Introducción

No está siendo tranquilo este año, se alumbró con una nueva enfermedad trasmisible que era una zoonosis vírica y que actuaba con gran virulencia: gran capacidad de transmisión y elevada mortalidad, sobre todo si se cumplían una serie de factores de riesgo (mayores de edad, enfermedades crónicas respiratorias, cardiacas o de otro tipo). Esta irrupción puso a prueba la estabilidad de los sistemas sanitarios, los que mejor han resistido han sido los sistemas públicos, pero se han evidenciado múltiples carencias que, una vez superada la crisis, deberán ser abordadas de forma prioritaria.

Sabemos que en la infancia la pandemia actúa con afecciones asintomáticas, subclínicas o leves en la gran mayoría de las ocasiones, sin embargo la capacidad de trasmisión es elevadísima con los infantes se transforman en reservorios y vectores del virus de gran relevancia. Por ello debemos resaltar la importancia de trasmitir a la infancia la estricta necesidad de cumplir con las normas fundamentales de tipo preventivo: el lavado de manos y la distancia física en las interacciones sociales.

Y en esto… llegó el confinamiento.

La novedad, el hecho de no acudir a clase, quedar en casa con los padres… Era sugerente. Pero el paso de los días, la monotonía, han evidenciado situaciones que merecen nuestra atención. El factor del tiempo trascurrido de confinamiento hace que aunque los niños y niñas, aparentemente, están bien es solo aparentemente, el confinamiento ha alterado su rutina de vida en todos los aspectos: familiares, sociales, educativos, relacionales, de juegos… Los últimos trabajos evidencian que, en algunas ocasiones, el confinamiento está teniendo y tendrá un impacto en la salud somática y en la salud emocional de la infancia. Ahora bien, la forma de expresión de este impacto emocional del confinamiento prolongado, será propia de cada etapa del desarrollo y de cada niño o niña en un contexto determinado, la expresión infantil debe ser considerada de forma sindrómica, independientemente del diagnóstico clínico concreto, con el objeto de disminuir el estigma.

Desde la perspectiva somática lo que más llama la atención es la posible tendencia a la obesidad, porque hay un sumatorio de dos factores: disminución de la actividad física y una cierta hiperfagia, sobre todo de chuches y alimentos procesados ricos en hidratos de carbono.

Desde la perspectiva emocional, las publicaciones relevantes han sido dos y destacan las formas de expresión del desasosiego y malestar afectivo-emocional de la infancia y adolescencia derivadas, fundamentalmente, del confinamiento, sobre todo en condiciones precarias (muchos miembros familiares y vivienda pequeña):

  • Expresión somática: Facilidad para descompensaciones de procesos crónicos (asma, diabetes…), quejas psicosomáticas diversas (dolores diversos: cefaleas, abdominalgias…).
  • Expresión comportamental: Tendencia a reacciones comportamentales desmesuradas y disruptivas o bien de aislamiento social y ensimismamiento, irritabilidad o indolencia, inquietud psicomotriz incrementada o apatía, oposicionismo y conductas regresivas (sobre todo de incontinencia esfinteriana).
  • Expresión emocional: Incremento de reacciones de ansiedad (miedo contagio, vivencia familiar de la pandemia, ideas obsesivoides en torno a la infección y la enfermedad), Alteración del sueño y de la alimentación (por hiper o por hipo), incremento de conductas adictivas sin sustancias (móvil, tablets) y alteraciones del humor y baja tolerancia a la frustración (llantos inmotivados, rabietas, aburrimiento)
  • Posibilidad de incremento de malos tratos, en cualesquiera de sus tipologías, sobre todo en circunstancias en las que ya existía factores de riesgo previo.
  • Reacciones de duelo disfuncionales (ingresos de familiares sin poder ir a verles, fallecimientos familiares o amistades familiares).

Todo ello se expresará en base a unos determinantes muy claros: el temperamento y el carácter previo de cada niño y niña y del tipo de relaciones e interacciones previas existentes en las familias, aderezado con la forma precisa en la que aparece la vivencia de la familia en torno al padecimiento de la enfermedad y de la vivencia del duelo en su caso.

Aquí es importante señalar el pronóstico para cuando el confinamiento finalice, si se introduce con cautela un periodo de desconfinamiento paulatino y controlado, entonces el impacto en el infante será mucho menor. Si, por el contrario, el confinamiento persiste en las actuales condiciones no va a resultar extraño que los niños, niñas y adolescentes se vean sometidos a una situación de estrés de larga duración, aunque sea de escaso nivel.

