Introducción.

Como señalábamos en el artículo anterior, la política energética de la Unión Europea (UE) muestra unos Escenarios de futuro claramente optimistas, definidos por la posibilidad conjunta de conjurar el aumento del calentamiento global y lograr la recuperación económica postpadémica, la transición ecológica y la revolución científico técnica y digital, con transformaciones radicales en el campo de la energía.

Una vez vistos, en el artículo anterior, los Escenarios previstos para lograr la seguridad energética, y los caminos resultantes de los mismos, hasta 2030, para alcanzar la descarbonización de la economía de la UE para el 2050, en este artículo vamos a centrarnos en la problemática ligada a la integración del mercado europeo con los mercados de los Estados miembros, y, en particular, a su reflejo en el caso español.

Conseguir un mercado energético europeo plenamente integrado.

Uno de los objetivos fundamentales de la UE para facilitar su independencia y seguridad energética, es conseguir un mercado energético europeo plenamente integrado, resolviendo los problemas asociados a la falta de interconexiones adecuadas entre los distintos países y al carácter oligopolístico de la oferta energética actual.

Con respecto a las interconexiones, el Parlamento Europeo y el Consejo han alcanzado un acuerdo sobre la segunda edición del programa ‘Connecting Europe Facility (CEF)’, para financiar redes de transporte y energía[1] más ecológicas y sostenibles, así como para facilitar la transición digital, dotándolo con 33.710 millones de euros, como parte del Presupuesto de la Unión Europea para el periodo 2021-2027.

En materia de energía, el programa pretende contribuir a una mayor integración del mercado europeo de la energía, mejorando la interoperabilidad de las redes energéticas a través de las fronteras y los sectores, mediante la revisión, en diciembre de 2020, de la TransEuropean Networks for Energy (TEN-E) existente, adecuándola ahora a los objetivos del Pacto Verde Europeo, facilitando la descarbonización y garantizando la seguridad del suministro, en base al esquema de objetivos[2] que se recogen en la Figura siguiente, donde destacan, además de la coherencia con los objetivos del Pacto Verde Europeo, en lo que se refiere a descarbonización y potenciación de las renovables sustituyendo al petróleo y gas (ahora también con el desarrollo del hidrógeno), la potenciación de la eólica offshore como proyecto europeo:

Una de las nuevas características de esta revisión es la inclusión de la financiación de proyectos transfronterizos en el ámbito de la generación de energía renovable, particularmente la señalada eólica offshore, que sean coherentes con los planes de energía y clima nacionales y de la UE, y que respeten el principio de eficiencia energética.

Los objetivos de interconectividad, y proyecciones del nivel de interconectividad para el 2030, se han incluido en los Planes Nacionales de Energía y Clima (PNEC) a elaborar por los Estados miembros, estableciendo que en ellos se valorará -con respecto a la problemática de la excesiva oligopolización energética- en qué medida las interconexiones energéticas y, en particular las eléctricas entre países, ligadas a las redes locales y a los proconsumidores, son un factor clave para la diversificación de fuentes, la integración de los mercados, la seguridad del suministro y la competencia energética en el seno de una UE, a la vez que un factor clave para la descarbonización.

En el caso de la electricidad el objetivo de interconectividad de la UE al que se le asignan los fondos asociados a los Proyectos de Interés Común (PIC)[3] de la UE, es del 10% de la capacidad de generación eléctrica instalada en el sistema, para 2020, y del 15% para 2030. Objetivo que desempeña una función esencial para garantizar que la capacidad de interconexión permita colaborar en la optimización del mercado de la energía[4].

En relación con las infraestructuras de interconexión internas o internacionales, la UE aboga por la finalización de las actuaciones incluidas en los PIC, el refuerzo de las redes internas y el despliegue de tecnologías innovadoras como las redes inteligentes y las redes eléctricas de nueva generación[5], así como la revisión de los códigos de red para las energías renovables. El objetivo es conseguir unas redes europeas adaptadas a los cambios del sistema energético, permitiendo una energía más descentralizada, digital en tiempo real y de doble sentido entre sectores.

El déficit de interconexión español.

España se encuentra por debajo del objetivo del 10% de la capacidad de generación eléctrica instalada en el sistema interconectada en 2020, ya que, actualmente, la interconexión de España con el resto de países de la UE es inferior al 5% de la capacidad de generación eléctrica instalada en el sistema, ya que la planificación de la red de transporte de energía eléctrica 2015-2020[6] ha quedado lejos de su cumplimiento en lo que se refiere a sus propuestas de inversión.

Por ello, son fundamentales los proyectos previstos en el PNIEC 2021-2030 de España, recogidos en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia español que se presentará en este mes de abril a la CE, que pretenden lograr el citado objetivo del 15% para 2030, pero que, en algunos casos, no están exentos de graves dificultades por la oposición ecologista y de las propias administraciones territoriales.

