probablemente no se materialice. En las horas previas a la celebración del debate ha corrido el rumor de que el Presidente Rajoy podría dimitir si veía que la moción iba a prosperar. Ante esa eventualidad, hay quienes han llegado a hablar de Maniobra ilegítima o hasta de golpe de Estado. Nada de eso. La dimisión de un Presidente del Gobierno mientras se debate su censura es una operación fea, pero jurídicamente posible y que se puede plasmar hasta el minuto anterior al que la Presidencia del Congreso llama a la votación. No existe un derecho fundamental a obtener la votación de confianza de un Parlamento. Operación fea pero no vedada por el ordenamiento.