En Alemania, tras meses de huelgas y negociaciones, el sindicato IG Metall y la patronal Gesamtmetall firmaron, en 2018, un acuerdo que contempla reducir la jornada laboral a 28 horas semanales. El Convenio Colectivo de la Industria Metalúrgica y Electrónica, uno de los pioneros en la reducción de jornada, ha recuperado el debate acerca de la reducción del tiempo de trabajo y de la utilidad de los sindicatos, pues demostró que los sindicatos pueden tener un papel fundamental para dar respuesta a las demandas de los trabajadores y trabajadoras y en la defensa sus derechos.

En el actual contexto apenas se hablaba del reparto del trabajo, cuando parece que podría ser un instrumento apropiado para superar la segmentación y la dualidad laboral hoy existente, donde un sector de la población activa trabaja demasiadas horas, otro trabaja de forma involuntaria a tiempo parcial y en último lugar otro ni siquiera encuentra la oportunidad de un empleo.

Desde la crisis económica y financiera las políticas neoliberales han impuesto la desregulación de los derechos de los trabajadores, mediante contrarreformas laborales y sociales que han provocado una creciente precariedad laboral y una pérdida de peso de las rentas del trabajo. El proceso de recuperación económica está caracterizado por el fuerte aumento de las desigualdades y la pobreza laboral, fundamentalmente por la falta de políticas redistributivas de la riqueza. Las medidas laborales adoptadas en muchos países han estado orientadas a debilitar la negociación colectiva, en suprimir su capacidad protectora y reguladora de los derechos laborales y sociales, y a impedir que cumpla de forma eficaz su función en la redistribución de los incrementos de la productividad.

A esto se suma la excesiva duración de las jornadas laborales y su prolongación por la realización de las horas extraordinarias. Situación que perjudica claramente la generación de empleo, impidiendo la conciliación entre la vida laboral y la personal e incidiendo negativamente en los aspectos de salud y seguridad en los puestos de trabajo.

El desarrollo de la economía y el crecimiento de la productividad son fuente de prosperidad, pero requieren de políticas públicas orientadas a la redistribución de la riqueza y a la creación de empleo, junto a la mejora de las condiciones de vida y trabajo. El crecimiento económico, aunque actualmente está atravesando un periodo de ralentización, incide positivamente en la creación de empleo, pero se está constatando que en la Cuarta Revolución Industrial es cada vez más evidente que el crecimiento no es capaz de generar empleo suficiente, por las características de los procesos productivos actuales.

La reducción de la jornada laboral es un proceso histórico que se ha producido desde finales del siglo XIX. Si esta reivindicación no se hubiera impulsado con constancia y firmeza por el movimiento obrero, tanto el volumen de empleo actual como las posibilidades de creación de nuevos empleos serían hoy menores.

En Alemania los trabajadores y trabajadoras de diferentes sectores productivos han impulsado en la negociación colectiva la reivindicación de la reducción del tiempo de trabajo. Es de resaltar, por ser pionero en la negociación colectiva europea, el avance producido por el Convenio Colectivo de la Industria Metalúrgica y Electrónica, actividad que ocupa a 3,9 millones de trabajadores, y que establece una jornada de 28 horas semanales para la conciliación de la vida laboral y familiar.

En 2018 ante la buena situación económica en la industria, el sindicato del sector IG Metall, que organiza a 2,2 millones de afiliados, y es uno de los más grandes del mundo, fijó como grandes objetivos para la negociación ganar poder adquisitivo con un fuerte aumento salarial y la reducción de la jornada laboral. Con el fin de identificar las demandas de los trabajadores, en la preparación de las negociaciones el sindicato realizó una amplia encuesta entre los trabajadores en 2017.

En la industria metalúrgica de Alemania desde octubre de 1995 se aplica la jornada de 35 horas semanales, por eso tenían especial interés los resultados de la encuesta realizada entre los trabajadores afiliados y no afiliados, pues revelaron la importancia que los trabajadores daban a la necesidad de mejorar la regulación contractual de la jornada laboral e introducir la posibilidad de su reducción en base a sus necesidades personales y familiares. Con ello se ha dotado de una nueva dimensión a la flexibilidad laboral, rompiendo con la utilización unilateral que los empresarios han venido haciendo de la regulación flexible del tiempo de trabajo para mejorar la competitividad de las empresas, sin tener en cuenta la compatibilidad con las necesidades de conciliación laboral.

