Resulta de agradecer que el 8 de marzo siga siendo una fecha reivindicativa que ayude a visibilizar la discriminación y desigualdad de la mujer. ¿Hace falta seguir saliendo a la calle el 8 de marzo? ¡¡Hace falta!!

Todavía siguen las desigualdades, el techo de cristal, la incompatibilidad laboral y familiar, la discriminación, el menor salario, la carga de la dependencia debido además a los recortes presupuestarios, y, sobre todo, lo que es más grave, la violencia de género.

El día 8 de marzo todos los medios de comunicación llenan sus portadas de titulares sobre la situación de la mujer, y descubrimos reportajes magníficos que inciden en datos objetivos de desigualdad o rescatan del olvido a mujeres imprescindibles en la historia. A todo el periodismo que hoy hace posible que “veamos” con otros cristales, muchas gracias.

Ya hemos dado el primer paso: conocemos cuál es el problema. Nadie puede negarlo, nadie puede decir que desconoce lo que pasa en una revolución de derechos que nunca llega.

Pero, ¿qué pasará mañana?, ¿ya lo habremos olvidado?

Porque lamentablemente, las instituciones europeas alertan que vamos hacia atrás en la pérdida de derechos y representación de la mujer, eso, en lo que corresponde a los países desarrollados, porque mirar un poco más allá, al exterior de nuestras fronteras, encontramos la feminización de la pobreza, la sumisión, la imposición radical religiosa, la cultura que obliga a matrimonios forzados de niñas, la negación de salud y educación para la mujer, …

Mañana volveremos cada uno a nuestro puesto. Y la economía manda. Será más importante pagar la deuda que subir el salario de las mujeres; habrá que recortar y la mujer deberá atender la dependencia; se elegirán cargos en puestos de responsabilidad y solo nos acordaremos de los varones. Porque lo que ocurre es que se nos olvida que estamos aquí. Se nos olvida que la mujer también hace ciencia, arte, empresa, educación, justicia, …. Y cada vez que se programe un acto o un evento nadie se acordará de que existen mujeres, a no ser que una mujer levante la mano (porque haya tenido la suerte de colarse en algún jurado o en algún consejo de administración) y recuerde que se nos ha vuelto a olvidar la paridad.

Y se nos olvida por dos razones: porque la cultura patriarcal está tan metida dentro de nuestros genes que modificarla cuesta muchísimo, y segundo, porque la economía manda, y el concepto de “productividad” que se maneja en las macrocifras considera un problema económico a las mujeres (son madres, atienden a la familia, generan conflictos con varones que no aceptan su autoridad, etc).

De momento vamos encaminadas a que el problema de la mujer sea considerado sectorial. Es un avance, pero muy pequeño para estar en el siglo XXI. Diariamente se hacen todo tipo de encuentros, eventos, actos, congresos, … y además, se hacen los “dedicados a las mujeres”, para que nosotras podamos hablar de nuestros problemas, de nuestras desigualdades, de nuestra discriminación.

La mujer es un problema sectorial para la sociedad.

No queda más remedio que seguir protestando, saliendo a la calle, denunciando, haciendo visible el trabajo de la mujer, que los medios de comunicación lo apoyen, pero queda largo tiempo hasta que el resto de los 364 días del año no se nos olvide que también existimos.