Este estrés crónico, incluido el de bajo perfil e intensidad pero mantenido en el tiempo, es el que tiene repercusiones de relieve para el conjunto de la infancia y la adolescencia, porque este tipo de estrés mantiene elevadas las tasas circulantes de cortisol que se transforma de mecanismo de alarma en tóxico para el SNC, con lo que ello comporta.

Afortunadamente, no todos los niños, niñas y adolescentes van a presentar problemas una vez que finalice el confinamiento. Pero también hemos de reconocer que, aunque sean un porcentaje pequeño que presenten algún tipo de dificultades, al proyectarse sobre el conjunto poblacional infanto-juvenil podrían ser un número importante el que pudiera ser subsidiario de una ayuda más específica.

¿Qué hacer?

La intervención más acorde con lo que acontece y menos costosa: actividades de tipo preventivo, sencillas, eficaces y posibles de realizar. Así lo puso de manifiesto el informe sobre ética en la infección por Covid19, elaborado específicamente por encargo de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad.

Durante el confinamiento planificar el día y hacer actividades diversas de acuerdo con los niños y las niñas es lo más eficaz. Y, sobre todo, que en el más breve espacio de tiempo se planifique el desconfinamiento de niños y niñas de forma controlada y progresiva, tal y como se ha propuesto en un informe técnico elaborado por encargo de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, contando con la participación de Sociedades científicas sobre salud, física y mental, infantil y asociaciones de infancia de la sociedad civil. Esta medida ha sido anunciada por el Presidente del Gobierno para el próximo día 27.04.2020.

Debemos apoyar a los niños, niñas y adolescentes pero, sobre todo, a sus familias para que tengan instrumentos para abordar el estrés, los miedos y las ansiedades, así como los posibles duelos que deban realizar.

De igual forma es prioritario trabajar con el sistema escolar para abordar el proceso de re-escolarización. Por fin, trabajar con los Pediatras de Atención Primaria es básico para dotarles de instrumentos útiles y fáciles para abordar, desde su privilegiado lugar en el sistema sanitario, las dificultades que vayan surgiendo y evaluar las dificultades de mayor entidad para derivarlos a una asistencia especializada de la forma más precoz posible.

En todos los casos precedentes no se ha de olvidar que la condición precisa pasa porque los niños y niñas podrán salir a la calle, pero acompañado de un adulto responsable, saliendo de uno en uno, lavarse las manos antes y después de la salida, no utilizar los juegos de los parques infantiles y mantener la distancia física con los demás niños y con las personas adultas, estas salidas serán por un tiempo delimitado, por las zonas comunes de una urbanización o a una distancia máxima de 1.000 m. del domicilio familiar. Los más mayorcitos podrán ir en bici o en patinetes no eléctricos.

Es importante no caer en el victimismo ni en el alarmismo de pronosticar procesos mentales o relacionales graves y relevantes, como el Síndrome de Estrés Postraumático (SEPT), que solo acontecerá en una muy pequeña proporción de niños y niñas.

La importancia de no magnificar los síntomas ni sobrediagnosticar el SEPT en la infancia es también un mecanismo de prevención, porque esta intervención profesional lo situamos en la prevención cuaternaria o prevención de la hiatrogenia.

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Bibliografía

Jiao, W.Y; Wang, L. N; Liu, J; Fang, S.F; Jiao, F. Y; Pettoello-Mantovani, M & Somekh, E (2020): Behavioral and Emotional Disorders in Children during the COVID-19 Epidemic. The Journal of Pediatrics. European Paediatric Association, 1-3. https://dio.org/10.1016/j,peds.2020.03.013

Pedreira, J.L. (2005): Habilidades de comunicación con el paciente pediátrico: Comprendiendo al niño enfermo. Madrid: Ed. Just in time.

Pedreira, J.L. (Coord.) (2020): Principios generales para la salida de niños, niñas y adolescentes a la calle desde el confinamiento por la infección por Covid19. Madrid: Ministerio de Sanidad (en fase de publicación).

Romero Casabona, C (Coord.) (2020): Informe del Ministerio de Sanidad sobre los aspectos éticos en situaciones de pandemia: El SARS.Cov-2. Disponible en: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/200403-INFORME_PANDEMIA-FINAL-MAQUETADO.pdf

Wang, G; Zhang, Y; Zhao, J; Zang, J & Jiang,F (2020): Mitigate the effects of home confinement on children during the COVID-19 outbreak. The Lancet, 04..3.2020. Disponible en: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30547-X

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J.L. Pedreira Massa es Psiquiatra y Psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. Psicopatología, Grado Criminología. Prof de Salud Pública, Grado Trabajo Social, UNED. Vocal Consejo Asesor Ministerio de Sanidad

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Fotografía: Carmen Barrrios