En estos dos primeros meses del aĂąo se han celebrado elecciones generales (presidenciales y/o legislativas) en tres paĂ­ses del Indo-PacĂ­fico, la zona hacia la que se desplaza el centro de gravedad del equilibrio mundial, segĂşn los expertos: Bangladesh, PakistĂĄn e Indonesia. Juntos suman cerca de 700 millones de habitantes, casi un 9% de la poblaciĂłn mundial, y reĂşnen el mayor nĂşmero de musulmanes del mundo.

El sesgo autoritario allĂ­ es tan grande que las citas electores son simples ceremonias de legitimaciĂłn del poder, mĂĄs hacia fuera que hacia dentro del paĂ­s. Igual ocurre en Filipinas, Malasia, Tailandia, etc. Democracias dinĂĄsticas, tuteladas o ambas a la vez. Falsas democracias.

BANGLADESH: ÂżUN PARTIDO-ESTADO?

En Bangladesh, la Liga Awani ganĂł en enero tres de cada cuatro escaĂąos del Parlamento, un porcentaje ligeramente inferior al obtenido en las elecciones de 2018, pero sin que ello supusiera merma alguna de su abrumador poder. La primera ministra del paĂ­s es la jeque Hasina Wajed, hija del padre de la independencia, el jeque Mujibur RahmanÂş (1).

La abstenciĂłn, cifrada en un 60%, explica mejor el resultado electoral. Los principales partidos de la oposiciĂłn boicotearon las elecciones en protesta por la falta de transparencia del proceso y, sobre todo, por los atentados a las libertades bĂĄsicas. Algunos de los dirigentes opositores purgan penas de cĂĄrcel por motivos injustificables. Las denuncias por detenciones sin juicio y ejecuciones extrajudiciales son frecuentes (2).

Hasina dice mantener la lĂ­nea progresista de su padre, pero la evoluciĂłn de su rĂŠgimen indica lo contrario. La Liga Awami ha mantenido una alternancia de poder con los nacionalistas conservadores. Pero Ăşltimamente sus enemigo mĂĄs temidos han sido los radicales islamistas. En ese combate, Hasina ha contado con el apoyo de la India. El actual gobierno de Narendra Modi era mĂĄs afĂ­n a los nacionalistas, pero el pragmatismo ha impuesto una colaboraciĂłn estrecha. Las derivas autoritarias en ambos paĂ­ses han favorecido esta convergencia.

PAKISTÁN: UNA DICTADURA ENCUBIERTA

En PakistĂĄn, las elecciones han sido aĂşn mĂĄs polĂŠmicas y tormentosas. El EjĂŠrcito es el autĂŠntico -por no decir Ăşnico- agente polĂ­tico efectivo (3). Los partidos ejercen el poder desde que los militares se lo cedieron formalmente en 1998. SĂłlo nominalmente. El dominio castrense sobre las instituciones del Estado sigue inalterado. El golpe de Estado reactivo ha sido por reemplazado por actuaciones preventivas que determinan o condicionan fuertemente el resultado electoral. Se desacredita a quienes se salen o amenazan con salirse del guion militar.

Ha vuelto a pasar este aĂąo. El movimiento populista de Isham Khan (un excampeĂłn de cricket, el deporte nacional) era hasta hace sĂłlo dos aĂąos el partido de gobierno, tras haber ganado las elecciones de 2018. Pero fue acusado esquinadamente de una serie de delitos, condenado y encarcelado en 2022. IrĂłnicamente, Khan habĂ­a sido el candidato preferido de los militares, sin cuyo favor difĂ­cilmente hubiera conseguido alzarse con la victoria. CreyĂł que con su popularidad podrĂ­a orillar a sus antiguos protectores. Craso error. Los militares movieron los hilos de la justicia y el partido de Khan fue impedido de concurrir a las urnas (4).

El jugador de cricket no se rindió. Desde la cárcel denunció el tutelaje militar (que antes había aceptado de mejor o peor gusto) y promovió candidaturas afines a su partido con la etiqueta de “independientes”. El desafío ha sido exitoso pero insuficiente. Los “independientes” lograron un centenar de escaños, que no bastaban para formar una mayoría de gobierno (5). Los dos partidos que se han ido alternando en el poder en las últimas décadas, la Liga Musulmana (comandada por los Hermanos Sharif, conservadores) y el Partido Popular (estructura política de la familia Bhutto, de un confuso y discutible centro izquierda) se apresuraron a ponerse de acuerdo para formar una coalición de gobierno. Entre ambos suman más de 130 diputados (6).

