A primera vista, el resultado de las elecciones en Cataluña parece abocar de nuevo a esta comunidad a la parálisis, con posibilidad incluida de repetición electoral; a la ruina en lo económico; a la ruptura en lo social; y al deterioro paulatino pero constante del bienestar de sus ciudadanos.

Muchos se fijan, y es cierto, que el independentismo ha salido reforzado al incrementar su porcentaje de votos y de representación. Muchos se fijan, y es cierto, que continúan con su discurso excluyente. Muchos se fijan, y es cierto, que siguen con una senda rupturista que dura ya una década. Muchos se fijan, y es cierto, que los independentistas, pretenden hacer creer que todo sigue igual, como si no se hubieran celebrado las elecciones.

Quieren las formaciones políticas independentistas, que han perdido las elecciones, pero se arrogan el derecho a seguir gobernando, que su Cataluña oficial, la de sus privilegios y desastres continúe. Se obstinan en estirar un tiempo y unas formas que ya son pasado.

Alguien se puede preguntar, ¿por qué son pasado? Pues la respuesta es fácil. Los ciudadanos, la Cataluña viva, la que poco a poco se va abriendo paso, ha decidió hace ya algún tiempo que no quieren perder otra década más, ni en lo político, ni en lo económico, ni en sus vidas, ni en la convivencia que día a día se ha ido rompiendo. Quieren volver a la Cataluña viva, dinámica y cosmopolita. Quieren un gobierno que se ocupe de su bienestar.

Esa Cataluña viva y plural, ha dado la victoria en las elecciones a los socialistas, encabezados por Salvador Illa. Esa Cataluña quiere un cambio, quiere pasar página y recuperarse de tanta confrontación. Con diálogo, pero sobre todo con un gobierno para todos los catalanes. Y para esa tarea, han decidido que la persona más capacitada es Salvador Illa, por mucho que los independentistas lo quieran obviar con vetos a su persona y su intento de gobierno independentista a la carrera.

Será ahora o más adelante porque hay que ser consciente de las dificultades, pero ese movimiento de cambio, que ha iniciado la Cataluña viva, ya no se puede parar. Hay motivos para la esperanza. El primero es que la Cataluña viva, la Cataluña de los ciudadanos ha comenzado a decir basta a una Cataluña Oficial que solo habla de ruptura con España mientras no se ocupa de las necesidades de los ciudadanos.

En este punto, hay que recordar lo obvio. Si el PSC es la fuerza política más votada y con más escaños junto a ERC, le corresponde intentar conseguir una mayoría para formar gobierno progresista. Y que cada formación política con representación en el parlamento catalán se pronuncie y vote, para que lo vean los ciudadanos.

Los independentistas se obstinan en estirar un tiempo y unas formas que ya son pasado. No quieren ver que los ciudadanos quieren convivencia y prosperidad y están hartos de confrontación y recortes. No quieren ver que los ciudadanos en un 66,8 por ciento creen que la situación general de Cataluña es ahora peor o mucho peor que hace tres años, y que la gestión del gobierno de la Generalitat ha sido un desastre para sus vidas.

El cambio ya ha llegado, y se llama dialogo, convivencia, y prosperidad. El cambio ya ha llegado y los catalanes quieren que lo encabece Salvador Illa.