El otoño es tradicionalmente una época de publicación de estudios, investigaciones y reflexiones, a la vez que el inicio del curso político pone en marcha numerosas iniciativas de contenido acorde con los gobiernos y grupos que las impulsan. El período transcurrido desde el último artículo no ha podido ser más prolífico en estos aspectos, a la vez que la incertidumbre asociada a la evolución de la pandemia generaba nuevas sombras sobre el futuro más cercano.

En ese sentido, el primer informe a considerar es el del IPBES[1], hecho público el 29 de octubre, en el que se señala que, entre 631.000 y 827.000 virus desconocidos en la naturaleza podrían producir pandemias más frecuentes, mortales y costosas como consecuencia, principalmente, de los cambios ambientales antropogénicos, tanto por la degradación ambiental y el cambio climático, como por la pérdida de biodiversidad y el incremento de interacción con animales y especies que favorecen los procesos de zoonosis. Y afirman que los impactos económicos actuales de las pandemias registradas últimamente (y particularmente el Covid 19), permiten estimar que son 100 veces más altos que el costo que hubiera tenido su prevención, concluyendo que, sin estrategias preventivas, freno a la destrucción de ecosistemas y de la biodiversidad, y cambios de comportamiento en la interrelación con la vida salvaje y sus hábitats, las pandemias surgirán con más frecuencia, se propagarán más rápidamente, matarán a más personas y afectarán a la economía mundial con un impacto más devastador que nunca.

Conclusiones que deberían dejar claro, en un momento en que están en discusión los Presupuestos para 2021, que el freno y reversión de la pérdida de biodiversidad, la protección de los ecosistemas con servicios valiosos para la población, la mitigación y adaptación al calentamiento global y la ayuda al desarrollo que evite la proliferación de zoonosis fruto de enfermedades (que una vez producidas se extienden rápidamente por mor de la globalización), deberían ser líneas de intervención a priorizar de forma significativa, junto al reforzamiento de un sistema sanitario previsor y con capacidad de respuesta rápida ante posibles nuevas pandemias.

En todo caso, la dinámica derivada del modelo de crecimiento imperante en la sociedad actual, difícilmente puede corregir sus procesos expansivos de trasformación en los usos del suelo, con la correspondiente afección a ecosistemas y pérdidas de biodiversidad y riesgo de nuevas zoonosis[2]. Como señala el Informe del IPBES (página 23), en el mundo, entre 1992 y 2015, la superficie agrícola aumentó en un 3%, en su mayoría a costa de bosques tropicales, con lo que, en 2015, el uso humano afectaba directamente a más del 70% de la superficie terrestre sin hielo: el 12% eran tierras de cultivo, el 37% pastos y el 22% bosques gestionados o plantaciones. La tierra restante con un uso humano mínimo consistía en un 9% de bosques primarios o intactos, un 7% de ecosistemas sin bosques y un 12% de tierras rocosas o estériles. “Con un crecimiento continuo de la población humana mundial (un aumento del 30% de 6.000 millones en 1999 a 7.700 millones en 2019), y del consumo mundial (un aumento del 70% en el PIB mundial de 84 billones de dólares en 1999 a 142 billones de dólares en 2019), se espera que continúe la tendencia de un mayor cambio en el uso de la tierra, con potencialmente mil millones de hectáreas de tierra transformadas a nivel mundial para 2050”.

El segundo factor relevante para el riesgo de pandemias sobre el que se centra el Informe del IPBES es el del calentamiento global y cambio climático asociado. Ya en épocas prehistóricas la evolución climática ha estado asociada a migraciones en personas y animales, y a cambios en la biogeografía de los microbios, bacterias y virus. La simulación de las pérdidas de biodiversidad asociadas a un calentamiento medio global de 2ºC llevan a su estimación en más de 100.000 especies de plantas y animales, afectando a una media del 18% de especies de insectos existentes, del 8% de especies de vertebrados y del 16% de especies de las plantas conocidas; proceso que, indudablemente, afectará a la distribución de microbios, bacterias, virus y patógenos, y tendrá impactos en la emergencia de enfermedades potencialmente convertibles en pandemias.