El cinismo de la polĂ­tica pakistanĂ­ es mĂĄs que notable. Los dos partidos que ahora unen sus fuerzas han sido enemigos cerrados con un destino compartido: ambos han sido maltratados por los militares, que han encarcelado y obligado a exilarse a sus dirigentes en varias ocasiones. De hecho, el fundador de la dinastĂ­a Bhutto (Zulfikar AlĂ­) fue derrocado tras un golpe militar en 1971, acusado y condenado en 1974 por el supuesto asesinato de un oponente polĂ­tico y finalmente ejecutado en 1979. Su hija Benazir fue dos veces primera ministra, depuesta, exilada y asesinada por un supuesto extremista islĂĄmico en 2007, cuando regresaba a su paĂ­s. Los Sharif potentados empresarios, han tenido un destino menos trĂĄgico, pero han vivido entre el favor y la desgracia. La corrupciĂłn ha sido el sustento jurĂ­dico de sus caĂ­das, con no poco fundamento. Pero ha sido usada como arma arrojadiza cuando convenĂ­a a los cuarteles.

Nawaz Sharif ha preferido apartarse ahora de la primera lĂ­nea y reponer como primer ministro a su hermano Shehbaz, que ocupaba el cargo tras la caĂ­da de Khan. El jefe del clan se marchĂł al exilio en Arabia SaudĂ­ y sĂłlo cuando negociĂł satisfactoriamente la anulaciĂłn de las penas regresĂł a PakistĂĄn para controlar el proceso polĂ­tico tras la parcial liquidaciĂłn de Imran Khan. El pacto poselectoral tambiĂŠn tiene premio para la familia Bhutto. Aunque el lĂ­der formal del PPP es Bilawal, hijo de Benazir, quien realmente mueve los hilos es su padre viudo, Asif Ali Zardari, que tambiĂŠn ha purgado penas por corrupciĂłn, de la que hay pocas dudas. Zardari serĂĄ el nuevo Presidente, un cargo mĂĄs ceremonial, pero no exento de poder para mantener sus privilegios.

El panorama que se le presenta a las dos dinastĂ­as ahora coaligadas es aterrador. Antes de 2026, PakistĂĄn tendrĂĄ que pagar 78 mil millones de dĂłlares, como servicio de la deuda externa, una de las mĂĄs altas del mundo. Eso supone casi una cuarta parte de su PIB (340 mil millones). Las negociaciones con el FMI son a cara de perro, pero el margen de maniobra es casi nulo (7). El deterioro econĂłmico ha sido imparable en las Ăşltimas dĂŠcadas. A comienzos de siglo la economĂ­a pakistanĂ­ era cinco veces menor que la su rival, la India; hoy es una dĂŠcima parte (8). Ni los militares ni las ĂŠlites polĂ­ticas han sido capaces de reconducir las crisis sucesivas. PakistĂĄn es un barco a la deriva, en permanente estado de guerra con la India. Ambos enemigos cuentan con arsenales nucleares, lo que aĂąade un factor enorme de peligrosidad a sus recurrentes disputas.

Pakistán ha sido actor principal en la prolongada guerra de Afganistán, como aliado y rival de Estados Unidos, sucesiva o alternativamente. En Washington nunca sabían si los militares pakistaníes les ayudaban o les boicoteaban. Bin Laden fue liquidado por un comando americano cuando se escondía en Abbottabad, una ciudad en la que viven muchos oficiales, pero la poderosa inteligencia militar siempre negó conocer su paradero. Tras la retirada de Afganistán, las relaciones entre Pakistán y Estados Unidos han perdido peso. En Washington es prioritaria ahora la ‘carta india’. Pero los tradicionales lazos económicos y militares entre Pakistán y China obliga a los norteamericanos a no descuidar a ese socio tan escurridizo como caótico.

INDONESIA: DUPLA DE ANTIGUOS RIVALES

En Indonesia, las cosas no pintan mejor. En las elecciones presidenciales, el vencedor ha sido Prabowo Subianto un militar autoritario que jugĂł un papel represivo destacado durante la dictadura militar de su suegro, el General Suharto, que dirigiĂł el paĂ­s en el Ăşltimo tercio del pasado siglo, entre atroces violaciones de los derechos humanos (9).