Los proyectos que no se han puesto todavía en servicio van a volver a ser estudiados y tenidos en consideración para la nueva Planificación de la Red de Transporte con el horizonte 2021-2026 (cuyo Estudio Ambiental Estratégico se encuentra ahora en exposición pública para la recepción de alegaciones[7]), incluyendo los nuevos contenidos y objetivos del PNIEC 2021-2030[8], y su previsto refuerzo y expansión de sus líneas de transmisión y distribución eléctrica entre islas, en las que, dado que la contribución de las centrales de combustibles fósiles es mucho mayor que en la península, las interconexiones deberían lograr una reducción de la contribución de las mismas en ellas superior al 50% para el año 2030.

Estas interconexiones deberían facilitar el cumplimiento–del que se encuentra lejos todavía España- de la obligación establecida por la UE, en el marco de los compromisos internacionales – en el seno del G20 y de las Naciones Unidas- de eliminar progresivamente las subvenciones a los combustibles fósiles.

Aunque los Estados miembros están obligados a informar en su PNEC sobre las subvenciones energéticas, en particular las subvenciones a los combustibles fósiles, y las medidas para eliminarlas progresivamente[9], pocos Estados miembros –incluida España- lo han hecho con el detalle requerido, estándose lejos de esa prevista eliminación de subvenciones.

Volviendo a la problemática de las infraestructuras de transporte de electricidad internacionales consideradas necesarias o esenciales en el caso español, éstas son:

  • Nuevas interconexiones con Francia, que aumentarán la capacidad de interconexión hasta los 8.000 MW, incluyendo:
    • el Proyecto del Golfo de Vizcaya, entre Aquitania (FR) y el País Vasco (ES), que permitirá que la capacidad de interconexión entre ambos países llegue a 5.000 MW, con un coste estimado en 1.750 M€.;
    • la Interconexión entre Aragón (ES) y los Pirineos Atlánticos (FR), con un coste estimado de 1.200 M€;
    • y la Interconexión entre Navarra (ES) y Landas (FR), con un coste estimado también de 1.200 M€.
  • Aumento de la capacidad de intercambio entre España y Portugal hasta los 3.000 MW, con un coste estimado de 128 M€. Incluye la Interconexión preferente entre Galicia y el Norte de Portugal, incorporando un nuevo estudio de los proyectos recogidos en la anterior planificación (2016-2020) que no se hayan puesto en servicio.

Estas interconexiones se enmarcan en el Escenario Objetivo del PNIEC para la España del 2030, en el que se prevé que el incremento de la demanda eléctrica final pasará desde los 240,5 TWh, en 2020, hasta los 249,2 TWh en 2030 (incremento del 4%), con un porcentaje de generación renovable en el sector eléctrico que pasaría del 42 % en 2020 al 74% en el año 2030 (incremento de 32 puntos porcentuales)[10].

Como consecuencia de la alta penetración de potencia renovable en el sistema, se posibilita un saldo neto en fronteras claramente exportador en 2030, alcanzando los 40 TWh, motivo por el que las interconexiones internacionales adquieren un papel fundamental en el PNIEC.

Por último, también en interconexiones de redes gasísticas existen problemas con los peajes de conexión con Francia, que impone peajes desmesurados, y es preciso una mayor integración gasística también con Portugal, aspectos ambos contemplados en el PNIEC 2021-2030, que complementarían la alta diversidad actual de las fuentes de suministro gasístico de España, con sólo Argelia con una participación del orden del 48%, significando un cierto riesgo para el abastecimiento gasísitico español.

Algunas reflexiones finales.

La última versión del Plan España Puede (13 de abril de 2021) publicada por el Gobierno español[11] recoge su contribución al cumplimiento de las Recomendaciones Específicas (CSR) de la Comisión Europea para España, de los semestres europeos de 2019 y 2020 (como así exigía la CE para los Planes de Recuperación y Resiliencia de sus Estados miembros) y, en particular, la de “Centrar la política económica de inversión en la ampliación de las interconexiones eléctricas con el resto de la Unión, teniendo en cuenta las disparidades regionales”, para lo que en el marco del logro de una “Transición energética justa e inclusiva” se recoge la Componente 8 “Infraestructuras eléctricas, promoción de redes inteligentes y despliegue de la flexibilidad y el almacenamiento”; y en el apartado 2.5.3 (Proyectos transfronterizos) del PlanEspañaPuede se recogen referencias genéricas a los acuerdos internacionales con Francia y Portugal, respectivamente, países con los que inciden los proyectos antes contemplados.

La conclusión es obvia: en España el despliegue de energías renovables previstas en el PNIEC y asumidas en el Plan España Puede, fundamentalmente eólicas y fotovoltaicas, van a implicar situaciones de exceso de capacidad eléctrica productiva sobre la demanda que van a necesitar ser cubiertas por la disposición de sistemas de almacenamiento energético -a los que nos referiremos en el siguiente artículo- y por capacidad de exportación, lo que implicaría una rápida ejecución y disposición de las infraestructuras recogidas. Hecho hasta ahora no cumplido y que esperemos no tenga que esperar a nuevas revisiones de la planificación que afecta al período 2021-2026.

