Frente a lo que se pudiera pensar a finales del verano de 2021, con el exitoso cumplimiento del objetivo del 70 por ciento de inmunización de la población adulta en el marco campaña de vacunación en España y otros países europeos, la pandemia del coronavirus sigue sin superarse definitivamente, manteniéndose como el reto más urgente al que deben hacer frente nuestras sociedades, particularmente en Europa.

La situación en el conjunto de la Unión es desde luego preocupante. Según los datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) al final de la semana del 14 de noviembre de 2021, la situación epidemiológica general en la UE presentaba una tasa elevada y creciente de notificaciones de casos por covid-19, 473,8 por 100 000 habitantes frente a 387,5 de la semana anterior. La tasa de mortalidad también aumenta, aunque más lentamente, de 37,8 muertes a 40,0 muertes por millón de habitantes en 14 días. De los 29 países con datos sobre ingresos u ocupación en hospitales o unidades de cuidados intensivos (UCIs), 20 presentaban una tendencia creciente en al menos uno de estos indicadores en comparación con la semana anterior.

Este escenario varía considerablemente entre países, pero los datos muestran claramente que los países con menor tasa de vacunación son los más afectados. Así, el ECDC evaluó la situación epidemiológica como “altamente preocupante” para Croacia, Chequia, Grecia, Hungría, Polonia y Eslovenia, como muy preocupante en 17 países (Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, Estonia, Alemania, Islandia, Irlanda, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Rumania y Eslovaquia), siendo los únicos países dentro de la categoría de baja preocupación, España e Italia.

Esto es así a pesar de que se ha desarrollado en tiempo récord la herramienta más efectiva contra la enfermedad, la vacuna adquirida a través de la central de compras europea, en el marco de la Unión Sanitaria, junto con la distancia física (que no social), el uso de mascarillas en interiores (que algunos gobiernos equivocadamente habían eliminado), y adecuada ventilación de los espacios cerrados (lo que también requerirá seguramente algunas intervenciones estructurales).

¿Por qué pues nos encontramos ante una nueva ola en Europa? En primer lugar, precisamente porque la tasa de vacunación es desigual entre Estados miembros, con países como España y Portugal con tasas del 74.1 % y 81.4 % de población total vacunada frente a Rumanía con un 35.5 % o Bulgaria con un 23.4%, pero también Alemania, con una tasa del de 67.5% según la ECDC. En el marco de un mercado interior y un área Schengen de libre circulación, y a pesar de las pruebas “pcr”, posiblemente ha habido un efecto contagio desde Europa Central y del Este al resto de la Unión, lo que se ha visto agravado por la llegada del frío en el otoño y el regreso a los espacios interiores y no suficientemente ventilados.

Pero hay millones de personas que siguen negándose a recibir la vacuna contra la covid-19 también en los países con altas tasas de inmunización. De este modo no solo se ponen en riesgo ellos, por ejemplo, en España, el 60% de las personas que ingresan en una UCI con coronavirus no está vacunada y en Holanda éste es el caso de 4 de cada 5, sino también al resto de la comunidad, lo que no es aceptable. Esta resistencia tiene un componente cultural, más acusado en los países excomunistas pero también en otros como Alemania, Holanda y Austria, y menos en el área mediterránea, si bien hasta en España con una tasa de vacunación del 90 por ciento de la población mayor de 12 años con la primera dosis y de 89 % con la pauta completa, cuatro millones de personas mayores de 12 años siguen sin estar inmunizadas, lo que es lógicamente fuente de preocupación para las autoridades sanitarias.

