De la noche al día las exigencias urgentes de dimisión de Illa mutaron en la crítica por marcharse. Debía irse por la magnitud de la crisis, que es la misma razón por la que los mismos exponen con otra opinión para afear su marcha. El “tactismo veleta” de algunos políticos españoles y sus medios es apabullante. Apabulla en sus dos transitivos de confundir y abrumar (producir asombro). A todo esto, apabullar es un verbo sorprendente de conjugar. Enseguida confunde y abruma. Pierde tangibilidad y hace dudar de su existencia misma. Pero así es la política de declaraciones: una búsqueda constante del apabullamiento del otro conjugando la realidad hasta hacerla impalpable.

Leo en un periódico que las da todas a derechas (y alguna ultra) sobre la España subsidiada: ERTES e IMV. En esa que me pregunto si las ayudas a la banca, las ayudas a los autónomos y pequeñas empresas son parte de la España subsidiada o el menosprecio es solo para los trabajadores y los desempleados por cuenta ajena. Es una de muchas que me confirman lo reconfortante de leer ciertos medios tan lejos de lo cierto. Son tan sesgados, retorcidos y falsos que hacen sentir inteligente, sensato y buena persona, aunque reconozco que su nivel como referencia para medirse está freático.

“Alcalde, nosotros somos contingentes pero tú eres necesario”. Amanece que no es poco en un país donde para algunos nunca se pone la inteligencia, porque lo más que amaneció fueron banderas victoriosas. De contingente a necesario: vacúnate, Almeida, que sin ti no hay nada. Y de no hay nada a “nonaino” cabe difícilmente un Covid. Ya sabe, “un bichito tan pequeño que si se cae de una mesa se mata…”. El nivel es el que es, así que vamos de “culin” en la sanidad andaluza y de “zendales” por arrobas en Madrid. En fin, como siempre en este largo adiós unos vivirán y otros morirán, todo mortal.

Hay quien recurre a imaginar la gente desnuda para evitar el miedo escénico. Ofrezco una opción mejor y más realista: imagine que las personas somos monos con traje de llevar. Cuando usted sea capaz de reconocer al chimpancé que llega doctorado por el MIT o la Sorbona estará más cerca de la realidad. Y tal y como se busca el arca perdida andan algunos perdidos en busca de la inteligencia perdida. Ya sabe, en ocasiones la inteligencia es el último refugio de la estupidez. Y aquí una regla de oro: el personaje jamás será más inteligente que el guionista. Cuando en alguna obra, sea película, serie o relato de Sherlock Holmes, el personaje se vuelve inteligentísimo a nivel vía láctea (de la leche diría un castizo) empieza la auténtica diversión. Es fácil escribir, “y se volvió inteligentísimo, nivel CI 300”. Lo divertido es que después hace cosas del CI estándar de guionista. Cuando la inteligencia se convierte en un personaje más de la trama comienza la tontería.

Cada uno aspira a lo que le falta, y la raza humana está de siempre en una búsqueda desesperada de Susan y de la inteligencia donde sea: en la sabiduría divina, en los extraterrestres, y ahora en la inteligencia artificial. Una inteligencia diseñada por monos, ajustada sobre el comportamiento de los monos. Si importa el concepto de ética del algoritmo es porque el espíritu animal impregna la inteligencia artificial. En su diseño, en su ajuste y en sus objetivos.

Al chimpancé le puedes equipar el automóvil con todos los adelantos tecnológicos que incrementen la eficacia en la conducción. Da igual. Tan pronto vea un plátano allá que va chocando el coche diestramente camino del siniestro. Los plátanos para el chimpancé de hoy en día adoptan la forma del poder en todas sus manifestaciones (sexo, dinero, fama, identidades excluyentes, hedonismo, dolor…). La creencia estúpida en la inteligencia artificial es el último intento de aparentar que la herramienta legitima la intención. Pero en la artificial no hay más inteligencia que en la natural. Sí más rapidez, por lo que la estupidez se propaga y ejecuta con más eficacia. Y poco más.

Es la íntima aspiración del ser humano: la inteligencia. Cuando buscamos vida inteligente extraterrestre es mejor que no la encontremos. Si es inteligente vivirá en paz y equilibrio con ellos mismos y su entorno natural. Ni buscaran ni desearan encontrar algo nuevo dado que nada les falta. Buscar es propio de quien se sabe incompleto e insatisfecho. Por ello de llegar vida extraterrestre a la tierra serán civilizaciones desequilibradas como la nuestra que vienen buscando su plátano. A las sabidurías divinas no las espere a menos que tenga en mente una masacre de la inteligencia y, llegado el caso, de los cuerpos que la acompañan. Las religiones son el camino más práctico para que los descendientes del mono puedan colgar de cualquier rama por culpa de la sagrada banana bendecida.