Esta referencia al calentamiento global nos lleva al documento, aprobado en el Consejo de Ministros del 4 de noviembre, “Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo 2050”[3] donde se recoge el compromiso del Gobierno de coalición actual con los Objetivos de la UE para lograr dicha descarbonización en el señalado horizonte[4].

En esta Estrategia (EDLP2050) se recogen las medidas previstas, tanto para la Mitigación (reducción de las emisiones de GEI en 2050, en un 90% respecto a las existentes en 1990, esquemáticamente reflejada en la Figura siguiente), como en lo referente a la potenciación de Sumideros Naturales de Carbono, los Mecanismos de Adaptación al Cambio Climático, las pautas de Descarbonización Sectorial, o las necesarias actuaciones Trasversales para avanzar hacia la Neutralidad Climática.

Como apreciamos en la Figura anterior, se parte de las medidas contempladas en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030[5], ya considerado en esta Sección en artículos anteriores, que pretende una reducción de emisiones de GEI, para 2030, del 23% respecto a las de 1990, una mejora del 37% de la intensidad energética (relación energía consumida/PIB), en 2030, respecto a los valores de 2015, una participación de las energías renovables en el consumo final del 42% (frente al 16% de 2015) y una participación de estas energías renovables en la producción eléctrica del 74%, en 2030, frente al 35% de 2015.

Y se contemplan el conjunto de actuaciones a desarrollar, desde este año 2020 hasta el 2050, para alcanzar los objetivos finales perseguidos para este último año bajo el Escenario buscado de “Neutralidad Climática” (90% de reducción de emisiones de GEI respecto a 1990; intensidad energética del 37% de la de 2015; 100% de energías renovables en la producción eléctrica y 97% de energías renovables en el consumo final).

Con ello España se sitúa en la senda europea (European Green Deal) y viabiliza la utilización de una parte significativa de los Fondos del Mecanismo Europeo de Recuperación y Resiliencia y de los Fondos Europeos Estructurales y de Cohesión, previstos en el Presupuesto de la UE 2011-2017, para avanzar en un conjunto de medidas que van mucho más allá de la simple Mitigación, y afectan al conjunto de actuaciones recogidas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia[6] aprobado por el Gobierno de coalición español y enviado a la Comisión Europea el 15 de octubre de este año; documentos todos ellos a los que tuvimos ocasión de referirnos en los dos artículos anteriores.

Hay que celebrar tanto la EDLP2050 y las políticas españolas que se están desarrollando a impulsos de la Vicepresidencia cuarta del Gobierno de coalición, como la posición de vanguardia climática y de transición ecológica defendida e incentivada desde la UE. Pero desde el punto de vista del calentamiento global y cambio climático asociado, como hemos señalado en otras ocasiones, estas políticas son manifiestamente insuficientes, pese a las reducción en emisiones previsible para este año 2020 como consecuencia de las medidas adoptadas contra la pandemia[7] que, según ya señalamos en un artículo anterior, va a tener una incidencia marginal sobre la concentración total de GEI en la atmósfera. Y ello porque la UE es responsable de menos del 10% de las emisiones globales, y países como China (principal emisor), EEUU, India o Rusia, no están poniendo en marcha actuaciones que les integren en la senda exigible por los acuerdos de París, con lo que la evolución previsible, si no se cambia la dinámica mundial radicalmente, estaría comprendida entre las líneas rojas y amarillas de la Figura siguiente, con efectos catastróficos previsibles sobre la población y el planeta.

Fuente: https://www.unsdsn.org/zero-carbon-action-plan Pág. 28. Temperaturas medias globales superficiales asociadas a las trayectorias de cambio en las emisiones globales (IPCC, 2018).

