La superación de la crisis que sufre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) requiere una verdadera reconversión que lo situé en las mejores condiciones de afrontar los desafíos del hoy y del mañana, desde los principios y valores de la socialdemocracia como la justicia social, la igualdad, la solidaridad y la libertad frente al neoliberalismo y la derecha. Que le permitan recuperar la mayoría social, centrando sus propuestas en los jóvenes y los trabajadores y trabajadoras. Por eso las propuestas y debates del proceso congresual van a ser fundamentales para la recuperación y renovación del PSOE, tan deseada por todos los afiliados y simpatizantes. Uno de los mayores desafíos es el futuro del trabajo, por ello van a ser determinantes la visión y soluciones que defiendan los socialistas sobre la centralidad del trabajo en la construcción de un nuevo modelo económico y social justo y sostenible.

El trabajo está sumido en diferentes procesos de crisis e incertidumbres. Originados, entre otros, por la globalización de la economía; por los cambios en la organización del trabajo, de la producción y por los nuevos hábitos y formas de consumo; por los procesos de digitalización; por los impactos del cambio climático y por las devastadoras consecuencias de la crisis económica y financiera. Que han provocado un aumento del desempleo, de la precariedad del empleo, de las desigualdades sociales y de la pobreza.

El actual desarrollo productivo posibilitaría que la humanidad generase suficientes recursos para dar satisfacción a todas sus necesidades, en cambio el capitalismo actual se caracteriza por la mayor concentración de la riqueza, de la propiedad y del poder. Según el Informe de Oxfam Intermón, de enero de 2017, tan solo ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que 3600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad.

Estas enormes e intolerables desigualdades son los resultados de una globalización de la economía injusta, sin instituciones eficaces para su gobernanza democrática y equitativa. Que se ha desarrollado bajo la hegemonía de la ideología neoliberal, que viene dominando en el mundo industrializado desde finales de los años 70 del pasado siglo, imponiendo la reducción del Estado del bienestar, procesos masivos de privatizaciones, las deslocalizaciones empresariales, los paraísos fiscales y la evasión de impuestos por parte de las empresas. Junto con la desregulación de los derechos de los trabajadores, con el argumento permanente de la reducción estructural de los costes laborales para incrementar la competitividad y los beneficios de las empresas

En la mayoría de los países, en el nuestro aún más, se ha reducido la participación de las rentas del trabajo en el Producto Interior Bruto (PIB), las causas se encuentran en las políticas de austeridad, recortes y contrarreformas laborales y sociales preconizadas por las instancias internacionales y aplicadas por los gobiernos conservadores y socialdemócratas, con más o menos entusiasmo.

La revolución digital está transformando la sociedad y la economía, representa avances: la eficiencia económica, el incremento de la productividad y la implantación de nuevas actividades. Pero es innegable que también incorpora efectos negativos: la destrucción de empleo y las inseguridades sobre el futuro del trabajo. No se pueden dejar al azar, como vienen practicando los gobiernos e instituciones, las consecuencias económicas y sociales de los procesos de introducción de nuevas tecnologías. Los socialdemócratas han liderado las transformaciones sociales en las tres revoluciones tecnológicas anteriores, en la actual es necesario luchar para que los poderes públicos establezcan políticas y regulaciones para prever el impacto de los cambios los tecnológicos, proteger a los trabajadores ante los efectos traumáticos y redistribuir los incrementos de la productividad.

El desempleo, las desigualdades, la inseguridad económica, las migraciones y la exclusión social son el caldo de cultivo de los proteccionismos, de los nacionalismos y de la xenofobia que están en auge en distintas áreas geográficas: el Brexit en el Reino Unido, Trump en Estados Unidos y los diferentes movimientos de extrema derecha en Europa. El movimiento socialdemócrata debe ser contundente en su rechazo del autoritarismo, en la defensa de la libertad, democracia y la paz, en el respeto de los derechos humanos y en la solidaridad con los refugiados y los emigrantes.

La socialdemocracia y el movimiento sindical se forjaron en la primera revolución industrial, en la lucha por las libertades y por los derechos de los trabajadores y sus familias, desarrollando su intervención política y social para eliminar las desigualdades e injusticias provocadas por la acumulación por unos pocos de los beneficios del desarrollo, mientras la inmensa mayoría de la sociedad sufría múltiples privaciones y la explotación. Los socialdemócratas lograron superar los desafíos de la etapa del capitalismo industrial construyendo la democracia, logrando el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, la redistribución de la renta y el desarrollo de los avances sociales, como el estado del bienestar, que posibilitaron que este largo periodo tuviera un desenvolvimiento socialmente sostenible. El futuro del trabajo no está predeterminado su evolución dependerá de las políticas que se lleven a la práctica, de las decisiones públicas y privadas que se adopten en los ámbitos nacionales e internacionales.

