No soy original. No hay más tema de conversación que el coronavirus, cuáles son las medidas de restricción y cómo pasaremos las Navidades. A cualquier hora del día, en cualquier programa o medio de comunicación, en cualquier encuentro, la única conversación es el COVID-19.

Pero esto no es ninguna broma. El número de contagiados no cesa ni tampoco, desgraciadamente, el de fallecidos. La curva desciende muy lentamente. Científicamente todavía no están claras las razones del contagio; se producen olas en comunidades que anteriormente habían controlado la pandemia. Incluso países que mirábamos con cierta envidia se ven también hundidos en el mismo estupor. Ya se habla de la tercera ola.

Seguimos con la economía mundial ralentizada. Con los mayores presupuestos europeos, incluidos los españoles, consignados a frenar la caída del desempleo y la parálisis del trabajo. Hasta hemos visto a Ángela Merkel llorar en una mezcla de impotencia, humanidad y pedagogía.

Para la gran mayoría, 2020 es un año catastrófico. Para los que han perdido familiares y amigos de forma tan incomprensible, este año es un calvario.

Cuando se haga balance, nos costará recordar algo más que la pandemia. Sin embargo, debajo del miedo y desconcierto global, hay otros sucesos: Venezuela se desangra en una caída sin freno, al tiempo que el conjunto de Latinoamérica sufre graves convulsiones (desde Brasil con su enloquecido Bolsonaro, hasta Argentina, Colombia, o la crisis político-social de Guatemala, … países donde las condiciones de paz social están ausentes); el Mediterráneo sigue enterrando a inmigrantes, mientras que hemos olvidado a los refugiados en campos insalubres; Francia ha sufrido atentados radicales islámicos que ponen en riesgo la convivencia y los derechos sociales, (atentados que se han extendido a Canadá o Austria); y nuestro Planeta Tierra sigue crujiendo provocando inundaciones o incendios devastadores en un grito desgarrador.

Al menos, brindaremos el fin de año con la esperanza de la vacuna. Sé que hay mucho incrédulo. Pero las grandes enfermedades se han resuelto con ciencia médica. Las imágenes de las primeras vacunas son ilusionantes; aunque nos parezca una eternidad el tiempo vivido, la comunidad científica ha trabajado a gran velocidad. Y la Unión Europea también avanza lo más rápido posible para dar el visto bueno y comenzar a vacunar lo antes posible.

Me preocupa más la desigualdad social entre países por falta de recursos económicos.

Sin embargo, las navidades pueden suponer un nuevo riesgo, aumento de contagios y más pérdidas humanas. También somos responsables de lo que ocurra en nuestro entorno.

¿Algo bueno a destacar en el 2020? El año termina con la salida de Trump de la Casa Blanca, ¡y yo lo pienso celebrar! También quiero recordar que el 7 de enero fue la investidura del actual gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Con problemas, errores, diferencias, y todo lo que pertenece a las relaciones humanas, sinceramente el gobierno ha funcionado y funciona. Seguro que no es fácil, pero su gestión es responsable y comprometida. La respuesta no hubiera sido la misma en otras manos y con otros criterios políticos.

¡Felices fiestas! Y piensen que estas navidades son extrañas y singulares, pero lo importante es que no sean las únicas, sino tan solo una excepción. Vendrán tiempos mejores.