En todo caso, no hay que olvidar que los Estados miembros tienen que actualizar y revisar los PNEC en 2023 (proyectos) y 2024 (contenidos definitivos)[12] con el objetivo de adaptar los planes a los objetivos entonces vigentes en materia de clima y energía (en gran parte dependientes de lo que se haya avanzado hasta entonces en los objetivos actuales), a las circunstancias económicas producidas y previsibles (por ahora tremendamente inciertas por desconocimiento de la posible evolución de la pandemia y de las medidas que obligue a implementar), y en concordancia con los contenidos aprobados y logros derivados de los planes de recuperación y resiliencia de cada país. En el caso de España, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (Plan España Puede), cuya versión final, a mediados de abril de 2021 no está disponible y cuya aprobación por la Unión Europea y aportación de los correspondientes fondos para su materialización parece que tampoco va a responder a la urgencia necesaria.

La UE ha cambiado radical y positivamente su respuesta ante la crisis derivada de la pandemia, respecto a su postura extrema neoliberal de efectos socioeconómicos y políticos desastrosos de la crisis financiero-especulativa del 2008. Pero sigue siendo incapaz de tener la agilidad en la capacidad de respuesta ni en la definición de alternativas que la crisis del actual modelo socioeconómico global necesita. Los Planes de Recuperación y Resiliencia en el marco del Pacto Verde Europeo podían haber sido una oportunidad, pero, desgraciadamente, van camino de apuntalar la sociedad de consumo capitalista prepandémica, más verde, pero con la misma tendencia a la desigualdad e insostenibilidad, y a la iteración de ciclos con graves perjuicios socioeconómicos y ambientales para la población y el patrimonio natural.

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[1] https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/Documents/2020/07102020_PlanRecuperacion.pdf

[2] Para tales actualizaciones, los Estados miembros deben emplear las estadísticas europeas siempre que estén disponibles y en cuanto se publiquen.

[3] https://ec.europa.eu/inea/en/connecting-europe-facility/cef-energy

[4] https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/fs_20_2412

[5] Desde que en 2013 entró en vigor el Reglamento relativo a las infraestructuras energéticas (RTE-E), se han puesto en marcha casi 40 PIC sobre gas y electricidad, y se esperan otros 79 PIC de aquí a 2022. Y se han invertido del orden de 3.800 millones de euros con cargo al mecanismo «Conectar Europa» (MCE).

[6] Artículo 16, apartado 8, del Reglamento (UE) 2019/943, relativo al mercado interior de la electricidad.

[7] Las redes eléctricas de nueva generación hacen un uso eficiente de las nuevas TIC para que los usuarios (generadores, consumidores y proconsumidores) con contadores inteligentes y el uso de la inteligencia artificial, aprovechen las infraestructuras energéticas de manera más eficaz y eficiente. Para ello, la Comisión revisará los Reglamentos RTE-E y RTE-T y la Directiva sobre la infraestructura para los combustibles alternativos, el alcance y la gobernanza de los planes decenales de desarrollo de la red, y acelerará las inversiones en sistemas de electricidad, calefacción urbana y refrigeración inteligentes, muy eficientes y basados en energías renovables, así como en infraestructuras de captura y reutilización de CO2, entre otras.

[8] Plan de Desarrollo de la Red de Transporte de Energía Eléctrica 2015-2020, aprobado el 16 de octubre de 2015 mediante Acuerdo del Consejo de Ministros. En marzo de 2019, se inició el proceso para elaborar la nueva planificación, con horizonte 2021-2026.

[9] https://www.miteco.gob.es/es/prensa/ultimas-noticias/el-miteco-inicia-el-periodo-de-informaci%C3%B3n-p%C3%BAblica-de-la-planificaci%C3%B3n-de-la-red-de-transporte-de-electricidad-2021-2026/tcm:30-522926

[10] Los objetivos generales del PNIEC para 2030 son los siguientes: 23% de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto de 1990. 42% de renovables en el uso final de la energía. 39,5% de mejora de la eficiencia energética. 74% de energía renovable en la generación eléctrica.

[11] La UE tiene previsto una revisión legislativa de la Directiva sobre fiscalidad de la energía, así como de las directrices sobre ayudas estatales, donde se considerarán medidas adicionales para garantizar la coherencia entre las políticas de la UE y los objetivos del Pacto Verde de la UE, en particular en lo que se refiere a poner fin a las subvenciones a los combustibles fósiles.

[12] El Avance de 2020 publicado por REE sobre el sistema eléctrico español (https://www.ree.es/sites/default/files/publication/2021/03/downloadable/Avance_ISE_2020_1.pdf) señala que el 55,8% de la potencia eléctrica instalada peninsular es de origen renovable, incluido el 6,8% correspondiente a la nuclear, difícilmente considerable renovable dada la fuerte dependencia de combustibles nucleares totalmente dependientes del exterior.