En la fase actual del capitalismo financiero la socialdemocracia necesita superar su falta de perspectiva estratégica ante la globalización económica y la revolución tecnológica, hoy en día abundan los diagnósticos, pero faltan soluciones. Esa ausencia de propuestas estratégicas y de soluciones viables es la que ha llevado a la socialdemocracia a no diferenciarse del conservadurismo. A practicar una política de acompañamiento del neoliberalismo, y como máximo aspirar atenuar el impacto de las políticas y reformas más agresivas de la derecha. En esta situación se han producido grandes retrocesos electorales en muchos países industrializados tanto en el pasado como en el presente. Para muchos jóvenes y trabajadores los socialdemócratas han dejado de ser su referente político.

El PSOE está inmerso en una crisis abierta desde el Comité Federal del pasado mes de octubre, que se saldó con la dimisión de su Secretario General, Pedro Sánchez, y el nombramiento de una Comisión Gestora, que impuso la abstención del Grupo Parlamentario Socialista en la investidura de Mariano Rajoy. Ante estos hechos amplios sectores de la militancia han venido desplegando una potente movilización y han expresado el rechazo a la abstención que ha facilitado el Gobierno de nuevo al Partido Popular, exigiendo la convocatoria urgente del congreso y de las primarias, el respeto de la democracia interna y la participación de los afiliados en la toma de decisiones.

En el debate congresual y de las primarias los aspirantes a la secretaría general deberían explicitar sus propuestas y alternativas para recuperar al PSOE y fortalecer las señas de identidad del socialismo. Modernizar el ideario socialdemócrata y concretar los objetivos estratégicos que posibiliten hacer frente a los retos económicos, políticos y sociales que tiene que afrontar nuestro país. Todo ello para recuperar el apoyo de la mayoría de la ciudadanía, pero no parece que lo más acertado sea sumergirse en la nostalgia y pretender repetir las políticas del pasado ante los desafíos presentes y mucho menos aún para los del futuro.

 

Las propuestas presentadas por Pedro Sánchez, el pasado 20 de febrero, en el documento “Por una nueva socialdemocracia” recogen las orientaciones y planteamientos arriba citados, que deben de ser perfeccionadas con las aportaciones de los afiliados y afiliadas a lo largo del proceso congresual. Se asientan en la reafirmación de los principios y valores del socialismo; la firmeza en el rechazo de las políticas conservadoras y del neoliberalismo; plantean alternativas a las políticas de la derecha y a las graves consecuencias de la crisis en nuestro país y se preconiza un modelo de partido unido, integrador, solidario y participativo. Estas propuestas, junto otras muchas contenidas en dicho documento, configuran los ejes estratégicos de un proyecto necesario, sólido y fiable para la recuperación del PSOE y de la izquierda en nuestro país.

Se propone promover un nuevo modelo económico y social basado en la justicia social, en la igualdad y en la solidaridad. Reforzar la inversión en capital físico, en capital tecnológico y en capital humano, para dotarnos de un patrón de crecimiento más sostenible y duradero. Que persiga el pleno empleo con medidas de reparto del empleo a través de la reducción y reordenación del tiempo de trabajo, la protección a las personas desempleadas, la igualdad de género y las políticas medioambientales. Desarrollar políticas de redistribución de la renta, garantizar el sistema público de pensiones, los servicios públicos y los servicios sociales con una reforma fiscal suficiente y justa. Construir una banca pública que favorezca el desarrollo productivo y la cohesión social y territorial, juntó con facilitar el acceso al crédito a las PYMES y a los autónomos.

Establece la prioridad de recuperar los derechos laborales, sociales y sindicales, a través de derogar las reformas laborales y de pensiones regresivas e injustas, revertir los recortes de los derechos y libertades y erradicar del Código Penal la criminalización de la libertad sindical y del derecho de huelga, impuestas por los Gobiernos del PP. Propone la construcción de una gran alianza de los socialistas con las organizaciones sindicales como un instrumento necesario e imprescindible para el nuevo modelo económico y social, para recuperar el Estado del bienestar, garantizar el empleo de calidad y los salarios dignos e impulsar un modelo laboral equilibrado y participativo. Basado en el dialogo social y la negociación colectiva, que facilite la adaptación de las relaciones laborales a las trasformaciones organizativas, productivas y tecnológicas y proteja los derechos de los trabajadores.