Como si se tratara de una enorme mancha de plásticos diseminados por el océano, que todo lo ensucia y lo enturbia, así actúa el PP cada vez que negocia alguna cuestión.

Resulta sorprendente la gran habilidad que tienen los dirigentes del PP para ensuciarlo todo y salir airosos. Se mueven como pez en el agua entre los chismes, las mentiras, las verdades a medias, el “tú más”, creando siempre un ambiente corrosivo y asfixiante, y trasladando la responsabilidad al otro.

Eso es lo que está ocurriendo con la elección de los miembros del Tribunal Constitucional.

Después de estar años bloqueando la renovación e incumpliendo, por tanto, el mandato constitucional, pese a darse golpes en el pecho diciendo que “son los que más respetan la Constitución”, pero eso solo lo hacen si les resulta rentable y de interés partidista, ahora generan la polémica por la propuesta de sus magistrados, Enrique Arnaldo y Concepción Espejel.

Especialmente Enrique Arnaldo, que está levantando páginas y páginas mediáticas por sus actuaciones anteriores, sus artículos de prensa, sus incompatibilidades por los trabajos mantenidos en universidades públicas y privadas al mismo tiempo, y un largo etcétera. Pero todo eso queda en segundo lugar cuando se analizan sus vínculos políticos continuados con FAES y sus numerosas conexiones con Administraciones gobernadas por el PP.

Es evidente que toda persona tiene su propia ideología, su pasado y sus amistades, y a nadie se le pide que renuncie a ello. Nadie es neutral ni nadie pasa por la vida sin manchar el algodón. Pero las relaciones de Arnaldo con el PP no son solamente ideológicas, ni siquiera de tener amigos, sino que muestran vínculos tan estrechos que lo alejan de una posible independencia y la cierta objetividad que se necesita para no ser un “fiel servidor” del PP, sino un magistrado que actúe con su propio criterio e independencia jurídica.

Lo que se cuestiona de Enrique Arnaldo es mucho más grave: es un magistrado que se ha visto envuelto en casos de corrupción saliendo indemne por la esquina, de pura chiripa, pero sin la conciencia ni el expediente limpio.

Dos casos son los que llaman más la atención: la primera cuando declaró como imputado en el caso “Palma Arena”, porque fue acusado de ayudar a Jaume Matas a blanquear dinero. La segunda cuando los investigadores de la “operación Lezo” le grabaron hablando con el expresidente Ignacio González sobre los cambios en la Fiscalía General, para favorecer sus propios intereses y los del PP.

Sabemos bien cómo han terminado estos dos personajes del PP, Matas y González, y en medio de esos dos huracanes se encontraba Arnaldo, quien lo único que se atreve a decir hoy es que “él no tiene amigos”.

La imagen que muestra el PP con todo eso le da igual y también parece que le da igual a Arnaldo, que si fuera realmente una persona que se sonrojara por estas cuestiones, habría procedido de dos maneras: primero, a explicarse (cosa que no ha hecho, bien desde la soberbia o bien desde el menosprecio), y, en caso de que fuera insuficiente, plantear su no aceptación del cargo por el honor que debe mantener una institución como el Tribunal Constitucional. Eso está muy lejos de suceder, porque los intereses personales y partidistas están muy por encima del bien común que representa un Tribunal digno y fuera de toda sospecha.

Y uno puede preguntarse: ¿es que acaso el PP no tienen más nombres que ofrecer como candidatos? Seguramente sí, pero debe pagar los favores prestados.

Sin embargo, los problemas de conciencia se generan en la izquierda, donde algún diputado, como es el caso de Odón Elorza, habla desde su capacidad crítica y su lealtad. Aceptará lo que tenga que aceptar, por disciplina, pero bien está que la sociedad española sepa que no se hace de buen agrado. Y es que la píldora que el PP obliga a tragar para desbloquear una situación anticonstitucional es bien amarga.

Conozco a Odón desde hace muchísimos años. Siempre he sentido admiración y respeto por él. Por su manera crítica de razonar y su capacidad verbal elegante y educada para argumentar. Siempre ha sido lo que se llama “un verso suelto” con una lealtad inquebrantable hacia el PSOE.

En mi opinión, que no se equivoque el Secretario General del PSOE al analizar y juzgar comportamientos. Lo que hace que un partido como el PSOE sea fuerte son, en muchas ocasiones, las voces discordantes desde la lealtad, casi siempre incomprendidas y solitarias, pero que hacen que muchos militantes y ciudadanos progresistas vean que el PSOE es capaz de discernir entre lo que hay que hacer y lo que debería ser.

Una vez más, Odón Elorza nos reconcilia con la ética en la política.