Para superar este obstáculo se han seguido diversas estrategias, desde las campañas de información y persuasión, hasta la obligatoriedad que anunció el gobierno austriaco el 19 de noviembre de 2021, ante la gravedad de la situación en este país, que con tan solo 66% de su población vacunada, se enfrentaba a una tasa de incidencia de 1.110,2 personas infectadas por cada 100.000 habitantes en la semana del 15 de noviembre, llegando hasta las 16.678 personas infectadas un único día durante este periodo. Francia y Bélgica han optado por requerir el certificado de vacunación o de superación de la enfermedad para frecuentar los lugares de ocio, lo que impulsó enormemente la renqueante tasa de inmunizaciones en el país galo, recibiendo en las 72 horas posteriores al anuncio de la medida más de 3 millones de solicitudes de cita para la administración de la vacuna. Italia seguramente ha adoptado la estrategia más efectiva para maximizar las tasas de vacunación, al condicionar el certificado covid tanto para frecuentar los lugares de ocio como para acceder al puesto de trabajo. Además, en cuanto sea declarada segura, la vacuna deberá extenderse también al tramo de edad entre 5 y 11 años, pues, aunque los niños no son población de riesgo, pueden transmitir el virus a los adultos y personas mayores.

En segundo lugar, cada vez hay más evidencia respecto a la progresiva pérdida de efectividad de la vacuna con el paso del tiempo según una revisión de estudios científicos llevada a cabo por la revista Nature y publicada el 17 de septiembre de 2021[1], particularmente visible en personas mayores e inmunodeprimidas, pero no solo. De hecho, que Europa sea considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el nuevo “epicentro” de la pandemia, estimándose que podría haber más de dos millones de muertes adicionales entre el otoño de 2021 y marzo de 2022 si se toma en su conjunto a los 53 países de la región europea, puede tener que ver con el hecho de que la UE, en términos relativos, empezó antes la vacunación que el resto de continentes salvo América del Norte. Algunos ejemplos concretos refuerzan esta hipótesis: según informaba la edición del 22 de noviembre de 2021 del Financial Times[2], Flandes Occidental, la provincia con la tasa de vacunación más alta de Bélgica, presenta igualmente una de las mayores tasas de infección en el conjunto del país.

Por tanto, lo más aconsejable es poner una tercera dosis de la vacuna con carácter general, a partir de un determinado número de meses tras completarse la pauta inicial, empezando por los grupos prioritarios como personas inmunodeprimidas y mayores. Israel logró así controlar su última ola entre agosto y noviembre 2021. El 10 de noviembre 2021, Bélgica también anunció la tercera dosis para el conjunto de la población, empezando por los inmunodeprimidos y las franjas de edad más elevadas. También es este el caso de Malta que anunció la tercera dosis generalizada el 5 de noviembre 2021, lo que ha permitido cubrir hasta el 40% de la población maltesa con la dosis de recordatorio. España, acertadamente, ya ha empezado a suministrar el tercer pinchazo, primero a mayores de 70 años, y desde el 17 de noviembre a los mayores de 60.

Esta política debe ser compatible con las donaciones a los países pobres a través del mecanismo Covax, expandiendo cuanto sea necesario la capacidad industrial europea, con cargo por cierto al Plan de Recuperación si fuera preciso. En definitiva, todo indica que deberemos planificar campañas anuales de vacunación salvo que se desarrolle una inmunización permanente, lo que parece poco probable si se tienen en cuenta las continuas mutaciones del virus, como la variante delta, actualmente dominante, lo que también parece ser un factor en ola de contagios del otoño de 2021. En este sentido, el director de la oficina regional europea de la OMS, identificó como factores subyacentes de la elevada propagación, el inicio de la temporada de invierno, la insuficiente cobertura de vacunas y el predominio regional de la variante delta, más transmisible.

Uso de mascarillas en interiores, distancia física, ventilación, vacunación (y revacunación): he aquí las cuatro grandes medidas contra el coronavirus.  La cuestión es si en una Unión con libre circulación la responsabilidad sobre la implementación de estos vectores debe depender solamente de los Estados miembros. La cuestión competencial deberá abordarse en la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Pero en todo caso, es urgente que la Comisión anime a los Estados más rezagados en la lucha contra la pandemia con recomendaciones claras y contundentes, particularmente aconsejando que el acceso al ocio y al trabajo se condicione a estar vacunado, así como poner en marcha inmediatamente y con carácter general la campaña para la tercera dosis, empezando por los grupos prioritarios.

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[1] COVID vaccine immunity is waning — how much does that matter? Nature 17 de septiembre de 2021

[2] “Covid curbs protests spread across Europe”.