Esta frase forma parte del primer discurso de Joe Biden tras confirmarse su victoria en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Esta victoria, que todavía no ha sido reconocida por Trump, ha generado una ola de esperanza en EE.UU y en todo el mundo, después de cuatro años de polarización, crispación y enfrentamientos, tanto internos como externos.

Joe Biden ha pedido calma y confianza a los ciudadanos, y respeto a la democracia, siendo consciente de que Trump no va a reconocer el resultado y va a continuar gobernando hasta el mismo día en que le sustituya como presidente. Con todos los peligros que eso supone para la estabilidad institucional y el traspaso de poderes.

Esta victoria de Biden, pero sobre todo la ruptura social que provocan los populismos excluyentes, debemos tenerla muy presente en España. ¿Por qué? Porque el camino de crispación que iniciaron las derechas en nuestro país es un camino peligroso de transitar, y posteriormente largo de rectificar, cuando ya la polarización social convierte al que no opina como tú en enemigo. Estamos a tiempo de no llegar a esa situación. Y espero que rectifiquen.

Pero volviendo a las elecciones americanas, hay tres cuestiones que es necesario precisar. La primera es que la victoria de Biden es una oportunidad, pero no acaba por sí sola con el populismo del actual presidente. La segunda es que Trump ha ejercido un liderazgo autoritario, que es preciso evitar en el futuro. La tercera es que hay que acabar con las raíces del malestar ciudadano, que ha llevado a tantos millones de personas a votar a este tipo de líderes autoritarios y populistas que lejos de resolver los problemas los enquistan y agravan.

Primera cuestión. La derrota de Trump supone un cambio importante. Pero no es una barita mágica con la que se va a terminar de la noche a la mañana con el populismo, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. A Trump le han votado 71 millones de estadounidenses, y a Jo Jorgensen, candidata a la presidencia del Partido Libertario, más de un millón setecientos mil americanos. Un hecho, que demuestra la ruptura de la sociedad americana y las posibilidades reales que pudo tener Trump de ganar la reelección si en los cinco Estados decisivos, Jo Jorgensen, no hubiera presentado candidatura.

Esta ruptura social, que está destruyendo Estados Unidos, ha llevado a Biden a hacer hincapié en que será el presidente de todos los americanos: “Voy a trabajar tan duro por aquellos que no me votaron como por los que lo hicieron, porque es hora de poner fin a la demonización [del contrario], la gente quiere que demócratas y republicanos unan fuerzas”. Un camino de esperanza que será duro.

Segunda cuestión. El resultado electoral pone fin a una personalización del poder tan autoritaria como la de Trump. En este sentido, Levitsky y Ziblatt, en su obra Como mueren las democracias, a partir del trabajo de Juan J. Linz, conciben un conjunto de cuatro señales conductuales que pueden ayudar a identificar a un político autoritario: rechaza las reglas democráticas del juego; niega la legitimidad de sus oponentes; tolera o alienta la violencia; e indica su voluntad de restringir las libertades civiles. Un político que cumpla uno de los criterios ya genera preocupación. Pero ¿y si cumple más?

En el caso de EE. UU, con la excepción de Richard Nixon, ningún candidato presidencial de uno de los dos partidos principales reunió ni siquiera uno de estos cuatro criterios en todo el siglo pasado. Trump los reunía todos. Esta situación, hace necesario que se produzcan reformas institucionales, tanto escritas como no escritas, en la línea que ya ha marcado Biden en su primer discurso, al señalar que “es hora de bajar la temperatura y cerrar heridas; mirarnos, escucharnos de nuevo y dejar de ver a nuestros oponentes como rivales. No lo son, son estadounidenses”

Tercera cuestión. Hay que acabar con las raíces de un malestar ciudadano provocado por el incremento de las desigualdades y la reducción de la libertad real. Se teoriza mucho sobre la democracia y sus carencias. Pero en la vida real, para un ciudadano el deterioro de la democracia o la falta de ella significa no poner participar en la agenda política de su país. Significa no ser escuchado por unos gobiernos que ellos han elegido en las urnas. Significa observar como se toman decisiones decisivas para sus vidas sin ser consultados. Significa ver como le recortan servicios públicos y derechos que consideraba consolidados. Significa la falta de asunción de responsabilidades. Significa la falta de rendición de cuentas. En definitiva, significa el incremento de la desigualdad y la limitación real de sus libertades al no tener capacidad de decidir.

Corregir estas limitaciones en la vida de las personas mejorará la equidad y la libertad en nuestras sociedades. El camino a seguir es más fácil de lo que parece, porque consiste en hacer presentes en la vida pública las realidades que viven los ciudadanos para que puedan ser atendidas. El objetivo, es atender a todos.

Se abre un tiempo para derrotar a la desesperanza, y para que todo el mundo tenga una oportunidad. Colaboremos en su construcción.