EEUU se desvinculaba de estos Acuerdos de París el 4 de noviembre, pero la elección de Biden como nuevo Presidente (si los artilugios legales o de otro tipo de Trump no lo impiden) va a permitir su vuelta a dichos Acuerdos el año que viene, y esperemos que la puesta en práctica de su promesa electoral de eliminar las emisiones de GEI para el 2050.

A este respecto, hay que considerar la reciente publicación del “SDSN 2020. America’s Zero Carbon Action Plan. New York: Sustainable Development Solutions Network (SDSN)”[8] en el que, entre otros aspectos, se define el que denominan Escenario Central para 2050 (véase primera Figura siguiente) y se estima el coste de alcanzar la neutralidad en carbón, para dicho Escenario Central, estimándolo en el 0,4% del PIB de 2050 de EEUU, como consecuencia de “la gran variación en los costos brutos, con aproximadamente $950 mil millones en gastos en tecnologías eficientes y bajas en carbono, como la eólica, generadores y vehículos eléctricos, que permiten ahorros de $800 mil millones en costos de combustibles fósiles. Pero, por otra parte, la descarbonización intensiva representa un cambio de un sistema energético que está dominado por los costes variables, a un sistema con gastos de capital mucho más altos y variables mucho más bajos” (Pág. 40).

Fuente: https://www.unsdsn.org/zero-carbon-action-plan Pág. 28. Trayectorias de las emisiones estimadas en el Escenario de Referencia (business as usual) y del Escenario Central, 2020-2050, propuesto para EEUU.

Fuente: https://www.unsdsn.org/zero-carbon-action-plan Pág. 40. Coste neto del sistema energético del escenario central, 2020-2050, en USD de 2018. La línea negra muestra el costo neto, y las barras de colores muestran los costos incrementales del escenario central en relación con el escenario de referencia.

Si EEUU, siguiendo la pauta de la UE, asume y cumple su nuevo compromiso de descarbonización para el 2050 y China materializa el suyo para el 2060, podríamos esperar que el calentamiento global se situara por debajo de los 2ºC para el 2050, según las previsiones del IPCC. Pero no hay que olvidar que el IPCC no considera procesos que se estiman de baja probabilidad, pero que pueden dar lugar a saltos cualitativos en las emisiones y en el calentamiento global, pero que cada vez mayor número de científicos están incrementando muy sustancialmente su posible incidencia real.

Y, volviendo al planteamiento inicial de este artículo, un ejemplo de este tipo de procesos lo podemos encontrar en la dinámica que está siguiendo el Ártico, que está siendo objeto de particular investigación por ser una de las regiones del mundo con trasformación actual más rápida: un ejemplo práctico de la conjunción de calentamiento global, cambio superficial y ecosistémico, migración de miles de animales[9] (con el consiguiente riesgo de producción y expansión de pandemias) o de “saltos cualitativos” (tipping points) en la liberación de metano[10], con el consiguiente incremento de concentración de GEI en la atmósfera y aceleración del calentamiento global. De hecho, la disminución del hielo marino, el deshielo del permafrost, la liberación de metano y el derretimiento de los glaciares, efectos directos del aumento de las temperaturas globales, se están produciendo de forma acelerada en este espacio.

Fuente: The Economist. (https://www.economist.com/graphic-detail/2020/10/28/more-bad-news-for-the-arctic-the-laptev-sea-hasnt-frozen) 28 de octubre de 2020. EL MAR DE LAPTEV, ubicado entre la costa norte de Siberia y las islas de Nueva Siberia de Rusia, es conocido como el lugar de nacimiento del hielo. Cada año, el hielo se forma a lo largo de sus costas en el otoño antes de ser empujado hacia el oeste a través del Océano Ártico hasta Groenlandia y el archipiélago de Svalbard en Noruega, donde se rompe en la primavera. ,,, Por primera vez desde que comenzaron los registros, el mar de Laptev no ha comenzado a congelarse a fines de octubre.