Si los pactos en Pakistán carecen de cualquier ética política, en Indonesia ocurre tres cuartos de lo mismo. O peor.  Hace cinco años, el actual Presidente, Joko Widowo (conocido como Jokowi), abandono el pálido progresismo del Partido de la Lucha democrática, fundado por Megawati, la hija de Sukarno, y se apuntó a la corriente populista en boga. Con este giro táctico consiguió derrotar a los nacionalistas conservadores de GERINDRA (Movimiento de la Gran Indonesia), que habían acudido a Prabowo como figura de ‘hombre fuerte’ para alzarse con el poder. Widowo, se consolidó en el poder con una política populista de grandes proyectos de infraestructuras, financiados en parte por China, mano dura contra el crimen y el islamismo radical y una ambiguo equilibrio en las relaciones con Washington y Pekín

Cuando se sintiĂł fuerte, Widowo integrĂł a Prabowo en su gobierno nada menos que como Ministro de Defensa. Sukarno se habrĂ­a removido en su tumba.  AhĂ­ no quedĂł la cosa. Jokowi quiso formar su propia dinastĂ­a, pero su hijo Gibran era aĂşn demasiado joven para heredar su puesto. Incluso tuvo que retorcer la ley (con la complicidad de un juez cuĂąado suyo) para que fuera candidato… pero no de su partido, del que se apartĂł definitivamente, sino como segundo de Prabowo (10).

El ĂŠxito estaba garantizado. La dupla de antiguos rivales ha ganado con amplitud las presidenciales. Pero en las legislativas el resultado ha sido mĂĄs discutido. SegĂşn los datos provisionales, el exgeneral no contarĂĄ, con un Parlamento alineado. En todo caso, en un paĂ­s tan corrompido e institucionalmente frĂĄgil, la cohabitaciĂłn podrĂ­a ser mĂĄs fluida de lo esperable (11). El director del programa Asia-PacĂ­fico en la reputada Chathan House londinense anticipa cambios, pero confĂ­a en que el pragmatismo de Prabowo limitarĂĄ sus instintos autoritarios (12).

Este wishful thinking de los analistas occidentales cuando evalúan los regímenes autoritarios con disfraz democrático es muy recurrente y responde a la lógica persistente desde la guerra fría. Al cabo, lo que determina su bendición no es la calidad democrática de los sistemas políticos sino su disposición para defender o actuar conforme a los intereses occidentales. Y en estos tiempos de hoy, estar en el “lado bueno” de la historia equivale, fundamentalmente, a tomar partido por Occidente en la disputa estratégica con China.

 

NOTAS

(1) https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/asia/bangladesh/hasina_wajed

(2) “Bangladesh is now in effect a one-party state”. THE ECONOMIST, 8 de enero.

(3) “The Military is still pulling the strings in Pakistan’s election”. MUNEEB YOUSUF & MOHAMAD USMAN BHATTI. FOREIGN POLICY, 5 de febrero.

(4) “Pakistan’s real test begin after elections”. AL JAZEERA, 8 de febrero.

(5) “The rise and fall, and rise again of Imran Khan”. THE NEW YORK TIMES, 11 de febrero.

(6) “Imran Khan’s opponents reach deal to shut his allies out of government”. THE NEW YORK TIMES, 14 de febrero.

(7) “Pakistan can’t stop the cycle of discontent”. HUSAIN HAQQANI. FOREIGN AFFAIRS, 16 de febrero.

(8) “Pakistan is out of friends and out of money”. THE ECONOMIST, 14 de febrero.

(9) “Indonesia’s election winner has a dark past and a cute image”. JOSEPH RACHMAN. FOREIGN POLICY, 14 de febrero.

(10 ) “Indonesia’s election reveals its democratic challenges”. THOMAS PEPINSKY. BROOKINGS, 12 de enero.

(11 ) “La démocratie indonésienne résistera-t-elle à la presidence de Prabowo Subianto?” COURRIER INTERNATIONAL, 16 de febrero; “The world’s third-biggest democracy could be sliding backwards”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 14 de febrero.

(12) https://www.chathamhouse.org/2024/02/continuity-prabowo-means-change-indonesia ;
“Indonesia’s democracy is stronger that a strongman”. BEN BLAND. FOREIGN AFFAIRS, 13 de febrero.