Varios fantasmas recorren la política española. Son los fantasmas del pasado que, como almas en pena, vagan por los principales partidos de nuestro espectro político. Se trata, en muchos de los casos, de antiguos líderes fuera del poder que, debido a nuestro tradicional culto a los muertos, siguen gozando de gran influencia entre sus conmilitantes.

El más influyente, posiblemente sea Puigdemont. Un señor que vive en Waterloo, lugar de clara evocación del pasado y que, él mismo, es pasado aunque, como corresponde a los cánones de todo muerto viviente, se resiste a su desaparición. Pero, lo realmente significativo, es que los miembros de su partido se resistan también a ello.

Ese su partido, del que me abstengo de citar su nombre actual por si ha cambiado en las últimas veinticuatro horas, está muy acostumbrado al culto a los muertos. Puigdemont ya lo hizo con Mas, este con Pujol quien, a su vez lo hizo con Tarradellas. Y, eso, por no ir más atrás. La verdad es que ese grupo político siempre se ha inspirado en el pasado donde suele encontrar los agravios suficientes del Estado Español con los que alimentar su razón de ser. Por eso, aunque cuesta trabajo imaginarse a Torra como fantasma del futuro, el hombre sigue haciendo méritos para ello. Da la impresión de que el salón de retratos de la Plaza de San Jaume debe tener una atmósfera brumosa donde los cuadros parecen flotar sin necesidad de una alcayata que los fije a la pared.

El Partido Popular también es un experto en este campo. Casado, su actual líder, parece tener como padrino a Aznar. Hay quien dice que, si Aznar no se hubiera afeitado, Casado llevaría un bigote como el que hizo famoso al expresidente del Gobierno Español, pero los tiempos son otros y, esa estética, ya no se lleva. Pero su ideología y su falta de complejos, sí. Por eso, Aznar, a pesar de su aparente desaparición de la vida política para dedicarse a los negocios, está muy presente en ese partido del que se siente referencia constante, bien en forma negativa, como lo era con Rajoy, bien como faro ideológico de Casado.

La experiencia que hay que atribuir al PP en este campo deriva de que, en su momento, Manuel Fraga hizo este papel durante alguna crisis de su partido. Y, además fue un fantasma no solo oficial (le nombraron Presidente de Honor) sino bastante corporal. Solo hay que recordar aquel episodio donde públicamente rompió una carta de dimisión del que era, en ese momento, Presidente del PP, Aznar, avalando así su continuidad.

Un papel parecido hizo, en su momento, Felipe González en el PSOE tiempo después de su retirada del mundo de los políticos en activo. Aquel famoso ¡Felipe vuelve! pareció ser el grito de guerra de muchos militantes nostálgicos que creían ver en él la solución para la recuperación de glorias pasadas. Pero, también aquí, los nuevos tiempos trajeron nuevos modos y, estos, engendraron nuevos fantasmas. El espíritu del 1 de octubre dividió este partido en dos partes, güelfos y gibelinos, que, quizás a pesar de sus respectivos líderes, mantienen aquí, y allá, sendos fantasmas de ese, no tan pasado, 1 de octubre.

Podemos también tiene los suyos, aunque, en este caso, de importación. Se llaman Chávez y Maduro. Muy a pesar de Iglesias y Monedero, estos dos fantasmas salen a la luz constantemente para recordarles su pasado. Les va a costar trabajo quitárselos de encima porque no han encontrado, ni creo que se lo hayan propuesto, una forma eficaz, ni creíble, de exorcizarles.

Quienes no parecen tener un fantasma con un DNI concreto son los Ciudadanos. Y, esto, no es ni bueno ni malo. Es, simplemente, que, al no tener pasado, tampoco pueden tener fantasmas del pasado. Aunque, no creo que sea difícil vaticinar que, si Ciudadanos sobrevive a su líder, este se convierta en un futuro fantasma del pasado de reglamento. Tiene todas las características para ello. Pero, veremos. Tampoco UPyD pudo llegar a tener a Rosa Diez como fantasma por falta de militantes que la añoraran.

Y, desde luego, hay un fantasma del pasado al que le han hecho común prácticamente todos los grupos políticos españoles, aunque haya alguno que esté prosperando claramente a su costa. No tengo datos de cuanto ha podido influir el tema de los huesos en la salida del armario de muchos seguidores de VOX, pero, como las meigas, haberlos, haylos.

En fin, que, aunque los rusos hace ya algún tiempo que retiraron la tumba de Lenin de la Plaza Roja, aquí todavía hay muchas tumbas, y perdonen la forma de señalar, que trasladar de nuestras Plazas Mayores.