Los dos caballos de su berlina le esperaban a las puertas del Parlamento y, junto a su ayudante personal Nandín y el coronel Moya, cruzó por la calle del Turco (actualmente Marques de Cubas) hasta llegar a su residencia, ubicada en el Palacio de Buenavista. Dos carruajes cortaban dicha calle, de los que descendieron tres hombres armados y uno de ellos al grito de “Prepárate, vas a morir”, le hirió de muerte. Fue operado esa misma noche, y, según la información disponible hasta la fecha, tres días después del atentado, el general fallecía de sepsis. Nunca fue aclarado este dramático episodio de nuestra historia y todavía 140 años después es un enigma, que está tratando de ser esclarecido por un equipo de historiadores y forenses de diversas universidades españolas, que sostienen que Prim murió en el acto, con lo que el gobierno del general Serrano mintió al retrasar el momento de su defunción.

Los restos de Prim fueron trasladados en el año 1971 desde el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid a Reus, su ciudad natal, y relegados en 2010 a una cámara frigorífica del tanatorio Municipal. Recientemente la Sociedad Bicentenario del General Prim 2014 ha confirmado su lamentable estado. En los próximos meses, se ha previsto rehabilitar el mausoleo, el féretro y el cuerpo, en definitiva, dignificar su figura y devolverla desde el más macabro de los olvidos hasta el lugar, que por derecho propio, le corresponde.

Ian Gibson, con un lenguaje sencillo y elegante, nos adentra en las intrigas, en la España cainita de aquellos años,en la inocencia de los hombres íntegros y en la maldad de los que por ocultar la verdad son capaces de cometer las más infames tropelías.