Empiezo por decir que yo no uso twitter. Pero eso es porque ya no mando nada. Si lo hiciera, si tuviera poder sobre alguien, yo usaría, para transmitir las órdenes, la aplicación twitter. Es el medio ideal para indicar una instrucción de forma concreta, sencilla, precisa e inmediata. Y añade el efecto de su universalidad para todos los individuos pertenecientes al universo de los afiliados al mismo, valga la tautología.

Es verdad que solo sirve para cuando las instrucciones a dar son concretas, sencillas y precisas. Eso es así porque, en caso de complejidad, es precisa una inteligencia dotada de la capacidad de síntesis para hacer comprensible la instrucción en los 140 caracteres que componen un tweet. Y se dificulta la composición del tweet si se añade la inmediatez ya que reduce, obviamente, el tiempo de puesta en marcha (start up, habría que decir más propiamente) de las neuronas del autor.

Pero, para ese tipo de órdenes, el tweet, repito, es el instrumento ideal. En primer lugar para el que da la orden. No tiene que explicarla porque no puede explicarla, cosa que, en algunos casos es verdad. Por si no se me ha entendido el argumento, lo repetiré: no debe explicarla, cosa que, en algunos casos, además, no puede explicarla con argumentos razonables.

Pero si es bueno para el emisor de la orden, lo es mejor para el receptor. En países donde se lee poco, y que nadie se dé por aludido, en un párrafo de 140 caracteres deberían ponerse un par de comas intermedias para que no se ahogue nadie en el intento de leerlo. Y, además, las dos comas ahorran sendos caracteres argumentales. Todo son ventajas. Y añado: sé de alguien que ha leído un tweet en dos jornadas y no sé si por agotamiento de la batería del móvil o, simplemente, intelectual. Dada la imposibilidad del uso de un marca páginas en un tweet (por cierto, aquí hay terreno para la inventiva) piénsese en la dificultad de la mencionada experiencia.

Y, todavía no he hablado del aspecto, del look, del tweet. Es, de momento, lo más moderno del mercado de la comunicación. Como el mensaje es el medio, decir cosas a través de twitter es como ponerse en la primera fila del viaje al futuro. Y, emitir órdenes de esa forma, es el preámbulo de accionar un mando, quiero decir, un switch, en el lugar teórico de los cerebros de los receptores.

Imagínense a Tito Livio explicando el uso del twitter por Julio Cesar en lugar de contarnos, tan brillantemente como lo hace, las arengas que dirigía a sus soldados antes de cada batalla. Cada momento tiene su afán y el de este es el tweet. Muy por encima del ya anticuado mitin, secuela de aquellas arengas y que solo pervive para dar trabajo a los aparatos de los partidos, actividad a la militancia y llenar de programación las televisiones.

En definitiva, que las críticas al uso de twitter por los políticos no están suficientemente justificadas. Los críticos de esa práctica deberían hacerlo por twitter para que, por cierto, vieran lo difícil que es. No lo hacen, efectivamente, por su incapacidad para ello y prefieren el uso de la tertulia o de trabajos, es un decir, como este, que ha consumido 2.702 caracteres (3.272 con espacios) para decir algo que, si supiera, pudiera y quisiera, lo habría hecho en 140.