Ante la negativa de la patronal Gesamtmetall a atender estas demandas sindicales se desarrollaron diversas manifestaciones y huelgas de advertencia, en las que participaron 1,5 millones de trabajadores. Estas movilizaciones, secundadas masivamente por los trabajadores del sector, consiguieron desbloquear las negociaciones entre IG Metall y Gesamtmetall, alcanzando un acuerdo sobre los puntos siguientes:

  • De enero a marzo de 2018, una prima única que no se incluye en la masa salarial de 100 €.
  • A partir del 1 de abril de 2018, un aumento salarial del 4,3%.
  • Desde el 1 de julio de 2019, una prima anual de 400€ más el 27,5% del salario mensual.
  • En 2019, todos los asalariados pueden reducir su tiempo de trabajo semanal a 28 horas, para una duración máxima de 2 años, con reducción salarial prorrateada.

Con el acuerdo alcanzado en la industria metalúrgica se reconoce la capacidad del trabajador de autogestionar su jornada laboral. Se fija como criterio para su la utilización de estas medidas de reducción de jornada que no debe superar su uso por encima del 10% de la plantilla de la empresa. Los trabajadores que tengan cargas familiares o profesionales pueden transformar, a partir de 2019, el aumento salarial en 6 días libres en la forma de reducción del tiempo de trabajo hasta 28 horas semanales. El empresario paga la reducción de jornada con una bonificación de dos días libres adicionales. Este pacto colectivo estará en vigor hasta el 31 de marzo de 2020.

Con este acuerdo se produce una innovación social de gran relevancia: frente a las reducciones colectivas del tiempo de trabajo el convenio colectivo de la industria metalúrgica y electrónica establece la de la posibilidad de la reducción por la decisión individual. El sindicato del metal IG Metall consiguió un derecho individual a reducir durante un tiempo acordado la jornada de trabajo, junto con una compensación salarial parcial para ciertos grupos de empleados.

El acuerdo contempla para todos los empleados la posibilidad de reducir su jornada laboral a un máximo de 28 horas por semana durante un período máximo de dos años, estando garantizado el retorno a un puesto de trabajo con jornada completa. También se prevén medidas para los trabajadores que trabajen a turnos y para los empleados con responsabilidades familiares, hijos o familiares dependientes, que tienen la opción de elegir entre la retribución adicional anual correspondiente al 27,5% de un salario mensual u ocho días adicionales de descanso.

Las primeras evaluaciones realizadas por IG Metall del grado de aplicación de las nuevas medidas en 2018 muestran que la posibilidad de disponer de días libres adicionales ha recibido una amplia aceptación por parte de los trabajadores: cerca de 260.000 trabajadores presentaron la solicitud correspondiente, que fue aprobada en el 93% de los casos. Tienen especial interés en disponer de más días libres los trabajadores por turnos (170.000), así como los trabajadores con hijos a su cargo (55.000) o con familiares dependientes (17.000 empleados).

Este acuerdo no es un hecho aislado en la negociación colectiva de Alemania, también recogen medidas semejantes los convenios colectivos de los ferrocarriles, correos o a nivel de algunos Lander, como el de transporte de cercanías de Baviera.

Cuando muchas voces interesadas vienen cuestionando el papel y valor social de los sindicatos, este acuerdo demuestra con total contundencia que la innovación tecnológica debe estar acompañada por la innovación social. Sólo las políticas progresistas pueden impulsar la creación de empleo de calidad, potenciar la igualdad, gobernar la implantación de la economía digital y garantizar la sostenibilidad ambiental para prever y proteger los impactos sobre el futuro del empleo. Y lograr todos estos retos implica necesariamente reconocer el papel central de la negociación colectiva y de los sindicatos. En la actualidad los sindicatos son completamente necesarios para garantizar una transición justa.

La distribución social del trabajo se debe inscribir en un modelo económico y social justo y sostenible. Un modelo donde la iniciativa sindical, la de las empresas y la voluntad y capacidad de compromiso de las fuerzas políticas progresistas y de los poderes públicos deben ser motores de la transformación en la organización y duración del tiempo trabajo, capaz de incidir positivamente en la creación del empleo y la mejora de las condiciones de vida y trabajo.