Es evidente el carácter necesario y positivo de las acciones puestas en práctica por el Gobierno de coalición español, desde el nombramiento de Teresa Ribera como Vicepresidencia cuarta y ministra para la Transición ecológica y el Reto Demográfico, la Declaración de Emergencia Climática, en enero de 2020, junto al desarrollo práctico de las 30 líneas de intervención incluidas en la misma, de las que el PNIEC y la EDLP2050 a las que antes nos hemos referido son unas de las líneas contempladas. Como también son positivos el European Green Deal y las acciones y objetivos en marcha en la Comisión, Consejo y Parlamento Europeo, o las políticas esperables si a partir del 20 de enero de 2021 Biden es el nuevo Presidente de EEUU.

Pero hemos de reiterar que en absoluto son suficientes. La continuación del crecimiento poblacional y de la ocupación y transformación de tierras con la destrucción de ecosistemas y biodiversidad, una sociedad de consumo capitalista globalizada con un sector financiero-especulativo dominante, unas desigualdades territoriales y sociales crecientes, una revolución científico-técnica puesta al servicio del beneficio de multinacionales (con la incidencia expansiva del capitalismo de vigilancia), y un crecimiento continuo del malestar en las clases medias y más desfavorecidas (que la pandemia ha exacerbado) unido a los efectos negativos crecientes del calentamiento global (en particular su incidencia sobre la potenciación de migraciones ambientales), no es el mejor caldo de cultivo para ser optimista sobre la evolución de la sociedad y del planeta, si no se reacciona mucho más radicalmente en la globalidad del mismo.

_______________________________

[1] Intergovernmental Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES).- “IPBES Workshop on Biodiversity and Pandemics“. https://ipbes.net/sites/default/files/2020-11/20201028%20IPBES%20Pandemics%20Workshop%20Report%20Plain%20Text%20Final_0.pdf

[2] En el Informe se señala que estos cambios en los usos del suelo se consideran responsables del orden del 30% de las enfermedades infecciosas emergentes, y están significativamente correlacionados con la emergencia de nuevas zoonosis (página 23).

[3] https://www.miteco.gob.es/es/prensa/documentoelp_tcm30-516109.pdf

[4] Reglamento (UE) 2018/1999 del Parlamento Europeo y del Consejo del 11 de diciembre de 2018 sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y de la Acción por el Clima. https://www.boe.es/doue/2018/328/L00001-00077.pdf

[5] https://www.miteco.gob.es/images/es/pnieccompleto_tcm30-508410.pdf

[6] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2020/07102020_PlanRecuperacion.pdf

[7] Según Le Quéré, C., Jackson, R.B., Jones, M.W. et al., en su artículo “Temporary reduction in daily global CO2 emissions during the COVID-19 forced confinement”. Nat. Clim. Chang. 10, 647–653 (2020). (https://doi.org/10.1038/s41558-020-0797-x), “la disminución estimada de las emisiones diarias de CO2 fósiles derivadas del confinamiento severo y forzado de las poblaciones mundiales, es del –17% (–11 a –25%) que, en su punto máximo, es extrema y probablemente nunca antes se había visto. Aun así, esto solo lleva al nivel de emisiones de 2006. La disminución anual asociada será mucho menor (–4.2 a –7.5% según nuestras pruebas de sensibilidad), lo que es comparable a las tasas de disminución necesarias año tras año, en las próximas décadas, para limitar el cambio climático a un calentamiento de 1,5 ° C

[8] https://www.unsdsn.org/zero-carbon-action-plan

[9] Davidson, Sarah C. et alt. (2020).- “Ecological insights from three decades of animal movement tracking across a changing Arctic”. Science 06 Nov 2020: Vol. 370, Issue 6517, pp. 712-715. https://science.sciencemag.org/content/370/6517/712

[10] El metano tiene una influencia de 83 a 87 veces mayor en el calentamiento del clima que el dióxido de carbono, con una incidencia que se extiende a unos 20 años.

 

Fotografía: Carmen Barrios