La industria se considera como una actividad sólida, con recorridos históricos. Pero el turismo de masas, por ejemplo, no es una actividad económica coyuntural ni episódica. Pero revuelve por completo una estructura económica e infiere un fenómeno: la desindustrialización. Industria y servicios: en ambos casos, la relación entre salarios y productividad es importante, en dos frentes:

  1. Por la competencia de los países más desarrollados, con rendimientos crecientes y economías muy dinámicas que aumentan la productividad y facilitan la reducción de sus salarios de eficiencia. Esto penaliza otras economías que tienen sectores productivos con rendimientos decrecientes. El desenlace es que los primeros exportan, mientras los segundos sucumben, de manera que conocen el desempleo y la caída de los salarios.
  2. La industria resistente, que no ha desaparecido por completo en la fase anterior, se encuentra en una nueva encrucijada: la competencia de países emergentes, con rendimientos crecientes, salarios muy bajos y normativas laborales y ambientales permisivas, lo que estimula procesos de deslocalización productiva que buscan más des-regulaciones y menos control. Estamos ante un nuevo golpe a la industria de los países más desarrollados. Es, en definitiva, el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado, que inciden en mayores desequilibrios regionales, siempre en un marco de desequilibrio.

Detectamos dos diferencias sustanciales entre los servicios y la industria. En primer lugar, algunos servicios son comercializables, de manera que ostentan cada vez más importancia en el comercio mundial. Se trata, sobre todo, de actividades muy intensivas en conocimiento, que generan pocos puestos de trabajo. En segundo término, en naciones en desarrollo los servicios absorben los excesos de mano de obra, en actividades con productividades bajas e intensivas en fuerza laboral. Esto constituye un importante cuello de botella, toda vez que estas ocupaciones no pueden ampliarse sin ejercer una relación real de intercambio muy desfavorable contra si mismas; es decir, reduciendo los precios de los servicios lo que, en definitiva, equivale a contraer los salarios.

Las economías occidentales presentan una nueva naturaleza en los servicios. Éstos tienen una función capital en la transición de estructuras industriales avanzadas hacia sectores sustentados en el conocimiento. De hecho, los servicios son actividades que más contribuyen a la creación de empleos intensivos en conocimiento. Estas actividades ya no se caracterizan por una baja productividad, según se ha documentado en la literatura sobre el crecimiento de las economías desarrolladas. Así, una investigación sobre una muestra de treinta países miembros de la OCDE demostró el avance de los servicios de alto valor añadido, mientras que los tradicionales (servicios sociales y personales y hoteles y restaurantes) registraron aumentos de la productividad y los servicios modernos (transporte, intermediación financiera y telecomunicaciones) subrayaron cifras comparables a algunas actividades de alto crecimiento en el sector industrial. Atención a todo esto.